Julio Hernández
Respecto al artículo de don Mario Alfaro Alvarado publicado en LA PRENSA del 6 de abril de 2001 (“Mejor es la cautela que el enfrentamiento”), pienso que la historia de nuestra política debe explicarse claramente a la juventud, porque es más verbal que escrita.
Desde el año 1944 la juventud universitaria nicaragüense y el pueblo en general se levantaron contra Somoza García por sus pretensiones reeleccionistas, y la presión tanto nacional como internacional lo obligó a no presentarse como candidato para el nuevo período que se avecinaba. Varios líderes liberales aspiraban la presidencia (de la República) y ante la sorpresa de todos, salió electo candidato en la Convención (liberal) de León el doctor Leonardo Argüello. Para oponerse a los liberales que controlaban el poder, por primera vez los conservadores actuaron con inteligencia y solicitaron al doctor Enoc Aguado, destacado líder liberal opositor a Somoza, que encabezara la casilla verde. Sólo había dos opciones: La roja y la verde.
El pueblo se volcó a las mesas electorales y eligió a Aguado. El Tribunal Electoral en ese entonces estaba presidido por el doctor Modesto Salmerón, caraceño, íntimo amigo de Somoza. A esto se agregó el poder de la domesticada Guardia Nacional y del Congreso Nacional elegido “dedocráticamente” por Somoza. Fue el terreno fértil para el fraude con el cambio de las cifras que llevó a don Leonardo Argüello a la silla presidencial por 26 días, ya que como bien dijo don Mario Alfaro (en el artículo mencionado): “El Presidente Argüello provocó a la fiera en su propio cubil”. El golpe de Estado fue la solución para Somoza.
No podemos comparar aquellos tiempos con los que vivimos actualmente. El doctor Alemán no tiene el poder que ostentaba Somoza ni se nos ocurre comparar al ingeniero Bolaños con el ingenuo doctor Argüello.
Es positivo en su artículo don Mario Alfaro al decir que “don Enrique no es hombre de dos caras, es recto y sincero”. Yo agregaría que es democrático, creativo, hábil en la ciencia política y generoso, sobre todo con la clase social menos pudiente, que necesita apoyo para tener un mejor nivel de vida.
El actual partido liberal tampoco es como el de antes, es un organismo dinámico, democrático y bien organizado administrativamente, en una corriente de pensamiento que tiende a unificar al partido y a proyectarlo en lo urbano y lo rural, convirtiéndolo en una fuerza triunfadora con el sufragio universal participativo. No hay indecisiones ni dudas en los programas creados para el pueblo nicaragüense que se darán a conocer en la campaña, que ojalá lleve a la Presidencia de la República al Ingeniero Enrique Bolaños, esperanza contra el totalitarismo.
Estoy seguro que el voto del pueblo nicaragüense va por las vías de la democracia triunfadora, que es el gobierno de todos y para todos.