- El ex púgil Reinaldo Lacayo, es un verdadero paradigma de deportista y profesional que ha triunfado en la vida
Hijalmar Padilla [email protected]
Protagonizaba hasta cuatro peleas a la semana porque la “mancha brava” que se mantenía de la Ceibita una cuadra abajo, en Monseñor Lezcano, lo tenían de encargo.
“Me metí al boxeo por defensa personal. Ya estaba aburrido de pelear y de salir apaleado. Siempre perdía”, dice Mario Reinaldo Lacayo, uno de los boxeadores más prominentes de la década de los años 80 en Nicaragua.
Subcampeón Centroamericano y del Caribe en 1983 y 1984, cayendo en las dos finales ante el cubano Candelario Duvergel, Reinaldo Lacayo ha sido un triunfador en la vida dentro y fuera del ring.
“Aprendí de mi mamá Consuelo Lacayo (q.e.p.d.) que si uno no estudia no llega a ser nada ni nadie en la vida”, sostiene.
De aquel joven que entre 1982 y 1987 conquistó cinco coronas nacionales seguidas en el peso pluma y welter, que ganó dos títulos centroamericanos y dos medallas de plata en el ámbito centroamericano y del Caribe, se erige un verdadero ejemplo de sacrificio y superación.
Lacayo en la actualidad posee los títulos universitarios de Ingeniero Agrícola y Mecánico con un postgrado en fluido mecánico.
“Siempre que visito un gimnasio, cuando vengo a mi país, lo primero que aconsejo a los nuevos boxeadores es que estudien. Que el boxeo no es para toda la vida, que saber algo si queda como ganancia para el resto de los días”, señala.
DESDE ABAJO
Reinaldo Lacayo no puede ocultar los beneficios del deporte.
“El boxeo me ayudó a fortalecer mi mente, a tener una mentalidad ganadora”, reconoce.
Efectivamente, para 1979, cuando se inclinó por el pugilismo, empujado más que todo por defenderse de los más grandes y pendencieros de su barrio, Lacayo no tenía para pagarse un gimnasio.
“En primer lugar a mi mamá no le gustaba el boxeo y además no tenía los 15 pesos que valían las clases con el ‘Ratón’ Mojica. Tuve que vender periódicos para pagarme mis dos primeros meses de entrenamiento y aprendizaje”, recuerda.
Este púgil en total resumió aproximadamente 70 combates antes de dedicarse por completo a sus estudios y después viajar en 1990 a Estados Unidos, donde ahora en San Francisco reside con su esposa Amy Colt y su pequeña hijita Reina de tres años de edad. Un segundo hijo con Amy se encuentra por venir al Mundo.
Con dos medallas de bronce en el Torneo Internacional “Paquito Espinoza” y ganador de varias reyertas en los exigentes “Córdova Cardin” de Cuba uno de los mejores momentos de Lacayo lo vivió cuando tiró al piso al reputado boxeador, el antillano Candelario Duvergel.
“No sé porque no lo noqueé de viaje. Si le abrí una gran herida en la cara. Parecía una zanja de INAA. Me confié y dejé que se repusiera. El árbitro también lo protegió dilatando en el conteo”, expresa al recordar el momento en el que pudo igualar una hazaña de conquistar medalla de oro solamente lograda en 1984 por el gallo, Gustavo Herrera.
UNA VIDA DE LUCHA Y ESTUDIO
En 1988 Reinaldo Lacayo llevó lo que todo padre o madre desea exhibir de sus hijos en las paredes de su casa, un título universitario, como ingeniero agrícola.
Sin embargo, aparte de conformarse con ese logro por el contrario su ambición por saber más creció gigantescamente.
Y tanto que por su excelente dominio de las matemáticas y la física obtuvo una beca en la Universidad de Stanford, en la que coronó la ingeniería mecánica y además sacó un postgrado en Fluido Mecánico.
“No se necesita ser un genio para aprender alguna profesión en esta vida. Por ejemplo, yo nunca me he matado estudiando. Por el contrario soy un estudiante finalista, pero que se concentra en los momentos de exigencia”, indica.
“Combinar el estudio con el deporte era difícil. Recuerdo que cursaba la secundaria cuando me tocaba correr como caballo desde las 4:00 de la mañana. En el boxeo hay que correr mucho para alcanzar buenas condiciones físicas. Lo mismo se debe hacer con el estudio, dedicarle buen tiempo”, explica.
Reinaldo Lacayo es un espejo en los que muchos se deben mirar. Sobre la base de una autoexigencia y dedicación admirable ha logrado todo lo que se propone en la vida.
En Estados Unidos, es propietario de la Empresa Lacayo-Colt Plumbing y Heating, especializada en diseño e instalación de tuberías y sistemas de aire acondicionado.
“Todo lo aprendí aprovechando una beca en la Universidad de Stanford, en la que consumí 121 unidades de clase. Siempre le he echado ganas al estudio. Gracias a Dios también tengo buena memoria”, sostiene.
Aún cuando su mamá Consuelo, fallecida en 1997, no pudo compartir los buenos momentos que atraviesa, Reinaldo se siente satisfecho por sus constantes triunfos.
“Vine a legalizar esta casa que es de mi hermana Ángela. En San Francisco tengo otra propia valorada en un buen precio. También tengo planes de comprar una en San Juan del Sur”, revela.
Al personaje que nos ocupa le va bien en Estados Unidos obteniendo llamativas ganancias económicas por obra de su preparación académica, la que quedó bien plasmada en la Universidad de Stadford, donde de 5,000 aspirantes terminó entre los únicos 15 beneficiados por una beca.
“Bueno, mi mamá creo que llegó hasta el tercer grado. No tenía mucho intelecto, pero siempre me ayudó a tener conciencia sobre la importancia que tienen los estudios”, asegura Lacayo.
¿Un consejo?-, le preguntamos.
“Que el gobierno apoye al deporte. Respaldando al deporte se apoya a la seguridad ciudadana, se apoya a la salud y la educación”.
PERFIL
Nombre: Mario Reinaldo Lacayo.
Edad: 35 años.
Ocupación: Ingeniero Mecánico.
Hobby: Correr diario.
Personajes: Miguel Induráin.
Aspiración: Crecer cada día como persona.
