Edgard Tijerino [email protected]
Solamente el paso del tiempo que no perdona, pudo detener a Walberto López… Él fue, durante el cierre de los 50, toda la década de los 60 y el inicio de los 70, una mezcla de Doc Holliday con Jesse James y Wyatt Earp para nosotros… Es decir, el mejor “pistolero” pinolero de todos los tiempos, sin pretender quitarle una pulgada de reconocimiento al formidable Oscar Molina.
Enfrentarse a Walberto, no sólo aquí en casa, sino también en el concierto Centroamericano y un poco más allá, equivalía a adquirir un pasaporte al infierno… Fue 16 veces Campeón Nacional y durante 14 años, sólo sufrió una derrota ante Sergio Rubí en una fase de torneo individual… ¿Pueden atreverse a valorar esa clase de dominio?
Aquel Gimnasio del Ramírez Goyena, el primero con tabloncillo, con más de mil personas adentro pagando 10 córdobas en el “ombligo” de los años 60, lo vio vencer al Ex Campeón Mundial Richard Bergman, de Inglaterra… El público no salía del asombro después de ver a Walberto trazar una geometría criminal sobre la mesa, sacando “de contexto” a Bergman, uno de los mejores jugadores defensivos del planeta… Salíamos de una fantasía para ingresar a otra en forma vertiginosa, como si estuviéramos viajando en el vagón de una montaña rusa.
Un auténtico gato en la mesa, capaz de llegarle a pelotas imposibles y devolverlas con un alto grado de dificultad, contra-atacador oportunisimo, con un golpe de revés tan poderoso como preciso y por supuesto incontrolable consecuencia de su peculiar agarre de la raqueta, y un desconcertante remate de derecha que nunca se sabía hacia donde se dirigía, Walberto fue rankeado dos veces entre los 30 mejores jugadores del torneo Afro-Asiático-Americano según consta en sus archivos.
Siempre compró sus raquetas, y sus pelotas, y sus zapatos… Nunca se quejó convirtiendo el ping pong en su gran pasión… Con una raqueta sencilla marca “Alpha” que sólo costaba 11 córdobas donde Cross, derrotó a todos los Campeones de Centroamérica, armados con las modernas “sándwich” que facilitan efectos desde el saque y aseguran bloqueos espectaculares, en el local del Club de Obreros.
Bergman lo invitó para que lo acompañara a una gira de exhibiciones por Europa junto con el coreano Lee Dal Joon… Los que no pudieron verlo en acción, no tienen idea de lo que se perdieron… Qué pena amigos. Yo pude verlo.
Era orgulloso en defensa de su reputación, se jactaba de su superioridad, pero tuvo la humildad para jugar con cualquiera y estar presto a dar consejos si se los solicitaban… No le importaba perder el tiempo incluso entrenando conmigo… Lo hacía diario, en ese baño sauna que era el local de la Federación en uno de los rincones del Estadio Nacional.
SIN ENTRENADOR
– Nunca tuvo entrenador… ¿Se imaginan ese factor adverso?… Todo su aprendizaje y correcciones se basó en ese agudo sentido de la observación cultivado aprovechando su inteligencia… Sus ojos que parecían agrandarse en “fuego de la batalla”, nunca estaban quietos… Eso le permitía disponer de un sentido tridimensional para descubrir y anticipar los posibles movimientos del contrincante, captar los puntos hacia donde enviar sus balazos y hacer reparaciones sobre su mecánica de ejecución.
– Un jugador para cualquier época, sencillamente asombroso, eso fue Walberto López, un legítimo miembro del Salón de la Fama y “El pistolero” del siglo XX en nuestro ping pong.
