Los EE.UU. y el caso Jerez

Miguel Soto mike@soto-and-soto.com Me refiero al artículo “acerca del caso Jerez” que LA PRENSA publicó el 19 de febrero. En el cual se expone en resumen la preocupación nicaragüense que se observa en el extranjero sobre la metamorfosis del nuevo gobierno. Se nota el rol protagónico de los Estados Unidos en las investigaciones, y por […]

Miguel Soto mike@soto-and-soto.com

Me refiero al artículo “acerca del caso Jerez” que LA PRENSA publicó el 19 de febrero. En el cual se expone en resumen la preocupación nicaragüense que se observa en el extranjero sobre la metamorfosis del nuevo gobierno.

Se nota el rol protagónico de los Estados Unidos en las investigaciones, y por supuesto que no es asunto privado entre Jerez y los norteamericanos, es un asunto público entre el pueblo de Nicaragua y sus representantes.

Los Estados Unidos se han comprometido a ayudar, a trabajar con los demás gobiernos para limpiar sus países del terrorismo, drogas y corrupción. No se puede considerar este compromiso como acción intervencionista sino como un gesto altruista global sin considerar el precio que esas acciones tengan.

Es una vergüenza nacional dejar que otro país tome la iniciativa que le corresponde a Nicaragua, pero es una mayor vergüenza de todo un pueblo, no sólo del gobierno, el no tener las agallas de decir “basta ya” a la corrupción, a los abusos de autoridad y a los atropellos y explotación que se aplican al pueblo nicaragüense.

Claro que es un cuestionamiento directo a la probidad y autoridad moral no sólo del presidente de la Asamblea Nacional, el ex presidente Arnoldo Alemán, por su vinculación estrecha con Jerez, sino a la gobernabilidad general. También es un cuestionamiento a la debilidad de todos los nicaragüenses que consienten la corrupción en todos los campos: social, político y económico del país.

El fondo de todo esto es el grado de impunidad y corrupción por el sometimiento dictatorial y la forma excluyente de gobiernos anteriores que han creado en el ciudadano nicaragüense una apatía política crónica (yoquepierdismo endémico) y es claro que son muchos los nicaragüenses que se creen sin capacidad para cambiar esta situación.  

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