Tatiana Rothschuh A. [email protected]
La anciana abraza a sus tres “pipitos”. Ella no los trajo al mundo, pero como abuela, lo peor sería abandonar a esas criaturas discapacitadas, que según ella, son un “designio de Dios”. Sólo puede darles amor, su calor. A sus 70 años las energías apenas dan para lavarles los trapitos, darles la comidita y atender sus necesidades. El padre los abandonó y la madre “por allaaá… se aparece”.
Thelma, de ocho años, Jenny, de cuatro y Luis Abel, de seis, no pueden ni sostenerse. En un camastro pasan amontonados, les aquejan dolores y con frecuencia padecen diarrea. Ése es uno de los lastimosos cuadros que enfrenta doña Claudina Treminio, mejor conocida en El Empalme como doña Canda.
Ése es uno de los casos que ha conmovido al grupo de la Hacienda Santa Elena, que con Jake Scheideman llegaron al poblado. Doña Canda recibe veinte dólares mensuales para comida, y recibe medicinas en caso de que los niños o ella las necesiten.
UN POQUITO PARA LOS MÁS NECESITADOS
Además de gente con estas necesidades, la ayuda del “Santa Elena” llega a niñas trabajadoras de la calle, a quienes de pronto les aqueja una inesperada enfermedad o al familiar que no tiene ni la caja para enterrar a su deudo.
Para ello, algunas familias del Empalme con vocación de servicio a la comunidad, constituyeron lo que han dado en llamar Fundación “Santa Elena”, la integran: Nirma Pérez Tinoco, Yira y Silvia Areas Tinoco, Donatila Soza, Giselle Tinoco y Uriel Gutiérrez. Ellas administran una cuenta destinada por el grupo para apoyar esas necesidades, cumplen con las asignaciones a los beneficiarios y rinden cuentas.
Entre esos cooperantes, Yira destaca a Laura y Thomas Clark, quienes mantienen becados a ocho niños. Financian los estudios de Juvielka Ordeñana, una niña que fue rescatada de la calle mientras vendía güirilas. Ella estudia el tercer año de secundaria.
Yanieska Hurtado Mairena, a sus 16 años, dejó la venta callejera en la parada de buses, estudia el primer año de secundaria. Fue abandonada por su madre y recibe ayuda para estudiar y el arriendo de una vivienda, asimismo, los cooperantes costean sus necesidades básicas. “Fui ventera de la calle, ahora estoy muy agradecida con la ayuda que me han dado que no sé cómo voy a pagarles”, manifiesta Yanieska.
Silvia Areas Tinoco es la encargada de distribuir las becas, y comenta el inmenso deseo que tiene la familia Clark por llevar a varias niñas del Empalme a pasear por los “patios”, de la Hacienda Santa Elena, en California. Laura Clark es psicóloga, y es vista como la protectora de las niñas del Empalme.
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