Vida para el amor

Los detalles son los que mantienen con vida los sentimientos. “Nuestro amor se mantiene en la cúspide porque siempre se alimenta de ellos. Por siempre te estaré agradecido, que ni la muerte nos podrá separar porque siempre estaremos juntos hasta la eternidad”, señala una estrofa del poema “Juntos por siempre”, de Luis Niño Abaunza. Hay […]

Los detalles son los que mantienen con vida los sentimientos. “Nuestro amor se mantiene en la cúspide porque siempre se alimenta de ellos. Por siempre te estaré agradecido, que ni la muerte nos podrá separar porque siempre estaremos juntos hasta la eternidad”, señala una estrofa del poema “Juntos por siempre”, de Luis Niño Abaunza.

Hay quienes creen que el tiempo no es necesariamente enemigo del amor y que con el paso de los años, después de haberse casado, discutido por diferencias que parecían enormes, aún la llama de la pasión y el amor se puede asomar resplandeciente si sabemos alimentar la relación.

Para abordar este tema hablamos con una pareja de salvadoreños residentes en nuestro país. Él, Sergio Fratty, y ella, Janeth Eunice, no se creen Romeo y Julieta en la versión siglo XXI, pero están completamente seguros de que compartir el tiempo sólo les ha traído bendiciones, como los tres hijos que procrearon.

A la pregunta ¿cuál es el secreto para reforzar una relación de muchos años?, Fratty le dio el crédito a Dios, quien les ha enseñado a tener en cuenta en todo momento “lo tanto que se necesitan”.

Después de estas palabras tan conmovedoras se podría creer que Sergio y Janeth han vivido, como se dice popularmente, entre puros bombones, pero no, en realidad también hubo algunas ocasiones en que fueron presa de la rutina, ese virus que, como asegura Janeth, te lleva a desvalorizar detalles que en épocas del noviazgo, por ejemplo, fueron importantes: una plática, un beso de despedida o de bienvenida”, ejemplifica.

Confianza y comunicación

Jenny Tijerino y Alexander Montoya se conocieron en 1998. Ambos cursaban el quinto grado de primaria cuando Cupido flechó sus corazones. Con sólo una mirada, una sonrisa y un ¡hola!, sus sentimientos se unieron, no por unos días, sino por años. Hoy que ambos tienen 19 años, cinco de ellos los han dedicado para alimentar el amor entre ambos.

Jenny confiesa que nunca imaginó durar tanto tiempo al lado de su novio, a pesar de las diferencias, en gustos, ideales y creencias. “Creo que una de las cosas que nos han mantenido unidos es que nos hemos sabido respetar en todos los sentidos”.

Es una joven muy simpática, pero la belleza no ha influido tanto en su exitosa relación, como lo ha hecho su carácter, pues dice que Alexander siempre le está dando las gracias por ofrecerle un trato lleno de cariño y comprensión. “Él me dice que le encanta mi modo de ser, mi modo de tratarlo y de entenderlo”, nos cuenta Jenny.

Cree que los detalles constituyen otra de las ventajas que ha ayudado a mantener una relación duradera. “Los detalles como las rosas, los peluches, los obsequios y las atenciones son muy importantes. Los detalles tienen que ver en un 99 por ciento para que la relación se mantenga, no sólo por mantenerse, sino una relación de verdaderos enamorados todo el tiempo”.

La confianza ha jugado un papel muy importante, hasta el hecho de que ambos se cuentan sus problemas, sus secretos y buscan una solución que los involucra. “Con el paso del tiempo se desarrolla la confianza y por tanto la comunicación. Ésta te ayuda a que tu pareja sienta que es parte de tu vida, que la tomás en cuenta o, mejor dicho, que cuentas con ella”.

Abajo a la teoría

Para aquellas parejas que están completamente seguras de que el amor también cansa, siento decirles que hay teorías que no permiten usar de pretexto “es que después de tanto tiempo todo cambia”. Ledia Gutiérrez, sexóloga y sicóloga, asegura que el amor no nace ni se hace, pero sí se conserva.

Gutiérrez sostiene que hay elementos concretos que no deben pasarse por alto, como por ejemplo: abundancia de amistad. Ante todo debe reinar un clima de amistad, la pareja no sólo sirve para besarse, acariciarse y en últimas instancias sólo para hacer el amor, sino para hablar de lo que más les gusta y de lo que les molesta.

