Somocismo rojinegro

Parece que el somocismo le ha perdido el temor a la historia y al electorado nicaragüense, creyendo que con sólo cambiar el color de su divisa tradicional, ese pueblo que sufrió en carne propia sus desmanes, la corrupción de sus dirigentes, que de humildes obreros se volvieron millonarios, que llenaron las cárceles de opositores políticos […]

Parece que el somocismo le ha perdido el temor a la historia y al electorado nicaragüense, creyendo que con sólo cambiar el color de su divisa tradicional, ese pueblo que sufrió en carne propia sus desmanes, la corrupción de sus dirigentes, que de humildes obreros se volvieron millonarios, que llenaron las cárceles de opositores políticos y agrandaron los tradicionales cementerios para dar cupo suficiente a los cadáveres que regresaban de los frentes de batalla o de las cámaras de tortura.

La divisa rojinegra operará el milagro y san Daniel será el emblema de la lucha partidaria que se avecina. Sus lugartenientes, uno de ellos, es el jefe de Seguridad del Estado, un comandante que responde al nombre de Tomás, no el famoso apóstol que dudó sobre la resurrección de Cristo, y que más tarde llegó al sacrificio por su fe, sino un comandante de baja estatura, y férrea voluntad, que más de una vez fue señalado como violador de los derechos humanos.

Las prácticas somocistas de aproximadamente medio siglo no fueron diferentes a las de la agrupación rojinegra que mandó al exilio a los dirigentes del primer grupo, pero ocupando su lugar se dedicó a realizar viejas conductas que censuraba en sus manifiestos opositores, y una vez llegado al poder consideró que esa era la mejor disciplina para regir a la Patria, por la cual se sacrificó Sandino.

El somocismo rojinegro aspira nuevamente al poder, usando una alta propaganda con recursos que eran del país y que, sus dirigentes, lograron llevar a sus cuentas privadas, y que ahora asoman su cabeza por medio de carteles titulados: Daniel, Presidente.

Víctor Daniel Quijano Orozco.