- Partidos tradicionales ticos menospreciaron a tercera fuerza que planteó un saneamiento ético y moral de la política.
Ciudadanos dieron
campanazo de alerta sobre su molestia, pero es exagerado hablar de crisis del sistema político, dicen analistas.
Alberto L. AlemánEnviado [email protected]
SAN JOSÉ.- Costa Rica es una nave que surca aguas desconocidas. El fortalecimiento de una tercera fuerza política forzó a una segunda ronda en la elección presidencial, algo que jamás pasó en 50 años, y el sistema de dos partidos dominantes salió seriamente herido.
Los analistas coinciden que una creciente insatisfacción con el modo tradicional de hacer política, y el hastío con el deterioro de los estándares morales de la administración pública manifestado ya hace cuatro años —y al que no se le prestó atención—subyacen en el resultado de la elección presidencial del domingo pasado.
Curiosamente, serán los representantes de las élites tradicionales quienes librarán la batalla final, pero si se ha llegado a ese punto, es porque uno de cada tres electores que acudieron a las urnas a votar lo hicieron por otros candidatos.
“Se ha confirmado el problema del desprestigio de los partidos políticos tradicionales”, afirma el analista costarricense Rodolfo Cerdas.
Especialmente preocupante es el abstencionismo. Éste creció en un punto porcentual con respecto a las elecciones de 1998, cuando Miguel Ángel Rodríguez fue escogido Presidente. El 30% de los que podían votar no ejercieron su derecho. Los analistas esperan que en la segunda vuelta sea mayor el fenómeno, algo visto en democracias estables.
En Costa Rica, de una población de cuatro millones de habitantes, unos 2 millones 279 mil personas están en el padrón electoral.
EL MAYOR PERDEDOR
Para nadie los resultados serán quizás más aleccionadores que para el Partido Liberación Nacional (PLN), del legendario líder José María Figueres, o “Pepe” Figueres.
Así como la abrumadora elección de Charles de Gaulle en Francia en 1958 marca el inicio de lo que se llama la V República, la aprobación de la Constitución vigente en 1949 establece el punto de partida de la época moderna de la política tica, tras la última guerra civil de 1948.
En todos esos años, el PLN, tradicionalmente una fuerza socialdemócrata, nunca alcanzó menos del 40% del voto. Nunca perdió dos elecciones consecutivas, al contrario de sus rivales de la derecha agrupados en la Unidad Nacional u otros. En 1986 se constituye el Partido Unidad Socialcristiana (PUSC), heredero de las anteriores agrupaciones.
La historia cambió. Rolando Araya, un ingeniero químico de 54 años, sobrino del ex presidente Luis Alberto Monge —por tanto miembro de un destacado clan de la política tica— recibió apenas el 31% del total. Su rival socialcristiano, Abel Pacheco, quedó primero con 38.5%, a un punto y medio del necesario 40%.
Según coinciden los analistas, Araya subestimó al Partido Acción Ciudadana (PAC) de su ex correligionario Ottón Solís. Éste hizo una campaña centrada en la lucha contra la corrupción, por la honestidad administrativa y contra las prácticas clientelistas del PUSC y del PLN. Solís le arrebató miles de votantes al PLN, sobre todo entre los jóvenes y la clase media urbana, poseedora de una buena educación superior.
La campaña liberacionista careció “de entusiasmo”, señala Rodolfo Cerdas, y “de la debida fuerza”, según el analista tico de origen nica, Jaime Ordóñez.
Los errores de la estrategia también tienen su parte. Araya contrató nada menos que a Dick Morris, el ex estratega de las campañas de Bill Clinton, pero en ésta, Morris no la pegó. Su foco en la figura del candidato, un hombre con escaso carisma a pesar de sus largos años de comentarista televisivo, no resultó. En diciembre, el enfoque se cambió a acentuar la historia y logros del PLN, la fuerza “que hizo a Costa Rica el país que es”, según los eslóganes.
No obstante, en privado, Araya “es un excelente interlocutor”, le caracterizó un diplomático europeo. “Es capaz de hablar de cualquier tema; es un sabelotodo”.
Por otro lado, Araya no logró cohesionar las distintas corrientes internas de su partido. “(En el PLN) existe un canibalismo político”, sostiene Ordóñez.
A pesar de todo, Cerdas afirma que no hay diferencias sustanciales entre las propuestas económicas de Araya y Solís. “Las diferencias son más bien de ritmo, forma”, apuntó.
¿EL HOMBRE DE LA “ANTIPOLÍTICA”?
En la otra acera, Abel Pacheco, un psiquiatra de 68 años dotado de carisma y una extraordinaria habilidad para hablar en un lenguaje sencillo que llega a las grandes masas, hizo una campaña mejor. Pero “se durmió en sus laureles” y no fue lo suficientemente efectivo para ganar en la primera vuelta a pesar del fantasma de una segunda, según la politóloga Juany Guzmán.
“La elección de Abel Pacheco fue ya una protesta contra la cúpula del PUSC y contra su dirigente máximo”, el ex presidente Rafael Ángel Calderón, enfatiza Cerdas. Calderón, hijo del conocido líder del mismo nombre, nunca aprobó la candidatura de Pacheco.
Todos los analistas coinciden en que Pacheco se promovió como el candidato “antipartidos”, “anticúpula”, “honesto”.
Sin embargo, la verdad es que el candidato con poses de abuelo bonachón goza del apoyo de una parte de la dirigencia del PUSC, y su equipo de colaboradores está ligado a la actual Administración Rodríguez.
LOS CAMBIOS NECESARIOS
El coqueteo para ganar más adeptos ya empezó. Araya sacó de la jefatura de campaña a su hermano Johnny, y Pacheco rompió con su candidato a la segunda vicepresidencia, el diputado de origen judío Luis Fishman.
El blanco lógico de los mensajes de Araya serán los simpatizantes del PAC de Solís. El candidato del PLN ya asumió varias de las reivindicaciones del segundo, una movida que éste calificó de “cinismo”.
Por otro lado, es más que probable que el Movimiento Libertario, la cuarta fuerza política del país, llame a votar por Pacheco, por la afinidad ideológica. Los libertarios propugnan una política neoliberal, cercana a la política económica del presente gobierno del PUSC.
Los mayores cambios están por venir, pero algunos observadores son un poco escépticos.
“En esta campaña, sólo Solís presentó ideas, un programa. Los otros partidos usaron demagogia, populismo”, expresó en privado un alto cargo diplomático occidental. “Los ticos quieren oír propuestas, no solamente la fiesta, la bulla. Y temo que el próximo Presidente termine siendo elegido con el voto de sólo el 20% del electorado, lo que nos llevaría a una calle sin salida”.
Pero otros no comparten la visión. El coordinador del Proyecto Estado de la Nación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Miguel Gutiérrez, afirma que lo resultados no significan por ahora un peligro mortal para la democracia costarricense, pero sí una seria advertencia.
Y por su lado, Juany Guzmán, directora de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica, apunta al hecho de que “el descontento con el bipartidismo no se expresó fuera del sistema de partidos políticos”.
Acostumbrados a conocer a su futuro Presidente la noche misma de los comicios, los costarricenses deberán ahora esperar hasta el 7 de abril para saber quién ocupará la silla más importante del poder.
NOTICIAS RELACIONADAS:
“Una posibilidad de cambio real ”
Hacia un sistema parlamentarista
Esto ya se veía venir desde hace años
