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Le dicen el “Senador”, y algunos hasta se atreven a llamarle “dios” en el Empalme de Boaco. Es Jake Scheideman, un estadounidense que se ha convertido en todo un personaje en esta pintoresca localidad rural nicaragüense por su alto humanismo hacia los más desposeídos.
Nacido en California, Scheideman no parece haber dejado su ombligo allá; más bien causa la impresión de ser un pinolero de pura cepa por su especial manera de emprender proyectos sociales con una convicción que a veces en ese sentido no la tiene ni el verdadero nica.
Llegó a Nicaragua en febrero de 1991, mientras realizaba por diferentes medios una gira por varios países de Centroamérica.
Desde entonces no ha dejado de pisar tierra nica, en medio de sus compromisos familiares y con su empresa, una próspera tienda especializada en la venta de artículos para ciclismo en Santa Helena, al norte de California.
“En realidad, estoy involucrado en otros países, Guatemala y Honduras, pero Nicaragua y el Empalme de Boaco se han robado mi corazón. Creo que es el pueblo quien hace la diferencia y mi amor por el béisbol”, dijo Scheideman durante una entrevista realizada en inglés por correo electrónico.
Scheideman es protagonista de titánicas tareas sociales en el Valle de Teustepe, especialmente en el Empalme de Boaco, donde edifica su obra cumbre: un estadio de béisbol.
A FONDO CON JAKE SCHEIDEMAN
¿Qué despertó esa pasión por Nicaragua?
“Llegué en 1991 para reunirme con la gente y jugar béisbol. Me encontré con Jorge Tinoco ese año. Él y su familia tuvieron un gran impacto en mi vida. Me llevaron a su casa y me trataron como su familia. Quise devolverles el cariño y regresar donde sabía que podía. No planee construir un campo de béisbol, pero fue algo que pude intentar hacer”.
¿Cómo se produjo su llegada al país?
“Inicié mi viaje en Belice, en bicicleta. En la época cuando llegué a Nicaragua lo hice a pie y en bus. El viaje total a Centroamérica me consumió unos ocho meses”.
¿Qué le ocurrió durante la travesía?
“Me enfermé un par de veces. En realidad, desde el primer día estaba bien enfermo cuando llegué al Empalme de Boaco. Me había comenzado en Matagalpa”.
¿Cuánto tiempo se quedó?
“Solamente dos o tres días”.
¿Le gustó el lugar?
“Me enamoré de la familia y les prometí regresar”.
¿Qué comentarios le ameritan el sitio?
“El Empalme de Boaco es un pequeño pueblo sucio. ¡No tiene nada! No hay nada para los niños ni para los adultos. Es una comunidad muy pobre con muy poca industria. Pero la gente es maravillosa, muy amable conmigo. Todos me saludan y me siento querido por los vendedores de las calles. Trato de hacer de ese pueblito, un mejor lugar, del que se sientan orgullosos”.
¿Cómo ha obtenido ayuda para su obra?
“El dinero inicial era mío. Estaba solo en el proyecto, pero le escribí a mis amigos, familiares, hombres de negocios para que me ayudaran con mi ‘sueño’. Al principio era duro, pero ahora que pueden ver lo que estoy haciendo, están más anuentes a ayudar. He tenido contribuciones monetarias de 25 dólares hasta 3,000. Es más fácil demostrarle a la gente los resultados en lugar de una idea. Todavía es un gran desafío recaudar el dinero necesario en Estados Unidos. Quizás los milagros presenciados en este proyecto han hecho que sea un éxito”.
¿Una dura lucha?
“Ha habido muchas veces en las cuales he querido rendirme. Ha sido tan difícil superar los obstáculos, pero soy muy testarudo y no paro de intentarlo”.
¿Quiénes lo han apoyado?
“He hecho muy buenos amigos en Nicaragua, quienes me han ayudado a realizar este proyecto. Tanto Luis Castillo de CICSA como los voluntarios del Cuerpo de Paz lo han hecho una realidad. Sin su apoyo, no hubiera podido lograrlo”.
¿Cómo balancea sus obligaciones en Estados Unidos y el proyecto en Boaco?
“Tengo buenos empleados que me ayudan con mi meta en Nicaragua”.
¿Con qué frecuencia visita el país?
“Siempre que puedo. Normalmente cada dos meses. Es un trabajo sin descanso cuando estoy por Nicaragua”.
¿Qué tipo de comunicación y respaldo ha tenido de las Grandes Ligas?
“Soy muy afortunado por ser amigo personal del propietario de los Gigantes de San Francisco, Peter Magowan. Él y su esposa han contribuido con este proyecto y él continúa animándome. Peter me presentó a Marvin Benard”.
¿Apoyo de Benard y otros big leaguers?
“Marvin me ha ayudado mucho. Él está comprometido con otros planes, por eso su compromiso financiero no es tan grande como su interés en el proyecto”.
¿La reacción de su familia frente a su actitud de ayudar a Nicaragua?
“Llevo conmigo a mi hija Amanda, de cuatro años, siempre que puedo a Nicaragua, y a mis padres en diferentes ocasiones. Ellos se sienten como parte de la ‘familia’ en el Empalme de Boaco. Me apoyan mucho y se sienten orgullosos del proyecto”.
¿Sus verdaderas aspiraciones?
“Completar este campo, la grama, las paredes, etc. No obstante, ahora mismo, no sé cómo continuar, sembrar la grama y conseguir la capa arable para el campo. Pese a ello, mis expectativas son en poco tiempo tener el estadio de béisbol para el Valle de Teustepe, que exista un lugar de diversión para amigos y familiares. Esto cambiará al pueblo del Empalme de Boaco para siempre. Será un mejor lugar para vivir”.
¿Seguirá visitando Nicaragua, una vez concluida su obra?
“¡Oh, claro! ‘Mi familia’ está allá. Probablemente ya no lo haga cada dos meses. Pero me encanta el lugar. Encontraré otro proyecto que me mantenga feliz”.
¿Cuánto se ha invertido?
“Tenía un presupuesto de casi US$15,000 cuando comencé. El último que arqueé fue por más de US$50,000”.
¿Realizado?
“Estoy orgulloso de lo que he logrado en Nicaragua. Todo es difícil allá: la comunicación, los malos entendidos culturales, la puntualidad, etc. Pero hemos trabajado muy duro para lograrlo. Nunca pensé que lo podía hacer, y se ha hecho solamente por los milagros diarios y la gente maravillosa de ese lugar”.
¿Su más preciado sueño?
“Hacer una diferencia en las vidas de la gente con quien estoy. Trato de que sonrían. Si un campo de béisbol hace sonreír a la gente, entonces, mi sueño es una realidad”.
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