LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Henry Vargas en su despacho.

Henry Vargas: la difícil vida del corresponsal de prensa

Ramón Vargas inició como corresponsal de prensa en los difíciles tiempos de la dictadura somocista. En ese entonces tenía el seudónimo de “Kilambé”; cuando comenzó la guerra empezó a firmar como “Henry” y así se quedó llamando hasta hoy. Mario Fulvio Espinosa [email protected] Casi al penetrar por la tranquera de los 72 años, Ramón Enrique […]

  • Ramón Vargas inició como corresponsal de prensa en los difíciles tiempos de la dictadura somocista. En ese entonces tenía el seudónimo de “Kilambé”; cuando comenzó la guerra empezó a firmar como “Henry” y así se quedó llamando hasta hoy.

Mario Fulvio Espinosa [email protected]

Casi al penetrar por la tranquera de los 72 años, Ramón Enrique Vargas Etienne siente circular por su sangre, en lugar de glóbulos rojos o blancos, las palabras, oraciones, notas y artículos que sirven para codificar los mensajes periodísticos. Se levanta sereno para proclamar a estas alturas: “Si volviera a nacer volvería a ser periodista”.

“Mi apellido es francés porque mi abuelo era francés. El ‘Henry’ es el nombre que adopté trabajando para LA PRENSA, pero también tenía un seudónimo, yo era ‘Kilambé’. Cuando comenzó la guerra empecé a firmar como ‘Henry’ y así me quedé llamando hasta la fecha”, cuenta.

La historia de Henry Vargas está entretejida con sufrimientos, sacrificios, lágrimas y frustraciones, pero más con honradez, ética, fraternidad y heroísmo.

Con algunas variantes, quizás insignificantes, me atrevo a decir que en Henry se ve reflejada la vida sufrida de muchos corresponsales de prensa que se desempeñan en los municipios y cabeceras departamentales de Nicaragua.

Hablar de Henry Vargas también es traer a la mente a la pequeña Condega, pueblecito bucólico del norte del país donde se respira paz, paciencia y convivencia.

Pero da la casualidad que él no es originario de ese lugar, sino de Masaya, donde nació el 19 de diciembre de 1929, y de donde salió para no volver cuando sintió la necesidad de ser “alguien”, compulsión que lo llevó a estudiar en Managua para al fin graduarse como maestro de Educación Primaria.

“Recién graduado me mandaron a trabajar dos años a Montelimar, allí me gané una beca de la UNESCO para estudiar a Patzcuaro, Michoacán, México.

Allá hice cuatro años de Educación Fundamental con la condición de que, al regresar, brindara mis servicios magisteriales en Río Coco, entre los mískitos, para introducir entre ellos el español”.

LE ESCAMOTEAN LA BECA

“Me fui, pues, a Waspam, en Río Coco, y de allí a una comunidad que se llamaba San Carlos. Cuando se perdió el Territorio en Litigio recibimos instrucciones de conscientizar a los mískitos que quedaron detrás del río para que se sintieran nicaragüenses. Eso fue más o menos en los años 51 a 54. El trabajo se hizo, y el jefe de educación primaria, que era el profesor Abraham Rocha, nos ofreció como estímulo una beca para ir a estudiar a Argentina.

“Cuando llegué de vacaciones a Managua comencé a visitar al embajador argentino para saber algo de ese país. Para no cansarte el cuento, la beca se dio. Un viernes que yo llegué donde el embajador, éste me dijo: “Ideay, ¿qué estás haciendo aquí?, yo te hacía ya en mi tierra”. Me fui donde Rocha a averiguar y me dijo: “No, aquí está tu nombramiento, vas de vuelta al Río Coco, lo que pasa es que la beca se la dimos a la profesora Olga Durán. Me molesté, rompí el nombramiento y se lo tiré a la cara, entonces me expulsaron del Ministerio de Educación y mi nombre fue puesto en un famoso Libro Negro que tenía el gobierno.

CORRESPONSAL EN TIEMPOS DE LA GUARDIA

¿En qué circunstancias decides trasladarte de Masaya a Condega?

Antes, cuando aún estaba en el Río Coco, se me había despertado la inquietud de escribir, y escribía en el periódico de un señor de apellido Rojas y Jarquín. Eso despertó más mi vocación hacia el periodismo, y al regresar a Managua fui a buscar trabajo a un programa sobre la malaria que tenía el Punto Cuarto, cuyo director era el señor Alejandro Robleto.

Me dieron la plaza, y al mismo tiempo me fui a LA PRENSA, allí me recibió muy bien Chepe Chico Borgen que en paz descanse. Le expliqué que quería escribir para el periódico y él aceptó.

Me vine a Condega, y desde ahí escribía para LA PRENSA con el seudónimo de “Kilambé”, por la sencilla razón de que me había infiltrado como secretario de los AMROCS, que eran fuerzas tenebrosas al servicio de Somoza. Todos se preguntaban quién era el denunciante “Kilambé”, y los mismos somocistas se culpaban entre sí, entre ellos Santiago Baldovinos, Romeo González, Juan María Pérez y otros.

Llegué en 1960, quiere decir que en este año 2002 voy a cumplir 42 años de vivir en Condega.

Con el tiempo, el doctor Pedro Joaquín Chamorro me dio un carnet de corresponsal que aún conservo.

Cuando comenzó a tomar forma la insurrección contra Somoza, yo entré más de lleno en la lucha. Nunca descubrieron quien era “Kilambé”, pero sí que yo era corresponsal de LA PRENSA. Eso me creó problemas con la Guardia, a tal extremo que cuando ocurrió la masacre de las familias del profesor Julio Castillo Ubau y de su esposa Vilma González, asesinados por la EEBI junto con el concuño que se llamaba Juan Guillén, su esposa Aura Velia y una niña de nueve años, yo tuve que huir de Condega.

