Miles de "cachorros" yacen aún en las montañas

“Rubén” y “Mike Lima”, dos jefes de operaciones del FDN recuerdan sus primeros combates contra las tropas de “Cachorros del SMP” y refieren que muchos quedaron sepultados en el monte. José Adán Silva jadan.silva@laprensa.com.ni TERCERA DE CUATRO ENTREGASEra un mes del período de invierno de 1985, en que el verano estaba más presente que nunca. […]

Miles de jóvenes que pertenecían a las tropas de la ex Resistencia Nicaraguense se enfrentaron con otra gran cantidad de soldados del Servicio Militar Patriótico durante la cruenta gruerra en la década de los 80.

  • “Rubén” y “Mike Lima”, dos jefes de operaciones del FDN recuerdan sus primeros combates contra las tropas de “Cachorros del SMP” y refieren que muchos quedaron sepultados en el monte.

José Adán Silva jadan.silva@laprensa.com.ni

TERCERA DE CUATRO ENTREGAS
Era un mes del período de invierno de 1985, en que el verano estaba más presente que nunca. El sol caía perpendicular sobre el intenso follaje de las montañas vírgenes de Las Segovias, haciendo que el calor húmedo del Cerro La Llorona sofocara a niveles de desesperación a los guerrilleros del Comando Regional Diriangén.

Oscar Sobalvarro, alias Comandante “Rubén”, recuerda aquella fecha como una de las más sangrientas en sus diez años de guerrilla. Había una operación que cumplir y evitar un cerco de varios Batallones de Lucha Irregular (BLI) del EPS. El único sitio de salida, para romper el cerco, era un trecho de tres kilómetros de largo, una vaguada entre dos cerros que estaba en manos de los BLI.

En esas montañas estaban los efectivos del SMP, con artillería y todo. Del otro lado, tres Comandos Regionales luchaban por romper el cerco. Les dieron la orden de atravesar el camino y romper el cerco a como fuera. “Rubén” dio la orden a sus hombres, y ahí comenzó una batalla de cinco días, donde en un trecho de tres kilómetros murieron casi mil hombres entre ambos bandos.

Cuando “Rubén” pasó por el trecho, al sexto día, ya los BLI se habían retirado a unos cerros vecinos, desde donde disparaban morteros. En el recorrido vio, espantado y asqueado por el hedor, que a ambos lados del caminito había cuerpos vestidos de verde. Para él, según sus cálculos, más de 350 soldados del SMP murieron en esos cinco días de combate.

“No sé, podrían ser más. Nuestros hombres estaban desesperados y ellos (los del SMP) no esperaban que nosotros nos lanzáramos a limpiar el paso. Ellos no estaban en una posición de defensa, y cuando nos vieron cerca se lanzaron en desbandada a subir el cerro. Algunos llegaron, otros se quedaron muy abajo, y otros ni siquiera pudieron subir”, recuerda.

No olvida, dice, el llanto de los “Cachorros” que pedían a gritos a sus superiores que los llegaran a sacar de aquel infierno. A 16 años de aquel episodio, “Rubén” reconoce que los miles de soldados que murieron del SMP no estaban preparados para sobrevivir en las montañas.

“Eran puros chavalitos. Algunos, muchos, eran güevones, bravos. Otros simplemente estaban ahí para morir. Lo mismo nos pasó a nosotros, muchos no estaban listos para la guerra, pero tenían muchas cosas a su favor: conocían el terreno, conocían la dura vida de las montañas porque ahí habían nacido, sabían cómo sobrevivir en esos cerros. Los otros no, la mayoría eran del Pacífico, de León, Managua, Masaya… no sabían dónde estaban y no sabían llevarse con los campesinos. No pudieron, ni siquiera los entrenaron bien”, dice “Rubén”.

Su primer enfrentamiento con las tropas del SMP fue a inicios del 84. Fue en el sector de Planes de Vilán, Zompopera, Las Torres, Pitas del Carmen. “Éstos conformaban el primer batallón que recuerdo que era de militares voluntarios del SMP, el 6011, de Jinotega. Nuestras tropas ya andábamos unos 300 del Comando Regional Diriangén. Aparentemente el Ejército quería medir fuerzas con nosotros, pero parece que no quería lanzarnos a los BLI. Nos echaron este batallón y en menos de cinco días de combate nosotros prácticamente los aniquilamos. Algunos de ellos los agarramos vivos, y esa gente no estaba preparada para la guerra”, narra “Rubén”.

“Eran chavalos jovencitos que no tenían formación militar ni el carácter para estar ahí. Unos lloraban y otros simplemente se nos murieron en el camino. A algunos los dejamos libres, porque para esa fecha no había mucho odio, mucha presión. Los regañamos, los asustamos y los dejamos ir. Otros se nos alteraron y no hubo más remedio que hacer lo que se hace en una guerra, y otros se fueron con nosotros, sobre todo los que eran del campo y que no venían del Pacífico. Les recuperamos casi todo el armamento, los pertrechos. Nosotros, en ese primer combate, nos asustamos de ver a puros chavalos, sin entrenamiento”, relata.

EJÉRCITO NO ADMITIRÁ VERDADERAS BAJAS

Para él, el daño no fue la guerra misma, sino el hecho de enviar a hombres a morir sin oportunidades de defenderse.

