Lawrence Pezzullo: “No fue una victoria militar sandinista”

El embajador Lawrence Pezzullo, ex diplomático norteamericano en Nicaragua, confirma su decepción porque Anastasio Somoza rompió el acuerdo con los Estados Unidos

La población civil se rebeló contra el dictador y lo tumbó, reflexiona Pezzullo.

En esta segunda y última entrega, el embajador Lawrence Pezzullo, ex diplomático norteamericano en Nicaragua, confirma su decepción porque Anastasio Somoza rompió el acuerdo con los Estados Unidos, de no facilitar a través de su sucesor una transición pacífica, a partir del 17 de julio de 1979, día en que salió al exilio.

Ante la violación de los acuerdos, no tuvo más opción que retirarse del país, rumbo al Comando Sur, estacionado en ese entonces en Panamá. Urcuyo, tal como se lo predijo, sería un Presidente sin país.

— ¿Qué fue lo que finalmente convenció a Somoza de que nadie iba a su rescate y que él debía renunciar y salir del país?

No lo sé. Creo que él tal vez sabía que había llegado al final. Eso nunca lo probaremos, que eso estaba en su mente, él murió, él fue asesinado varios años después.

Pero supongo que fue el deterioro de la situación militar local, finalmente, lo que lo convenció de que no había otra opción.

No había otra opción. Quiero decir, no había abastecimiento. Lo que pasó en el conflicto era que tenía una insurrección popular, que era incluso peor que una guerra. Los sandinistas no ganaron una victoria militar. Lo que pasó en los pueblos y ciudades, fue simplemente que se alzaron y fueron en busca de la Guardia. Niños, adolescentes, madres y hermanas, y así sucesivamente.

El pueblo se alzó en armas contra él y estaban ayudando y apoyando a estos jóvenes. Por eso, había muchas ilusiones aquí. Quiero decir, la ilusión dada por los sandinistas. La idea de que ellos habían ganado una victoria militar no era verdad. El pueblo nicaragüense se alzó en armas y querían destituirlo, y sucedió que ellos eran, los sandinistas, la vanguardia armada de eso. Pero ellos nunca derrocaron a Somoza.

Mientras tanto, teníamos que elaborar básicamente el escenario para la salida de Somoza. Y el escenario era, fundamentalmente, que él abandonaría el puesto, constitucionalmente, a un senador. Él seleccionó a un tipo de apellido Urcuyo, quien era un desconocido al estilo de “engomado”, sin grandes consecuencias.

— ¿Se despidió de él (de Somoza)?

No. Somoza salió a las tres de la mañana en punto, del 17. La última vez lo vi antes que se hiciera la ceremonia en la cual él había pasado la batuta a Urcuyo. Se suponía, entonces, que él iba a hacer una serie de cosas. Que invitaría a la Junta (de Reconstrucción) para venir a Managua, desde San José (Costa Rica). La Junta iba a llegar acompañada por el Arzobispo de Managua, como también los miembros de la comunidad internacional.

Entonces, ellos (la comunidad internacional) darían seguimiento a las promesas que habían hecho a la OEA, de que ellos comenzarían a tomar el poder y luego convocarían elecciones y así sucesivamente. Por supuesto, no lograron hacerlo. Mientras tanto, los comandantes militares se reunirían y hablarían sobre la renuncia, el surgimiento de una fuerza militar mixta, etc.

Pero cerca de las 6:30 a.m. vimos que la cosa iba a enredarse. Lo abordé. Él había estado en dos reuniones, donde abordamos cada uno de estos temas, pero reclamó que ignoraba todas estas cosas, y dijo. “No entiendo esto. Yo soy el Presidente de Nicaragua”.

Fue entonces que mencioné a Washington que Somoza había roto ese acuerdo, y eso había provocado la llamada de (Warren) Christopher a Somoza, en Miami. Somoza, entonces, rápidamente contrató dos yates y se largó de Estados Unidos. Pero él había dado claramente a Urcuyo el otro mensaje, el que usted sabe, que él se quedara a cargo de todo y que no dejara entrar a los comunistas.

Mi teoría es que Somoza tenía miedo de que si la Guardia se enteraba de que él se iba, ellos lo habrían matado. Y él le mintió a Urcuyo. Se lo fui a decir ese mismo día. Tuvimos una sesión muy tormentosa.

— ¿Usted y Mejía fueron a ver a Urcuyo, el Presidente?

Sí. Él negó todo esto y dijo que él se sentía insultado, que yo le estaba diciendo qué hacer y todo este tipo de cosas sin sentido. En esta época, pienso que Mejía (sucesor en la jefatura de la GN) estaba comenzando a oler a rata, además de que la Guardia Nacional comenzaba a colapsar.

Yo se lo dije a Urcuyo. Yo le dije: “Amigo, vas a ser un presidente sin país”. ¿De qué está hablando?, me preguntó. “Esto no se mantendrá. Solamente se podrá mantener bajo el escenario que organizamos. Eso es lo que acordamos, con los sandinistas, con todo el mundo. No puede hacer esto”.

Así comenzó a colapsar. Un día después, él había abandonado el país. Entonces, estaba colapsando. Le hice la recomendación a Washington de que presionara con alguna parte de la embajada, acompañada de una declaración pública, criticando a Somoza por haber roto el pacto. Porque si no hacíamos eso, parecería como si esto fuera nuestro plan desde el inicio. Ellos estaban de acuerdo y yo salí la mañana del 18.

* Extractos de una entrevista celebrada en 1989, que forma parte del Digital National Security Archive. Traducida por Ivet Cruz.

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