Ruth Margarita Ramos Solís
Ha estado a la palestra pública en los últimos 26 días el caso Montealegre-Richardson. Me mueve a escribir las siguientes reflexiones, dado que es un mínimo ejemplo de lo que se vive en muchos hogares nicaragüenses.
Es llamativa la posición de ambos: padre y madre por su intransigencia en mantener o hacer prevalecer su posición por sobre la del otro, muy a pesar de las diferentes opiniones emitidas por diversas autoridades en los medios de comunicación invitando a ambas partes a llegar a acuerdos.
Las autoridades en Derechos de la niñez y de la mujer han consensuado en la necesidad de que la señora Richardson sea ex carcelada, más sin embargo estuvo 26 días en prisión, según manifiesta la Jueza Méndez por desacato a la orden judicial.
Yo me pregunto ¿es el hecho de que una madre no permita al padre, ver a su hijo un motivo de encarcelamiento? ¿representa ella un peligro para la sociedad? La verdad es que la señora Richardson permaneció presa durante 26 días y aún mantuvo su postura al no permitir que el padre se relacione con su hijo. Es esto: ¿capricho?, ¿soberbia? o según ella manifiesta sólo está tratando de proteger a su hijo de la violencia del padre.
Por otro lado el padre exige no se le viole su derecho a ver a su hijo, yo me pregunto nuevamente ¿es este sólo un padre víctima de una injusticia cometida por su ex mujer? o por el contrario según afirma la señora Richardson, es un hombre violento y abusivo que tiende a destruir a quienes se relacionan con él?
Se habla del interés superior del niño, de la necesidad de su integridad física y psicológica, de permitir su desarrollo integral, de vivir en paz y armonía; estos son los derechos a los cuales todo niño cualquiera sea su condición social deben ser respetados.
Sin embargo, el respeto exige de quien lo profesa ya sean individuos o sociedades en su conjunto cierto grado de madurez, educación y hasta cortesía que obviamente nuestras instituciones e individuos aún no hemos alcanzado.
Me llamó mucho la atención una de las respuestas de la Jueza Méndez a uno de los medios de comunicación al manifestar que el Procurador de la niñez no era un superior de ella y que él podía opinar que se había extralimitado en su postura de enviar a la señora Richardson a la cárcel.
Desde mi entender estamos ante una autoridad en Derechos en este país y más delicado aún defensor de los derechos de la niñez.
Se han puesto a pensar los involucrados jueces y abogados ¿qué siente un niño al tener a su madre encarcelada? ¿cuántas emociones y sentimientos dañinos afloran? Y no son debidamente tratados: rabia, ira, culpa, impotencia, frustración y cómo perjudican el desarrollo de la personalidad. Antes de tomar cualquier decisión este niño debió ser enviado a valoración psicológica, debió ser escuchado; es sorprendente lo que los niños tienen que decir y en algunos casos pueden ayudar a solucionar los conflictos intra-familiares, muy a pesar de cualquier presión o manipulación ejercida por cualquiera de las partes (padre y madre); ambos adversarios en una guerra en la cual el niño se encuentra en el centro, blanco certero de cualquiera de los ataques realizados.
Cuando a un niño se le brinda un clima de confianza y afecto este siempre habla y manifiesta lo que realmente siente y le inquieta y estas opiniones y emociones son válidas y deben ser tomadas en cuenta por los progenitores; no quiere decir con esto que el niño es quien debe tomar decisiones por los padres pues no tiene aún la capacidad emocional ni intelectual para hacerlo, son sus padres quien se supone la tienen.
Es pues una cuestión de respeto a sus derechos el saber escuchar no sólo a Cristhopher sino también a todos los otros de los que no conocemos.
* La autora es psicóloga.