- De las siete personas que venían en el bus, sólo murió uno: el hijo del chofer
- Tres postes y muchas vidas resultaron afectados en cuestión de segundos
Iván Olivares B. [email protected]
El desprendimiento inesperado del eje trasero de un bus de la Ruta 163 (Managua), causó la muerte de Leonardo Betanco López, de trece años, quien viajaba en el mismo medio de transporte de regreso a casa, luego de haber ido hasta Sabana Grande para llevarle el almuerzo a su padre, don Juan Betanco Jarquín, de oficio conductor.
De hecho, era don Juan quien conducía el bus que se accidentó a eso de las dos de la tarde de ayer, cuando venía de regreso a Managua, y transitaba a 200 metros al este de la Kola Shaler.
Los testigos del percance coincidieron en sus versiones con el conductor del bus y el capitán Sócrates Castillo, jefe de Tránsito del Distrito Seis de la Policía Nacional, al narrar cómo ocurrió la desgracia: el bus sufrió el desprendimiento del eje trasero, volviéndose incontrolable.
Durante 30 angustiosos metros, la pesada mole amarilla se arrastró contra un paredón de tierra, destruyendo un poste de concreto del tendido eléctrico, y dos de metal de los que soportan cables telefónicos, antes de quedar atravesado en la vía asfáltica.
Para desgracia de la familia Betanco López, el costado derecho del bus, exactamente a la altura de la ventana donde viajaba el muchacho, chocó contra el poste de concreto que lo golpeó mortalmente.
VERSIONES DISTINTAS
En lo que no hay coincidencia es en cuanto a la razón del daño sufrido por el eje trasero.
Don Juan cree que se zafó un perno que causó el daño descrito, pero el capitán Castillo sospecha que el percance ocurrió porque el chofer se distrajo mientras ingería un bocado de su almuerzo, lo que lo habría llevado a perder el control del vehículo.
Don Juan admitió que sí estaba comiendo, pero rechaza la tesis del jefe policial.
Luego de más de una hora de atraso vehicular, las filas de autos estacionados en ambos extremos del sitio del accidente, pudieron finalmente seguir su camino.
Una mancha de sangre coagulada en el centro del pavimento, era la señal visible de que alguien había perdido la vida en aquel sitio. Cuando los vehículos comenzaron a pasar, y la grúa quitó el bus de en medio de la vía, la sensación de pesar comenzó a disiparse, hasta que una camioneta de Enacal partió en dos, sin saberlo, el gran coágulo rojo.
Cuando eso pasó, los familiares de Leonardo supieron que estaban solos con su dolor.
