Jorge Salaverry*
La última encuesta de Cid-Gallup revela que el ingeniero Enrique Bolaños ha acortado la distancia que lo separa del señor Daniel Ortega en la carrera por la Presidencia de la República, encontrándose actualmente a sólo 3 puntos de distancia del candidato rojinegro. El Dr. Noel Vidaurre, por el contrario, bajó 4 puntos, lo cual sugiere que la lucha por la Presidencia en las elecciones que se avecinan se dará sólo entre Bolaños y Ortega.
Al mismo tiempo que se conocieron los resultados de la encuesta, el PLC filtró a los medios de comunicación su lista de candidatos a diputados. Con excepción de unos pocos que pueden ser considerados buenos y aceptables, la mayoría son amigos y parientes del Dr. Arnoldo Alemán, quien los seleccionó personalmente para que lo acompañen en la Asamblea Nacional cuando él se convierta en diputado al final de su período presidencial. Se recordará que en el pacto que Alemán y Ortega hicieron el año pasado, este último le aseguró a Alemán una diputación automática en la Asamblea, a cambio de que Alemán le facilitara a Ortega el triunfo electoral bajando de 45 a 35 por ciento el porcentaje mínimo de votos requeridos para ganar la Presidencia de la República en primera vuelta.
Ese arreglo puso en evidencia la exorbitante lujuria de poder de Alemán, a quien le importa un pito que el ingeniero Bolaños gane o pierda las elecciones. Después de todo, él ya tiene asegurada su inmunidad y su asiento en la Asamblea para poder seguir negociando intereses personales con Ortega. Es más, no son pocas las personas que están convencidas de que a Alemán le conviene más que Ortega gane las próximas elecciones, porque apuesta a que si Daniel Ortega las gana haría un gobierno desastroso, hecho que le facilitaría su retorno a la Presidencia en el 2006.
Pero si se perfila que la lucha por la Presidencia será entre Bolaños y Ortega, cabe formular la siguiente pregunta: ¿le conviene a Nicaragua que Bolaños pierda? Obviamente que no. Le podría interesar a Alemán, pero no a Nicaragua. De ahí que algunos ciudadanos de principios democráticos estén buscando cómo fortalecer las posibilidades de triunfo de Bolaños, sin favorecer, al mismo tiempo, el poder de Alemán en la Asamblea Nacional. Esos ciudadanos han encontrado que la única posibilidad de lograr ese objetivo es mediante el ejercicio del voto cruzado.
El voto cruzado –que es lo opuesto al voto en cascada– se daría si el electorado democrático que ama la libertad y que no quiere que el sandinismo regrese al poder, pero que tampoco quiere que Alemán continúe influyendo en el gobierno, decidiera votar en la papeleta para presidente por don Enrique Bolaños, y en la papeleta de diputados por los candidatos conservadores. De esa manera se llevaría a la Presidencia de la República a un liberal de firmes credenciales civilistas y democráticas como Bolaños, y se conformaría una bancada independiente en la Asamblea Nacional, que les impediría a Alemán y a Ortega continuar el funesto pacto y la repartición de prebendas y favores que tanto daño le están causando al país. Las ambiciones personales de Alemán quedarían frustradas, y Nicaragua se habría salvado de un nuevo régimen sandinista.
Hay quienes creen que a través de una campaña de persuasión se podría lograr un voto cruzado, pero otros opinan que la costumbre de votar en cascada no lo permite. Ambas posiciones son debatibles. Lo que no admite discusión es que la posibilidad de fomentar un voto cruzado quedaría eliminada por completo si el Partido Conservador incluyera en su lista de candidatos a diputados a personas que provienen del Frente Sandinista. Considero que el electorado liberal podría comprender la conveniencia de cruzar el voto, pero eso sólo se podría lograr si el Partido Conservador escogiera de entre sus filas a personas honestas, capaces, y de trayectoria democrática incuestionable. Considero, asimismo, que sería totalmente imposible convencer a un solo liberal de que votara por una lista verde en la que hubiera sandinistas.
El Partido Conservador no ha definido todavía quiénes serán sus candidatos a diputados. Tiene hasta el 20 de julio para hacerlo. De la selección que haga depende la posibilidad de promover y lograr un voto cruzado para salvar la democracia, el progreso y la libertad. De lo contrario, puede todavía, sin lugar a dudas, ganar la Presidencia don Enrique Bolaños, pero no se habrían neutralizado las insanas ansias de poder del Dr. Alemán en la Asamblea Nacional.
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la UTM.
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