- La elaboración de cal en el municipio Villa “Carlos Fonseca” ha proliferado en los últimos tiempos
Leslie Nicolás Lacayo [email protected]
Están todas ubicadas a orilla de la carretera y son fácilmente identificables por la blancura de su materia prima. Son las minas de cal, las que están compuestas por caleras con grandes hornos que arden a altas temperaturas a las que se someten los trabajadores.
Hay muchos que ya son expertos en este negocio, hay otros que por la dura situación económica que vive el municipio Villa “Carlos Fonseca”, han copiado la idea de los más viejos y se han dedicado también a producir cal.
Uno de estos expertos y experimentados en el negocio es Fidencio Sánchez Cerda, un hombre de 73 años, de mucho hablar, estatura mediana, pero con una agilidad y fortaleza como la de un muchacho.
Al ver al equipo de LA PRENSA frente a su calera ubicada en la comunidad “California”, rápidamente se acerca a saludar con una naturalidad como si de años conociera a los visitantes.
Las caleras u hornos son la parte principal del procesamiento de la cal, se podría decir que estos grandes dragones de concreto y piedra forman parte de la segunda fase del proceso en general, luego de que la piedra caliza es sacada de las minas pasa a un proceso de cocción.
CON 20 AÑOS DE EXPERIENCIA
Don Fidencio amablemente accede a explicar sobre el trabajo que realiza en su horno. “No me importa decir cómo se hace esto. Fíjese usted que aquí han venido hasta turistas de esos cheles para ver cómo es que cocemos la piedra”.
Lleva alrededor de 20 años trabajando en las minas de cal junto con su familia, en este negocio, considerado su único patrimonio.
Cinco de sus ocho hijos le ayudan en la faena. Todos viven cerca de la mina pero la mayor parte del tiempo la pasan en el “campamento”, una especie de bajareque que tiene junto a los tres hornos.
Sánchez se levanta a las cuatro de la mañana y cierra operaciones a las 2:00 pm. “Aunque cuando estamos horneando pasamos toda la noche despiertos trabajando”.
Aunque en realidad son dos personas las que trabajan por las noches cuando están horneando la piedra, ellos son “los quemadores”, quienes reciben una paga de 300 córdobas por dos días y una noche.
Don Fidencio dice que la bolsa de cal la vende a 15 córdobas. En cada quemada gasta unos 14,000 córdobas y calcula que le queda de ganancia por cada quemada unos 4,000 córdobas, realizando dos al mes como promedio.
UN DURO PROCESO
La elaboración de cal inicia en las propias minas de piedra caliza, donde sacan la piedra con maquinaria y luego es trasladada a los hornos en donde es cocida a altas temperaturas.
Una vez que los camiones depositan la piedra en la calera y la descargan, un solo hombre se encarga de triturar una sola camionada. Según Fidencio Sánchez, con 20 años de experiencia en el “ramo”, cada hombre puede llegar a rajar dos camionadas de piedra normalmente y por ello le paga a 40 córdobas la camionada.
Después se pasa a la preparación del horno, al cual le hacen un repello de lodo. Cada horno puede llegar a medir unos 15 metros de altura.
Cuando el repello está listo siete hombres se colocan adentro del mismo para acomodar la piedra y dos hombres se ubican fuera del horno para ir pasando piedra por piedra a los que están en el interior.
Las piedras se colocan en forma circular y van pasando de mano en mano hasta copar el horno. Luego cuando ya está colocada la piedra se introduce leña al horno por unas compuertas y se prende el fuego.
Una vez que la piedra está horneada después de dos días y una noche de recibir fuego se saca, se amontona y se baña con agua para que ésta se desintegre y se convierta en cal.
