Edgard Rodríguez C. [email protected]
La mejor definición de Nazario Cortés la escuché de Julio Sánchez: “No se andaba con cuentos ni jugarretas. Era serio”.
Lo conocí una mañana cuando me invitó a ir a su casa, y de entrada me aclaró: “No me gusta arrecharme. ¿Sabés por qué, negrito?… Porque me da diarrea”… La verdad no sé cómo se las arreglaría, pero Nazario parecía siempre enojado.
Sin embargo, detrás de ese “fuego dragoniano” había un hombre de buen corazón, que gustaba llamar las cosas por su nombre, y que entendió siempre que toda relación debe estar basada en el respeto. Nazario devolvía lo que recibía.
Quienes lo vieron jugar, aseguran que Cortés fue mejor de lo que indican sus cifras. Es decir, un pelotero con sentido colectivo para el juego. Capaz del gesto más heroico para su equipo, independientemente del riesgo que eso implicaba.
Sólo lo vi dirigiendo. Primero al UNAG y luego al Rivas, San Fernando y León. En sus clubes había disciplina, y cuando algo no le parecía, simplemente se marchaba, como lo hizo una vez con el Rivas, pese a que el club iba al play offs.
“No juego con nadie, para que nadie juegue conmigo”, dijo, y se marchó… Para esos días había rumores de que lo cambiarían en el conjunto sureño y les facilitó las cosas con su renuncia. Así era su estilo, claro y directo. Sin jugarretas.
Su momento más emocionante como timonel lo vivió con León, cuando guió a ese club hacia el campeonato. Nazario reía por no llorar. El cáncer había avanzado mucho y sólo sus agallas le permitían mantenerse en pie. Era impresionante.
“Hay días en los que no tengo fuerzas ni para levantarme, pero este trabajo no lo voy a dejar a medio palo. Tengo que terminarlo”, me dijo con su habitual determinación. Esa que cualquiera de nosotros hubiésemos deseado tener.
En esa temporada (la de 1999) estuvo realmente mal de salud. Tanto, que se pensó que en aquel momento ocurriría lo peor. Sin embargo, “salí de la tumba y voy para la Gloria”, aseguró en plena Serie Final ante las Fieras. Y lo consiguió.
Pero aparte de su habilidad como timonel, fueron sus respuestas a los periodistas las que terminaron de construir su popularidad en la recta final de su carrera. Respondía de una forma tan sencilla y elemental, que desarmaba. Vean esto.
-¿Qué le pareció el pitcheo del San Fernando?.. “Sabroso. Le pegamos 15 hits.
-¿Por qué no jugó Henry Roa hoy?.. “Porque no lo puse en el line up”.
-¿No hay modo de bajar al León?.. “Cómo no. Perdiendo nosotros y ganando los demás”.
-¿Por qué no abrió Alvaro López?.. “Porque abrió Diego Sandino. No pueden abrir los dos a la vez”.
-¿Y quién lanza mañana?.. “Esperemos que llegue mañana, porque no sabemos si vamos a amanecer vivos”.
Una tarde de éstas, muy cercana por cierto, mientras me afectaba un catarrito, Nazario se levantó ya casi sin fuerzas y fue a verme a mi casa. Ahí tuve otra gran muestra del espíritu humano de este guerrero que ahora no ha muerto, sino resucitado.