Carlos García: “Nunca lo cité aquella noche”

Carlos García asegura que la noche que mataron a Bermúdez él tenía una cita en el Intercontinental con Wilfredo Calviño y con Ronald Martínez, un miembro de la Federación de Béisbol.

El 16 de febrero de 1991 en el Lobby del Hotel Intercontinental Managua había pocas personas a las 8 de la noche. Cerca del ascensor, Carlos García Solórzano, Ministro de Deportes, hablaba con Wilfredo Calviño, un scout de Grandes Ligas que había dirigido béisbol profesional en Nicaragua en 1975. La plática se interrumpió con la presencia de una tercera persona.

–¡Ideay cojudo! ¿Qué andás haciendo por aquí hombre?– le dijo García, mientras lo saludaba con un fuerte apretón de manos que luego se convirtió en un abrazo fraterno y unas palmaditas en la espalda. Después de un breve diálogo, García presentó al recién llegado:

–Enrique Bermúdez, para servirle–, le dijo a Calviño el hombre a quien García llamó amigablemente “cojudo”.

Esa fue una de las últimas personas a quien probablemente Bermúdez conoció en su vida. Aproximadamente hora y media después de esa presentación, el otrora jefe de las Fuerzas Democráticas de Nicaragua (FDN), caía abatido de dos balazos en la cabeza por alguien cuya identidad hasta la fecha sigue siendo un misterio.

Luego de la muerte de Bermúdez, surgió una avalancha de hipótesis y rumores sobre el crimen. Uno de ellos, que sonó muy fuerte, fue que a Bermúdez lo citó Carlos García al Hotel Intercontinental. García, a diez años de aquel último saludo con “3-80”, niega ser el autor de esa llamada.

“No tenía por qué llamarlo. Es más, ni siquiera sabía que estaba en el país”, dice García, quien se considera el último gran amigo de Bermúdez, con quien se graduó como oficial en la Academia Militar de Nicaragua en 1952 y por quien cayó preso cuatro años a inicios de la Revolución Sandinista. García tenía el número 3-58, y Bermúdez el 3-80. Se graduaron como teniente primero.

Una cita con la muerte

Carlos García asegura que la noche que mataron a Bermúdez él tenía una cita en el Intercontinental con Wilfredo Calviño y con Ronald Martínez, un miembro de la Federación de Béisbol.

“Me sorprendió verlo ahí (a Bermúdez). Me saludó y me contó que tenía que verse con una gente. Después siguió para dentro del hotel, buscando siempre a la tal gente que nunca dijo quiénes eran”, cuenta García.

“Bermúdez venía del lado del Salón La Cita y después de saludarnos cogió para el Salón Rubén Darío. Al rato, ya aburrido de buscar a alguien, se regresó a La Cita a platicar con nosotros”, recuerda García.

Ahí se encontró con una gente de la Alcaldía de Managua, entre ellos Roberto Cedeño, y un cubano llamado Pedro Reboredo, entonces alcalde de la ciudad de Miami West.

“Estábamos ahí sentados, cuando nuevamente se apareció Enrique. Reboredo lo invitó a charlar un rato con él y se tomó dos cervezas”, cuenta García quien alega que nunca se estableció que Bermúdez, quien se marchó aproximadamente a las nueve y media, haya llegado esa noche porque lo llamó alguien. “Nunca lo llamé, no tenía por qué llamarlo”.

Según García ese rumor de la llamada fue inventado por alguien de Miami que quería involucrarlo con el general del Ejército, Humberto Ortega Saavedra.

“Parece que querían involucrar a Humberto Ortega como asesino de Bermúdez, pero poniéndome a mí como cómplice. Nunca se comprobó esa tal llamada, ni tenía por qué llamarlo. Es más, antes que viniera le advertí que no anduviera solo, que las cosas en Nicaragua todavía estaban peligrosas. El me dijo que no pensaba así, y que había venido porque quería vender unos terrenos para traer a su esposa y ponerle una venta de granos básicos”, relata García, quien dice que el último recuerdo de aquella noche fue ver un cuerpo tirado en el parqueo, pero sin que nadie se le acercara, como comúnmente sucede en Nicaragua cuando hay sucesos extraordinarios.

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