Adicción cibersexual

Sebastián tenía 18 años de edad cuando era un novato con el Internet. Parte de sus cualidades, como la puntualidad y responsabilidad en los estudios, se fueron desvaneciendo cuando su amigo Juan, de 23 años, le enseñó a navegar. No precisamente para hacer investigaciones de la universidad, no para revisar el correo electrónico, ni para […]

Sebastián tenía 18 años de edad cuando era un novato con el Internet. Parte de sus cualidades, como la puntualidad y responsabilidad en los estudios, se fueron desvaneciendo cuando su amigo Juan, de 23 años, le enseñó a navegar. No precisamente para hacer investigaciones de la universidad, no para revisar el correo electrónico, ni para actualizar software, ni descargar videojuegos, sino para que se “despabilara” sexualmente hablando, y le enseñó los pasos para entrar a una sala de chat.

Recuerda que por no haberle emocionado la sala de chat Juan le anotó en la última página del cuaderno tres direcciones electrónicas para que en la noche les diera una miradita. Dicho y hecho, a las diez de la noche cuando todos es su casa dormían se dispuso a curiosear las Web.

“Me parecía mentira ver las fotos de todas esas bellezas desnuditas en la pantalla, y los videos eran muy reales, me impresionó mucho ver las cosas que hacían, creo que fue eso lo que me atrapó”, narra Sebastián, ahora a sus 22 años.

Han transcurrido cuatro años desde aquella noche que las bellezas le parecían mentira, y aquel hábito de conectarse por las noches por 15 minutos, se le ha convertido en una adicción, a tal grado que pasa hasta tres horas diarias frente al monitor, solo o en compañía de los vecinos.

La hora para conectarse no importa. Le han llamado la atención en la biblioteca de la universidad, en la casa de sus amigos y su mamá hasta el cansancio, porque cada vez que toca una computadora con Internet le da por navegar a esos sitios prohibidos.

Asegura que viendo esos videos aprendió teóricamente y visualmente todo lo que se le puede hacer a una mujer, aunque su novia lo haya mandado a freír espárragos cuando intentó poner en práctica lo que él aprendía.

Miles de adolescentes y jóvenes prefieren exteriorizar sus sentimientos, opiniones, ideales y por qué no decirlo, sus preferencias e inquietudes sexuales electrónicamente con sólo pulsar en una sala de Chat. En esta ocasión no estamos hablando del hábito de chatear, sino del hábito que ya se convirtió en adicción. La adicción a las Web pornográficas.

Cualquier cibernauta, sin importar la edad, corre el riesgo de desarrollar una adicción al Internet. Este tipo de adicción se incrementa cada vez más, a tal grado que existen asociaciones anónimas de adictos a la computadora.

¿Por qué sabemos que Sebastián es un adicto cibersexual? “Por el tiempo que dedica a la búsqueda de sexo o fantasías en la computadora y porque únicamente la computadora le hace estar de buen genio. Efectivamente estas personas pierden la noción del tiempo. Se olvidan de los horarios de comidas, se vuelven impuntuales y posiblemente presenten un ligero dolor en la espalda y el cuello, dolor causado por la posición que adoptan al estar frente al monitor”, explica el psicólogo Faustino Hernández.

Mientras entrevistamos a Sebastián nos daba un pequeño tour por alguno de los sitios que él frecuenta visitar, y nos explicaba que hay sitios que él no considera pornográficos y que no le llaman la atención, sin embargo a varios de sus amigos les gusta.

“Se ven unas cosas horrorosas como mujeres que juegan con ellas mismas u hombres que introducen objetos en las partes de la mujer, a veces no sabés si la cara que tiene es de placer o de masoquismo. Imaginate (agrega mientras da clic para mostrar las imágenes), que hay muchachas que salen teniendo sexo con animales”. A gusto de Sebastián eso no tiene ningún placer ni satisfacción visual, al contrario, opina que deberían censurar este tipo de “aberraciones”.

¿No hay regulación?

Pero no todo joven que está conectado al Internet se está refrescando la vista con las fotos o videos que te alteran las hormonas. Existen muchos que pasan horas tras horas conectados buscando información para la investigación de alguna materia. O posiblemente tienen uno de esos noviazgos cibernéticos y su “amorzote” le mandó un email de tres páginas, o quizás se le va el tiempo conectado al MP3 bajando esas canciones que tanto le gustan.

En nuestro sondeo rápido visitamos el ciber@tmx, en Metrocentro. Uno de los propietarios, el joven Carlos Andrés González Holmann, nos explica que en un principio se iba a evitar el acceso a estas Web por ser incómodo para el cliente que está al lado, pero que esto es algo que no se puede controlar, o al menos es casi imposible.

El lugar no cuenta con un reglamento que censure la visita a estos sitios, posiblemente porque existe un bajo porcentaje, de los setenta u ochenta clientes promedio que asisten diariamente, que frecuentan este tipo de Web.

Explica que las Web tienen una forma de enllavarse y que ellos podrían evitar de esta manera las ventanas pornográficas, pero que esto requiere grabar un disco duro de claves y es prácticamente imposible.

Al concluir, González admite que ha visitado, por curiosear, este tipo de Web.

Contrario a los ciber-café, las bibliotecas públicas, o bien los laboratorios de cómputos de los colegios y universidades privadas sí tienen establecido en su reglamento interno censura para aquel estudiante que esté perdiendo su tiempo y perturbando la mente del vecino en la búsqueda de mujeres guapas y desnudas.

Tipos de adicción

La problemática de la adicción cibernética se ha dividido en tres tipos: la adicción cibersexual, en la que los individuos ocupan su tiempo en ver, bajar e intercambiar pornografía en línea, o están involucrados en alguna especie de fantasía sexual a través de chats, la adicción ciberrelacional, cuando se involucran demasiado en relaciones en línea (los amigos virtuales rápidamente se vuelven más importantes que sus amigos reales e incluso que su familia). El tercer tipo es la adicción a los juegos en la red, en la que los individuos utilizan casinos virtuales, juegos interactivos y tiendas en línea, según el Web virtual-addiction.com

En términos económicos, los sitios pornos son los únicos que trabajan con un margen de ganancias creciente. El porcentaje de sitios con contenido pornográfico es del trece por ciento de la totalidad de la Red (eso sin contar las páginas de contenido ilegal que no aparecen en las estadísticas) y se estima que cada día surgen 200 más.

Para la industria pornográfica americana, la oferta en Internet constituye el quince por ciento de sus ganancias y tiene casi tanta importancia como su principal fuente de ingresos, la venta de videos. Y la industria del cibersexo es, sin lugar a dudas, la que mayor futuro tiene, según un documento publicado en Yahoo en español, por el escritor Salomón Derreza.

Opinan los lectores

“Nuca he visitado una página Web de ese tipo, me parece que no es correcto, que es inmoral y que corrompe la mente”, opina Carlos Araquistain, estudiante de Contaduría Publica. A la vez considera que las personas que visitan estos sitios y las prostitutas tienen problemas psicológicos. Añade que quienes entran a estas Web son feos y acomplejados.

Mientras tanto Jairo Espinosa, de 17 años de edad, estudiante del primer año de arquitectura en la UNI confiesa que visita con frecuencia las Web pornográficas. “Las veo los fines de semana cuando estoy solo en mi casa y lo hago para entretenerme viendo a las mujeres”. El tiempo que me conecto no es más que una hora, a veces menos, pero siempre descarga una que otra imagen. Admite que cree que puede ser un problema psicológico ya que lo hace cuando está aburrido. En ocasiones se conecta en compañía de sus amigos.

Por su parte, Karilia Zapata, de 20 años de edad, reconoce que sí ha visitado las Web pornográficas, “cuando estamos en la universidad mis amigas y yo nos metemos pero por minutos, a veces horas”. Zapata considera que es parte de la educación sexual para aquellas personas que van a tener su primera experiencia sexual y no saben nada, también porque “nos dan información de los anticonceptivos”.

“Normalmente te saturan el correo, te mandan el montón de basura y cuando uno entra lo que ve es FREE WEB. Uno no sabe a lo que está entrando y de repente te sale. Para mí es molesto estar viendo seis u ocho páginas de esas”, afirma Roberto Gómez, estudiante de Ingeniería en Sistema. Gómez utiliza el Internet para revisar su correo o para buscar información. Añade que hay gente que no aprovecha lo que hace el Internet y que mal gastan su tiempo al ver pornografía.

¿Pornografía o erotismo?

“Hay que partir, en primer lugar, de que el erotismo es una tendencia natural del ser humano y la pornografía, en cambio, es un vehículo externo, creado por la civilización como medio para estimular artificialmente el erotismo y la satisfacción sexual”, según un escrito del psiquiatra, Manuel Zambrano, titulado “Erotismo, Pornografía y Sicopatología”, publicado en el sitio Web yahoo en español, sección salud. El erotismo es el conjunto de sensaciones y reacciones de todo tipo que de algún modo se relaciona con la atracción sexual.

En efecto, los sentidos de la vista y del tacto están particularmente dispuestos para el erotismo. El erotismo no solamente es una respuesta a los estímulos reales sino que, también, tiene sus orígenes en la imaginación y la fantasía, sin las cuales no podría sobrevivir.

El escrito refiere también que la pornografía es obscena porque atenta contra el pudor, y que en la medida que cause daños a la sociedad, de acuerdo a determinada concepción moral, se considera vergonzosa, entonces debe ser limitada y castigados sus impulsadores.

El psiquiatra explica que cuando el carácter erótico de lo escrito o de lo plástico se rebaja hasta lo obvio, traspasa sus propios límites y se adentra en la pornografía. De igual manera cuando busca la excitación sexual de manera directa sin exaltar los demás valores de la obra, la erotografía por ejemplo, deja paso a la pornografía.

Por tal razón la pornografía se nos presenta como una degradación del erotismo o como una erotografía de baja calidad, que ofende y disgusta precisamente por su torpeza. ¿Habrá una porno manía? Posiblemente sí y, entonces, como impulso irresistible es un clásico fenómeno psicopatológico, concluye Zambrano.