“Ni una palabra”

Una propuesta en tiempos de reciclaje. Es un ejercicio imposible de realizar ni bien terminadas las casi dos horas a puro vértigo y suspenso que “Ni una palabra” tiene para ofrecer. Pero un rato después, cuando toda esa vorágine visual empieza a desprenderse del cuerpo para dejar lugar al menos sensible análisis racional, surge que […]

Una propuesta en tiempos de reciclaje. Es un ejercicio imposible de realizar ni bien terminadas las casi dos horas a puro vértigo y suspenso que “Ni una palabra” tiene para ofrecer. Pero un rato después, cuando toda esa vorágine visual empieza a desprenderse del cuerpo para dejar lugar al menos sensible análisis racional, surge que es posible pensar en la película dirigida por Gary Fleder (el mismo de la taquillera “Besos que matan”) como un parámetro de referencia del mundo en que vivimos.

Con casi todo ya pensado e inventado, no quedan muchas otras opciones que el reciclaje como medio a través del cual la mayoría de los seres humanos modernos puedan canalizar sus impulsos creativos innatos.

La cinta protagonizada por el correcto —aunque no brillante como en “Wonder Boys”, su anterior trabajo— Michael Douglas, pareciera tomar pequeños retazos e ideas de cientos de películas del género para incorporarlos al hilo de su historia.

Hace recordar a todas en general pero a ninguna en particular. Por esta razón, mérito principal de Fleder, “Ni una palabra” no resulta ser un mero producto mecanizado y repetido sino que se constituye como un filme que logra preservar cierta autonomía. Eso, sumado a sus incesantes pasajes de acción y misterio, le basta para convertirse en una buena película, pero sobre todo, en una película muy entretenida.

Tres ejes narrativos independientes uno del otro, que con el correr de los minutos empiezan a conectarse, forman la base a través de la cual se desarrolla la trama de la película. El principal de ellos tiene como centro de acción a Nathan Conrad (Douglas), un brillante psiquiatra de New York que, tras atender a una joven y misteriosa paciente, ve cómo su vida cambia abruptamente una mañana, cuando su pequeña hija es secuestrada sin motivo aparente.

El segundo eje muestra al líder (Sean Bean) de una banda de ladrones de joyas en busca de venganza a cualquier costo luego de haber sido traicionado por uno de sus socios. Y el tercero cierra el triángulo con la investigación que la policía interpretada por Jennifer Esposito (se destacó en “Summer of Sam”, el último filme de Spike Lee) inicia a raíz de dos violentos asesinatos.

Fleder no ahonda en exploraciones introspectivas sobre sus personajes, sólo se dedica, utilizando el flash back como principal recurso, a explicar los móviles que conducen sus comportamientos. De esa manera, con permanentes incursiones en el pasado, el enigma empieza a deshilvanarse, y aquella misteriosa paciente pasa a convertirse en el nudo de traumas que el doctor Conrad debe desatar para poder salvar a su hija.

Pese a algunos baches narrativos, otros cuantos clichés (por ejemplo, la típica conversión en héroe del personaje principal, “un hombre común y corriente”, con el que cualquiera puede más o menos identificarse), la historia está bien llevada por el director: siempre es atrapante e intensa, y logra dejar sus puntos más flojos en un plano secundario. La historia es la principal protagonista, no esconde otras pretensiones, y justamente por eso la sensación al final es más que positiva. Porque conoce sus limitaciones y explota con buen tacto sus virtudes.

En estos tiempos de reciclaje, de retrospección, “Ni una palabra” sirve para demostrar que por más agotadas que estén las imágenes o las ideas (fundamentalmente en este género), siempre es posible encontrar la vuelta de tuerca y aportar algo más. Allí reside su mayor mérito.

Ficha técnica

– Dirección: Gary Fleder.

– País: Estados Unidos.

– Año: 2001.

– Duración: 113 min.

– Interpretación: Michael Douglas (Dr. Nathan Conrad), Brittany Murphy (Elisabeth Burrows), Sean Bean (Patrick Koster), Skye McCole Bartusiak (Jessie Conrad), Famke Janssen (Aggie Conrad), Jennifer Esposito (Detective Sandra Cassidy), Guy Torry (Martin J. Dolen), Oliver Platt (Dr. Louis Sachs), Shawn Doyle (Russel Maddox), Victor Argo (Sydney Simon).

– Guión: Anthony Peckham y Patrick Smith Kelly; basado en la novela de Andrew Klavan.

– Producción: Anne Kopelson, Arnold Kopelson y Arnon Milchan.

– Coproducción: Andrew Klavan y Nana Greenwald.

– Música: Mark Isham.

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