Vivan su amor sin remordimientos

Estimada Psicóloga: Antes que nada quiero felicitarla por brindar tan buenos consejos a nosotros los jóvenes. Tengo casi 20 años y desde hace tres años y medio estoy jalando con el mismo muchacho. El es un muy maduro a pesar de tener solamente 21 años. Somos una pareja muy feliz. Ambos nos llevamos bien con […]

Estimada Psicóloga: Antes que nada quiero felicitarla por brindar tan buenos consejos a nosotros los jóvenes.

Tengo casi 20 años y desde hace tres años y medio estoy jalando con el mismo muchacho. El es un muy maduro a pesar de tener solamente 21 años. Somos una pareja muy feliz.

Ambos nos llevamos bien con nuestras familias, (él con la mía y yo con la de él), y gustamos de nuestros amigos. Pasamos mucho tiempo juntos y la verdad es que lo disfrutamos al máximo.

Desde hace ocho meses ambos hemos empezado a darnos caricias más fuertes, tanto así que hemos estado a punto de hacer el amor, pero siempre hay algo que me detiene.

Definitivamente que no es falta de amor, quizás esta actitud mía se deba a la manera en que fui educada. Vengo de una familia tradicionalista y siempre asistí a colegios de monjas, donde te inculcan la idea de “llegar virgen al matrimonio”.

No me atrevo a tener relaciones con él, aunque en realidad sí siento que es la persona ideal, pues no sólo me ama sino que me valora, apoya y respeta por sobre todas las cosas. Ambos hemos conversado sobre tener relaciones o no y él dice que no quiere forzar las cosas. Que él solamente quiere que sea feliz y que está dispuesto a esperarme hasta que me sienta lista. Y que el hecho que tengamos relaciones o no, jamás perjudicará nuestro noviazgo.

Agradeceré muchísimo su consejo.

Respuesta: Gustar de otra persona, sentirnos bien con él (ella), desear su cercanía o contacto físico, es el natural llamado de los sentidos que se da por igual en ambos sexos. La sociedad en algún momento es la que se ha encargado de concederle los permisos para resolver esta situación al género masculino y a las mujeres nos ha negado el derecho a desear, a conocer y a sentir.

Tu relación tiene todos los ingredientes necesarios para que cualquier mujer se sienta estimulada, relajada, deseada y amada, por esto es natural que con todo lo que tenés y vivís con tu pareja sintás el deseo de pasar a otro nivel. No debes de sentirte mal por sentir lo que experimentás, al contrario, eso te indica que estás viva, que sos capaz de entregarte.

Tus miedos pueden tener su origen en ese aprendizaje que nos han inculcado, en esos mensajes que nos dicen “no sintás para que no pequés”, donde hemos aprendido a sentirnos culpables por experimentar en nuestro cuerpo sensaciones que nos hacen vibrar y nos hacen sentir plenas y donde se nos niega el derecho a decidir en libertad si estamos listas para tener relaciones sexuales o no.

Debés revisar objetiva y racionalmente si tus temores se fundamentan en lo arriba descrito o aún no es el momento y no estás preparada. Sé honesta y planteátelo vos misma, hacé tus propias conclusiones y tomá tus propias decisiones.

Ahora ya creciste, en este momento sos libre de cuestionar si lo que te dijeron y aprendiste tiene algo que ver con la realidad, ya debés de ser capaz de comprobar con madurez la diferencia entre la verdad y el error, la ilusión y lo correcto, lo romántico y lo real. Para que dueña de vos misma respetés tus elecciones y decisiones y asumás sin miedo a los riesgos que ser autónoma supone.

Luego de hacer tu propia reflexión recuerdá, tener relaciones sexuales es una decisión que involucra a dos y merece mucha responsabilidad por las consecuencias que de éstas pueden devenir.

Los únicos interesados en saber si están listos o no, son vos y tu novio; háblenlo, sean claros y dependiendo de las conclusiones a las que lleguen, asúmanlas con seriedad, responsabilidad y respeto, pero principalmente encárguense de que cualquiera que ésta sea la disfruten sin culpas ni remordimientos. Vos lo amás y él te ha demostrado que te ama, lo demás deben decidirlo sólo ustedes dos.

Lic. Karla Olivares Pérez,

Psicóloga Integral.