Amor maduro

¿Es posible “vivir felices y comer perdices” cuando se quiere vivir un noviazgo o matrimonio de años?. Para la especialista la respuesta a esta interrogante se encuentra en un sentimiento: el amor maduro.

Este amor no es como los otros. Aquí las mariposas no revolotean en el estómago cada vez que aparece el ser amado y no es necesario estar las 24 horas del día juntos para mantener el afecto.

Alcanzar esa plenitud, según Gutiérrez, supone un gran esfuerzo, ya que la persona debe trascender el primer estado irreal de felicidad y reconocer que, después del enamoramiento, tarde o temprano, cada uno intentará recuperar su autonomía con sus antiguos hábitos.

Cuando el sopor se desvanece el amante despierta y se siente engañado por su compañera. ¿Qué pasó con el hombre comprensivo y tierno que escuchaba y daba consejos? ¿Dónde está la mujer descomplicada que no se molestaba para nada?.

“Cuesta creerlo, sobre todo si se tiene un corazón romántico, pero es inevitable caer en la rutina. Por eso la especialista recomienda que en lugar de aferrarse con nostalgia a la euforia pasional de los primeros meses o años, la pareja debe adaptarse a las circunstancias para intentar una felicidad cotidiana que sea más fácil de realizar.

Otro de los puntos importantes que enfatiza es que se deben mantener las palabras afectuosas dentro de la relación, pues un simple “te quiero”, “corazón”, “mi vida”, serían tan profundas que bastaría mencionar solamente una para llenar o apartar a un lado un mal momento de la otra persona.

“Hay que saber llenar sin empalagar, sin caer en los extremos. Las palabras pueden llenar, pero también empalagar, porque si te dan mucho empalaga y si es poco te quedás vacía o vacío” recalca.

Dentro de una relación es importante mantener la identidad de cada cual, de manera que hay que respetar los espacios, sin permitir que uno predomine sobre el otro. “Creo que es muy importante que la pareja no se entregue tanto, de tal forma que pierda el respeto por sus derechos y los otorgue a la persona que está compartiendo con ella. Hay que dar con medida y recibir con medida”.

Decir la verdad, ¿qué quiero? Expresar lo que se quiere es darse su lugar, pedir lo que te gusta que te den y lo que te gusta dar. “Aceptar que tu pareja está dispuesta a darte y a recibir”, concluye la especialista.

Reglas básicas

El amor verdadero es el que busca el bien del otro. Se es feliz cuando se hace feliz a la otra persona. Según Enrique Rojas, el decálogo para mantener el amor verdadero, sería el siguiente:

Enamorarse y mantenerse enamorado:

El amor, con el paso del tiempo requiere de otras armas que irán transformando ese amor apasionado en otro más maduro, tejido e hilvanado de generosidad, entrega, renuncia, alegría y olvido de sí mismo.

Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón: al principio todo es sentimiento, emoción y/o pasión. Más tarde, todo debe ir siendo más racional, sin que los sentimientos pierdan sus rasgos.

Cuidar el amor: El amor se desmorona, se viene abajo, se hunde y se oxida si no se lo cuida.

Utilizar las herramientas que nos ayudan a seguir enamorados: Las dos más urgentes son la inteligencia y la voluntad.

Luchar por no descuidar aspectos esenciales del amor: Los componentes fundamentales del amor son: sentimientos, ideas, creencias similares, arte de la convivencia, compromiso y dinamismo, los que unidos a la inteligencia y a la voluntad, forman esta gran orquesta.

Si la pareja tiene ya relaciones sexuales: se tiene que saber que la sexualidad desempeña un papel importante en la relación y que debe estar centrada en la comunicación.

Compartir sentimientos, ideas y creencias asegura su permanencia: En las creencias compartidas se encuentra el apoyo que nos mantiene en pie. Es preciso contar con una fe y unos ideales comunes, si se quiere mirar en la misma dirección con esperanza.

Comprometerse por encima de todo: No hay amor auténtico si no existe compromiso. Si el amor es brindarse, es algo muy serio. Exige la libertad del otro, es más, su libertad queda comprometida en el amor.

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