Eso sucedió el 3 de mayo de 1979. Huí porque en mi casa funcionaba una farmacia que tenía el Frente, y aquí venían los “Muchachos” a llevar medicinas para la montaña, entre ellos Omar Cabezas, ya cuando estaba en Cantagallo.

Para esa masacre yo tuve que huir, no me fui para Honduras como dicen, me fui a la finca de mi esposa a un lugar que le llaman la comarca del El Pire, o sea la Labranza Número 1, allí pasé la toma de Condega, que fue liberada el 14 de junio de 1979.

Aquí se combatieron cuatro noches y cuatro días porque Condega era el bastión que le convenía al Frente, ya que de aquí se puede salir hacia todos los puntos cardinales.

Se dirigió la toma de Condega desde un lugar llamado Cantagallo, donde ya estaba “El Danto”. Estaba también Omar Cabezas en un lugar llamado San Jerónimo. Elías Noguera fue uno de los que dirigió, pero el que penetró directamente aquí con la gente fue un obrero campesino que se llamaba Emilio Monzón, que tenía el seudónimo de “Raúl”… Fue un gran combatiente al que acompañaban gente joven, entre ellos el “Turquito”, estaba la “Angélica” y otros.

Al pasar la guerra quedé trabajando con LA PRENSA. Cuando ocurrió la división de ese periódico pasé al Nuevo Diario, soy fundador de END, le siento cariño. Como corresponsal de END abarcaba tres departamentos, Estelí, Madriz y Nueva Segovia.

¿Cuándo llegaste en 1970 a Condega ya venías casado?

Yo he sido casado dos veces, la primera en Managua con la señora Nubia Hernández, que después fue diputada somocista, nos separamos. Con ella tuve dos hijos: Ricardo y Lucía. Se fueron con ella en julio del 79. Después ya aquí, divorciado y todo, me casé con mi actual esposa, la profesora de educación secundaria Pastora Olivas Martínez. Ella es legítima condegueña.

Otra cosa, quiero agradecer mucho al fallecido periodista Eugenio Leytón que después de Chepe Chico me ayudo.

¿Cuál ha sido el balance de tu vida periodística?

Bueno, la experiencia más agradable ha sido la aceptación que me han dado los segovianos. Tengo un título que me declara “Hijo Dilecto de la Ciudad de Condega”, así como otros que me han otorgado las autoridades municipales de los tres departamentos, la Policía, la ex alcaldesa Martha Adriana Peralta.

No es que quiera vanagloriarme, pero he puesto en práctica la honestidad, la honradez y la ética que tú allá en la UCA y mis otros profesores supieron inyectarme. No los he defraudado.

El problema, Henry, es que al llegar a la edad de nosotros te ves en medio de un montón de títulos y reconocimientos, pero también rodeado de pobrezas y necesidades.

Eso es innegable. Aquí en Condega hay un desempleo del 80 por ciento. Vos vas al centro de salud y no encontrás una pastilla, hay escasez de maestros, y sobre todo que los famosos institutos autónomos que diz que son gratis, cobran indirectamente matrícula y mensualidades.

El municipio de Condega tiene 30 mil habitantes, sus habitantes son padres de familias muy pobres, con cuatro o cinco hijos que pasan necesidades y hambre.

El último problema grave, sobre todo en las comunidades rurales, es el de las pandillas que abundan en Estelí.

Lo que sí sé es que la población es muy buena, aún no vivimos enjaulados en nuestra propia casa, todavía te podés sentar en la acera sin correr peligro.

DROGAS Y OTRAS LACRAS

Otra cosa que realmente está perjudicando a la juventud es la droga, aquí se consume mucha droga y mucho licor. Algunas gentes dicen que tiene que robar para poder vivir.

En Condega sólo existen nueve policías que atienden las comunidades rurales y la ciudad. Yo he investigado que los sábados y domingos sólo tenemos tres policías, el oficial de guardia superior y dos más.

¿Cómo era Condega cuando llegaste?

Tenía unas costumbre muy sanas, sobre todo cristianas católicas. De 1960 a esta parte la Iglesia ha perdido adeptos porque sus jerarcas le están dando un cariz político.

¿Después de tantos años, le recomendarías a un hijo que estudie periodismo?

Realmente usted sabe que eso se lleva en la sangre. Yo sólo tengo una hija, los otros viven en Estados Unidos, pero tengo un nieto que este año se bachillera, pero no quiere ser periodista y piensa estudiar derecho internacional.

EL PERIODISMO SE LLEVA EN LA SANGRE

El despacho de Henry es pequeño, pero está repleto de papeles, documentos y periódicos viejos. Ahí tiene la vieja cámara fotográfica y una máquina de escribir que casi bota las teclas. También hay recortes de periódicos muy valiosos, pues en ellos se encuentran acontecimientos históricos para ser consultados.

¿Cómo definirías la profesión y la vida del periodista?

Esa pregunta francamente es difícil. Como periodista a veces lo que ganás son sinsabores, pero vos sentís que estás comprometido, eso se te mete en la sangre, es una cosa que no la podés obviar. Estará conmigo hasta que me muera. Ando en los 72 años, pero siempre con la picazón.

En la parte desagradable, tú sabes que el comunicador no es moneda de oro, aquí vienen a buscarme porque creen que el periodista es el jefe de Policía, el juez, el alcalde, y quieren que uno les solucione sus problemas, y cuando no podés se ponen malos y dicen que sos aliado de los poderosos, de la Policía, etc.  

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: