“Tenemos un complejo frente a EE.UU.”

El ex Secretario de Economía de España, cree que la nación española debe abogar por los intereses de América Latina ante los estados de la Unión Europea, incluso haciéndole contrapeso a los intereses alemanes en Europa del Este, lo que podría crear un conflicto en la administración del dinero para la cooperación. Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni […]

  • El ex Secretario de Economía de España, cree que la nación española debe abogar por los intereses de América Latina ante los estados de la Unión Europea, incluso haciéndole contrapeso a los intereses alemanes en Europa del Este, lo que podría crear un conflicto en la administración del dinero para la cooperación.

Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni

BARCELONA.— Si el pesimismo prevalece en Europa, la economía de este continente podría ir de la desaceleración de hoy hasta la recesión, pero el economista Alfredo Pastor estima que a más tardar en dos años se abrirán expectativas mejores y ve con optimismo la posible ampliación de la Unión Europea hacia los países del Este, el ex campo socialista.

Alemania tiene mucho interés en los países del Este europeo, y España en defender su relación con América Latina, lo que tarde o temprano provocará diferencias dentro de la UE sobre la distribución del dinero, explica Pastor, quien imparte clases en la Escuela de Negocios IESE de Barcelona y en la China European International Business School, con sede en Shangai.

En esta entrevista con LA PRENSA, Pastor también dice que la inmigración creciente en España, tanto de Latinoamérica como de África, es una fuente potencial de conflictos.

¿Qué cambios importantes traerá el euro a la economía de España?

“No provocará ningún cambio brusco. Los cambios importantes ya se produjeron con la creación de la unión monetaria en 1999. España se vio protegida entonces de la crisis financiera internacional de 1997 y 1998 con su integración en la zona euro. La creación de la moneda única consolidará el mercado único y ello ya produjo también cambios en nuestro país en su momento”.

¿Aún hay riesgo de estancamiento económico en Europa, por los atentados de Nueva York?

“Lo que estamos viendo en Europa es una desaceleración. Podríamos no tener estancamiento si los ánimos de los consumidores fueran más positivos. Como tendemos al pesimismo, lo más probable es que del estancamiento pasemos a la recesión por lo que aumentará el desempleo y los menos favorecidos son los que sufrirán más. Dentro de un año o dos volverán a cambiar las expectativas, quizá porque se haya producido un cambio de signo en Estados Unidos y volveremos a remontar”.

¿Qué razones tiene aquí el pesimismo?

“Es triste que esto nos ocurra en Europa porque tenemos pocos motivos de pesimismo. Por ejemplo, la ampliación de Europa hacia el Este es una gran oportunidad y en cambio la sentimos como una amenaza porque tendemos a sentirlo todo así. Éste es el gran problema de Europa: parece que no veamos jamás una oportunidad. Nos echamos en cara cosas que no tenemos por qué hacerlo, por ejemplo, tener 15 idiomas y no uno solo como en Estados Unidos: lo que es una riqueza lo vemos como un problema. Tenemos un complejo de inferioridad frente a Estados Unidos. ¿Por qué no juzgamos a Estados Unidos desde nuestros parámetros y no al revés?”

¿Bajaría la cooperación con Latinoamérica, si se amplía la UE?

“Hemos de hablar aquí de las zonas de influencia y no sólo de Europa. La aportación de España a la Unión Europea es doble: Su relación con Latinoamérica y con el Magreb (Norte de África). Con la primera tenemos fuertes lazos culturales y económicos. Por tanto, así como la zona de influencia de Alemania es la Europa del Este, porque Berlín volverá a ser centro de Europa, España ha de aportar América Latina a la Unión Europea y defender los intereses de la región frente a los estados miembros, siendo así el contrapeso de los intereses alemanes en el Este. España ha de defender, por tanto, el sur del Mediterráneo y América Latina ante la UE. Ello puede provocar un conflicto de intereses porque habrá que administrar el dinero, pero esta tensión, sin duda, provocará también un enriquecimiento.

¿Qué cambios habría en Latinoamérica?

“España es la única posibilidad que hay de que en América Latina se establezca un cierto contrapeso a la influencia de Estados Unidos, porque la historia de los próximos años va a ser que el resto del mundo vaya haciendo de contrapeso a los Estados Unidos pero de forma pacífica, sin provocar conflictos, por supuesto. Éste es el papel de los europeos, quienes hubiéramos tenido que estar más activos en la guerra de Afganistán y en el conflicto palestino-israelí, para hacer de contrapeso a los americanos que en esto han estado muy sesgados por sus propios intereses”.

La inmigración crece en España ¿cómo afecta a la economía?

“La integración, que es lo que realmente significa inmigración, siempre crea ganadores entre los consumidores. En este caso, en las empresas y familias que demandan mano de obra menos cualificada, más barata. Entre los trabajadores, crea también ganadores y perdedores. La mano de obra menos cualificada tiende a ser perdedora. La consecuencia más importante es la que se deriva de la asimilación de gentes con lengua y cultura distintas. Hay dos visiones sobre esto: la de la asimilación y la de la multiculturalidad. Esta segunda es más atractiva pero no es realista. España ha convivido durante siglos con otras culturas, pero siempre bajo la dominación de una. Árabes, cristianos y judíos convivieron en la Córdoba del siglo XII pero bajo dominación musulmana. Las tres volvieron a convivir en los siglos XIV y XV bajo dominación cristiana, que acabó con la expulsión de los judíos. La inmigración es, por tanto, una fuente potencial de conflictos y no podemos afirmar lo contrario”.

¿Quiénes ganan ahora?

“Si la mano de obra sustituida puede reciclarse hacia empleos mejor pagados, entonces ganan todos, pero si es expulsada hacia el desempleo, son perdedores. No hay reglas generales. Son riesgos que hemos de asumir”.

En los últimos años ha cobrado fuerza la idea de dolarizar economías latinoamericanas ¿tiene ventajas esa opción?

“Las consecuencias de la dolarización son nefastas. No hay más que ver el caso de Argentina, en donde ha sido un drama porque vende sus productos a un país cuya moneda se deprecia y su moneda se estaba apreciando constantemente porque tenía el mismo valor del dólar. Soy muy contrario a las medidas brillantes en economía como las que llevó a cabo Cavallo con el currency-board: en definitiva, viene a decir que el banco de la nación argentina no iba a crear un peso si no le daban un dólar desde el exterior, lo que hace que te anquiloses. La ventaja de eso es que acabas con la inflación”.

¿Qué le hubiera convenido más a Argentina?

“La dolarización es una medida extrema que viene a reconocer que el sistema político que la adopta es incapaz de gobernar ese país. Es mejor arreglar las causas: hay que atacar las causas y no los síntomas. Tiene el peligro doble de que es muy difícil la marcha atrás. A Argentina habría que recomendarle lo mismo que se le recomendaría a otro país: que devalúe y que pague la deuda. Greenspan (rector de la economía de Estados Unidos) subió los tipos de interés el año antepasado y el año pasado los empezó a bajar, porque las circunstancias han cambiado: ha sabido rectificar acorde a las circunstancias”.

¿Se parece en algo la dolarización, a la creación del euro en la Unión Europea?

“La dolarización no tiene ningún parecido con la unión monetaria europea, porque ésta es una decisión política, no económica, es forzar el paso a una unión política. Si la moneda única no viene seguida tarde o temprano de una unión política, no sirve para nada. A España y también a Italia y a Grecia, la unión monetaria nos ha beneficiado”.

¿Qué gana o qué pierde una economía limitada cuando se dolariza, como Ecuador o El Salvador?

“Lo que pierde ya se sabe: pierde autonomía de la política monetaria y de la política cambiaria, no puede modificar su tipo de cambio frente al dólar. Y gana estabilidad porque el dólar es una moneda bastante estable. Si el país está en una situación muy crítica y no puede garantizar su estabilidad, es mejor que se dolarice, pero ha de reconocer antes sus errores. Puede imponer también controles sobre los movimientos de capital, pero ésta es una medida complicada porque entonces no le prestan dinero”.

Usted enseña en China. ¿Cuál es el hecho que más le ha impactado, de la incorporación de China a la economía de mercado?

“Quizá sea la firma del tratado de adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC). En España vivimos un proceso similar —a escala menor— en 1959, cuando entramos en el Banco Mundial. Como consecuencia nos prestaban dinero pero con una serie de condiciones que suponían la liberalización de la economía, exactamente lo mismo que ha ocurrido en China, con las tensiones propias entre adeptos y contrarios a la liberalización dentro de un mismo país. Actualmente en España todavía hay gente que discute los límites de la liberalización, que los tiene. En China, la mayoría de personas trabajan en empresas públicas atrasadas y anquilosadas por lo que tiene miedo de la liberalización. Lo más significativo es que ante este panorama, hace dos años el primer ministro chino firmó personalmente ante Estados Unidos el tratado de adhesión”.

¿Qué pueden aprender naciones como Cuba del proceso económico de China?

“Cuba y China no tienen nada que ver, sólo comparten el régimen y es muy distinto en uno y otro país, porque Cuba está bajo la zona de influencia de Estados Unidos. Cuba siempre ha sido una colonia, primero de España, después de Estados Unidos y después soviética. Es un país con recursos limitados, con una economía pequeña basada prácticamente en el turismo y no tiene los desequilibrios territoriales que tiene China. Los problemas económicos de Cuba por tanto son casi elementales al lado de los de China; es un país menos diverso, en Cuba todos hablan el mismo idioma, en cambio en China escriben en el mismo idioma, pero de una provincia a otra no se entienden hablando. Un pekinés no entiende a un shanganés, a no ser que hablen mandarín, que sólo se habla en Pekín. En cambio, el régimen chino es mucho más sólido que el cubano, que es totalmente personalista”.

¿Cómo asimilan los chinos la visión de negocios, después de tanta formación comunista?

“Es muy difícil saber con certeza qué consecuencias les ha dejado el comunismo. Opino que este régimen les ha dejado una gran dejadez por ejemplo en la vivienda, en estado de abandono absoluto muchas veces, por el mero hecho de que no eran suyas sino que eran suministradas por la Unidad de Trabajo. Otra característica es que son personas supervivientes, siempre buscan la salida más inmediata, la más fácil. Si le preguntas a un chino por una dirección de calle, busca el camino más fácil de explicar desde donde se encuentre, aunque no sea el correcto, pues lo único que quiere es resolver lo antes posible la duda ya que quizá ni siquiera nos ha entendido. Pero jamás dicen no lo sé. Esas reacciones de supervivientes creo que vienen del comunismo.

“Aunque estoy seguro también, que ello es reversible con el paso del tiempo y con la apertura del país. Dudo mucho que en China se cree el mismo estado de anarquía que en Rusia tras la caída del comunismo, pues si bien el sistema económico chino está muy liberalizado, el sistema político sigue siendo enormemente autoritario, por lo que las autoridades están regulando la liberalización de las energías que conlleva todo sistema capitalista y evitar así el caos ocurrido en la antigua URSS”.

TRAYECTORIA

Alfredo Pastor es catedrático de Teoría Económica desde 1976 en España. También impartió clases en Boston University a principios de la década de 1980. Entre 1993 y 1995 fue Secretario de Economía del estado español, y ahora se desempeña como profesor de la escuela de negocios IESE, adscrita a la Universidad de Navarra, y como decano de la China Europe International Business School (CEIBS).  

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