Guillaume Bonnet (AFP)
PARIS.- Fue la aparición el 28 de mayo de 1961 de un artículo de un célebre abogado inglés en el semanario británico The Observer, que dio lugar al nacimiento de Amnistía Internacional, la cual en cuarenta años se ha convertido en la organización de defensa de los derechos humanos más famosa del mundo.
El abogado Peter Benenson, de treinta y nueve años, estrella rutilante de los tribunales británicos y especialista en procesos políticos en la escena internacional, se indignó por la historia de dos estudiantes portugueses encarcelados por haber brindado por la libertad.
Portugal vivía entonces bajo la dictadura de Salazar, y España bajo la de Franco. La guerra fría dividía el mundo en dos bloques y África luchaba todavía por liberarse del yugo colonial.
En vez de consagrarse a Portugal, Peter Benenson imaginó una acción más amplia. Lanzó una campaña de sensibilización e invitó a la opinión pública a bombardear de cartas a los gobiernos acusados de maltratar a los presos políticos y religiosos.
Su artículo en The Observer se tituló “Los prisioneros olvidados”, y estaba ilustrado con fotos de seis presos de Angola, Estados Unidos, Grecia, Hungría, Rumania y Checoslovaquia, quienes tenían en común haber sido encarcelados por “disidencia” de opinión. El abogado lanzó un “llamamiento a la amnistía”. Había nacido Amnistía Internacional.
Una joven artista inglesa, Diana Redhouse, diseña el logo, que fue una vela rodeada de alambre de púas.
Enseguida llegan las ofertas de ayuda y se confía a cada militante la misión de adoptar a tres prisioneros, uno del bloque comunista, uno de occidente y uno del tercer mundo. La neutralidad del movimiento es primordial.
Después de un año de existencia, Amnistía Internacional tenía a su cargo a doscientos diez prisioneros. Una regla sacrosanta guía a todos sus miembros: los “adoptados” no deben haber empleado la violencia ni haberla preconizado.
En cuarenta años, Amnistía Internacional, recompensada con el Premio Nobel de la Paz en 1977, afirma haberse movilizado en más de cuarenta y cinco mil casos y de haber respondido a cerca de diecisiete mil llamadas urgentes en favor de personas “en peligro”.
Pero la pena de muerte, las torturas, las desapariciones y los procesos injustos siguen presentes en todo el planeta, por lo que el millón de militantes de Amnistía Internacional tiene todavía muchas cartas por escribir.
PRISIONEROS CELEBRES
Al cabo de los años, la lista de presos —y de liberados— se amplía. Entre ellos, hay una multitud de anónimos pero también abundan los prisioneros célebres, como el ruso Andrei Sajarov, el dramaturgo checoslovaco y futuro Presidente checo Vaclav Havel, el pianista argentino Miguel Angel Estrella, la demócrata birmana Aung Saan Suu Kyi. El prisionero político más famoso, el sudafricano Nelson Mandela, siempre fue defendido por Amnistía Internacional, pero nunca adoptado, porque promovió la violencia como acción política.