“Nosotros al inicio tratábamos de no pelear con ellos. Buscábamos mejor objetivos físicos, puentes, torres, carreteras, UPE, pero ellos siempre insistían en mandar a seguirnos. Llegó un momento que dijimos, ¡basta! y comenzamos a pelear. Cuando pasó cierto tiempo, ellos andaban mejor armados y más entrenados. Nos atacaron varias veces y varias veces nos dieron duro, y ya con eso, ellos envalentonados, porque los chavalos eran intrépidos y nosotros decidimos darles igual. Ahí inició la carnicería”, dice, reconociendo que con el paso del tiempo, los BLI se volvieron “cosa seria”. Para él, el más feroz de todos fue el Simón Bolívar.

“Es cierto que eran jóvenes, pero nuestra gente también eran jóvenes. Había de todo, niños, viejos, mujeres, jóvenes… Ellos eran sólo chavalos, todos varones, y bien armados. Pero a pesar de eso nunca nos pudieron atrapar. Nos hicieron muchas bajas, pero nosotros les hicimos más. Sabíamos que eso el Ejército Sandinista nunca lo va reconocer, hasta que revelen sus informaciones”, dice.

“Miles de esos chavalos morían en las montañas sin que pudieran ser enterrados o llevados sus cadáveres. Por ejemplo, sólo en marzo de 1988, en la incursión a Honduras con la operación Danto 88, ellos dejaron a más de mil muertos de casi 2,000 bajas que se les hizo. En esa operación que ellos violaron territorio hondureño la Aviación de Honduras los atacó con aviones F-16. Vi volar miles de ellos, y al parecer las órdenes del mando superior eran seguir avanzando, a pesar de que estaban siendo masacrados. La mayoría de esos cuerpos quedaron allá en Honduras”, recuerda.

GUERRA FUE CRUEL Y SANGUINARIA

“Rubén” recuerda que hubo un tiempo, entre el 83 y el 87, en que la guerra mostró la parte más cruel y sanguinaria de sus diez años de duración. Él cree que en esos dos años se dieron los más fuertes combates y el mayor número de bajas.

Recuerda la Operación de Pantasma como uno de los primeros golpes duros contra el Ejército. Fue una operación de todo un día, Pantasma, una de las principales bases militares que el EPS tenía ahí, fue casi aniquilada a finales del 83. “Quemamos las instalaciones de la Policía Sandinista. Asaltamos los bancos, les recuperamos sus pertrechos, quemamos la base y les hicimos muchas bajas. Nosotros les metimos a 700 hombres. Comenzamos a avanzar y ellos nos mandaron al frente cada vez más gente, más chavalos y hasta mujeres y niños armados nos mandaron. Eso fue un crimen, mandar al frente a chigüines de 15 años o chavalas señoritas de 16 años”, recuerda.

MUCHOS CAYERON EN LA OPERACIÓN DANTO

Dice “Rubén” que para 1988 cuando se da la “Operación Danto”, ya la Resistencia estaba débil. “El Ejército nos golpeó duro, pero en medio de eso, lo más trágico fue lo que ocurrió cuando ellos mandaron a desminar una pista de aterrizaje con sus propios hombres. Una brigada de chavalos fue mandada a escalar un cerro donde habíamos hecho una pista de aterrizaje. Esa pista en 1983, en una operación en San Andrés de Bocay la habían dejado completamente minada por todos sus costados”.

“Ellos mandaron a sus tropas, aún sabiendo que el lugar estaba minado. Ahí los chavalos salieron hechos trizas, pero el Ejército logró su objetivo, porque rompieron la brecha por donde querían entrar. Después entraron las tropas élites hasta territorio hondureño donde llegaron a dejar reguero de cadáveres”, recuerda.

Detalla que las tropas del SMP iban en busca de los campamentos de la Contra, “pero éstos estaban demasiado lejos y el Ejército de Honduras pidió la intervención de la Fuerza Aérea Hondureña”.

Una parte de ellos entró por la desembocadura del río Poteca y el Coco, por El Tablazo, Banco Grande. “Después de las fronteras estaban los cuarteles del Ejército hondureño, quienes se replegaron. Nosotros salimos al frente y la Fuerza Aérea nos ayudó tirando bombas por la retaguardia del enemigo para cortarles las comunicaciones: Wiwilí, Jalapa, y la frontera para adentro. Ellos perdieron, según nuestros reportes de inteligencia, alrededor de dos mil hombres”.

EL VIOLENTO AÑO 1987

Para José Payán, Comandante “Mike Lima”, Jefe de Operaciones de la Contra, el año más violento de la guerra fue 1987.

Según datos que el Departamento de Estado entregaba al Directorio de la Contra, en 1987 hubo un promedio de 524 choques armados por mes.

En esa fecha la Contra consumió un promedio de 3 millones de cartuchos por mes.

Más de 400 soldados del SMP fueron hechos prisioneros por la Contra, luego de quedarse perdidos en la retirada o quedarse sin armas.

Según cálculos del ex jefe de Operaciones, y posterior jefe de Inteligencia de la Contra, las probabilidades de que un soldado del SMP muriera en combate eran del 70 por ciento, frente al 40 por ciento de los miembros de la Contra.

Mike Lima calcula que en 1987 murieron casi 8 mil hombres del SMP en combate, la mayor cifra de toda la guerra de diez años.  

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