Víctimas silenciosas

“Yo tenía 15 años y mi profesor tenía 26. En las pruebas sistemáticas siempre mi nota era la más baja y de todos los exámenes éste era el único que reprobaba. Al inicio pensé que el profesor me tenía tema, pero después descubrí que era que yo le gustaba”, explica Martha, seudónimo que usaremos para […]

“Yo tenía 15 años y mi profesor tenía 26. En las pruebas sistemáticas siempre mi nota era la más baja y de todos los exámenes éste era el único que reprobaba. Al inicio pensé que el profesor me tenía tema, pero después descubrí que era que yo le gustaba”, explica Martha, seudónimo que usaremos para contar su testimonio.

Ahora Martha tiene 23 años, su voz se quebranta al recordar lo difícil que fue su tercer año de la secundaria cuando por primera vez sus calificaciones de matemáticas estaban reprobadas. En una ocasión la joven le pidió al profesor que le dejara trabajos en casa para así poder recuperar los puntos perdidos, pero éste le salió con una invitación a la cual ella no accedió.

Llegaron los primeros exámenes semestrales y por supuesto que Martha dejó la materia. “Eso me preocupó mucho y por eso accedí a salir con él. Pero después de eso me pidió una relación sexual a cambio de una buena calificación semestral. No sabía qué hacer, y él me amenazaba constantemente con involucrarse en mis otras materias. Accedí sin estar consciente de lo que esto significaba, para mí no era más que salvarme de un castigo y una paliza de mi papá, aunque estaba clara que lo que él hacía no era ético ni profesional”, narra.

Martha comentó con sus amigas lo ocurrido, “les dije lo mal que me sentía, y les pedí consejos porque yo no sabía qué hacer, era una situación horrible, no podía caminar por ningún pasillo porque su mirada siempre estaba encima de mí, me llamaba a la pizarra y me dejaba notitas en mi cuaderno”, cuenta.

Sin embargo, sus amigas se encargaron de regar la voz. Las autoridades del centro se pusieron al tanto del asunto y a Martha se le retiró su matrícula y se le reprobó en la materia.

“El director y mis amigas creyeron que tenía la culpa de lo ocurrido, me dijeron mentirosa y me recomendaron un psicólogo, además dijeron que yo había provocado esa actitud del profesor hacía mi”, explica.

El caso de Martha no está en ningún juzgado esperando justicia, porque tiene temor a que se le dé la espalda una vez más. Se ha dedicado a sanar esa herida con ayuda psicológica.

Pero hay casos insólitos, como el de un profesor que embarazó a una alumna del tercer año de secundaria del centro en que laboraba, y el profesor no fue expulsado porque la joven, que en ese año tenía la escasa edad de 16 años, admitió que estaba enamorada de él.

“La joven se tuvo que retirar a medio año porque el colegio, que es cristiano y privado, no permite tener alumnas en ese estado, sin embargo el profesor no fue suspendido porque su indemnización era una fuerte cantidad de dinero, y el colegio no estaba en buenas situaciones económicas. Además, si el colegio se podía evitar un escándalo lo iba hacer”, cuenta Sofía, una adolescente de 17 años, que nos encontramos en nuestro recorrido. Sofía no nos proporciona más datos por temor a represalias de parte de las personas involucradas.

Quizás muchas jóvenes atraviesan la misma situación, sin embargo no todas tienen la valentía de denunciar al profesor que traspasa los límites del respeto y a la vez hiere la dignidad de toda adolescente, joven o mujer, y en raras ocasiones la del varón.

La psicóloga clínica, Paula Castro, de Fundación Xochiquetzal, te dice lo que debés hacer cuando te encontrés ante esta situación. Como primer punto, hacerle reconocer al agresor de una manera respetuosa, firme y centrada, que te estás dando cuenta de la agresión.

El segundo paso es comentarlo con las personas más allegadas, por ejemplo, los compañeros de clase o de trabajo. Es recomendable porque toda persona que es agredida necesita tener un sistema de apoyo y tienen que ser personas que te tienen confianza, porque si lo ocultás implica que te estás volviendo cómplice o que te gusta. Para contrarrestar el dicho popular, “quien calla otorga”, es mejor tratar de contar el caso.

Como tercer paso, en caso que continué la situación, hay que reiterarlo de una manera más fuerte dejando claro que si no se toma una medida al respecto vas a tener que tomar una actitud más fuerte, en este caso una autoridad civil o a las autoridades máximas de la institución.

“Es importante evacuar con la pareja la situación que se vive, para que en el momento que suceda algo más fuerte tu pareja no llegue a creer que vos alimentaste la situación”, señala Castro.

Atención del MECD

“El MECD recibe entre uno y dos denuncias mensuales de acoso sexual. No es tanto, pero no debería haber ninguno”, afirma la viceministra del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, licenciada Miriam Mántica.

Este bajo índice no precisamente quiere decir que el problema no es grave. Sino más bien que hay casos que se canalizan por otras vías, tales como la Policía Nacional, la Procuraduría de la Mujer o los Derechos Humanos.

“Nosotros instamos a los profesores que protejan a las niñas y que vengan al MECD a denunciar. El MECD está abierto a recibir todas las denuncias y a corregir estos problemas”, indica la funcionaria.

Como Ministerio de Educación, se limitan a atender los aspectos educativos que dañen la dignidad del estudiante, y la imagen del centro de estudios.

“Se toman las medidas administrativas que el caso amerite en el ámbito interno en conjunto con las delegaciones departamentales del MECD”, señala Mántica. Agregando que la Procuraduría es la que se encarga de castigarlos por la vía judicial.

Cabe mencionar que los profesores deben respetar una Ley de Carrera Docente, la cual establece las sanciones, tales como expulsarlo del sistema, o bien suspensión del centro sin goce de salarios, entre otras.

Para interponer una denuncia de acoso sexual los pasos son los siguientes: Se abre un expediente del caso, se hacen las investigaciones pertinentes, y se habla con el afectado, el maestro, las autoridades del centro y los padres de familia.

El MECD, en coordinación con los derechos humanos, dará respuesta al caso, cuando los hechos sean comprobados después de la investigación.

El tiempo que demora el proceso no se puede determinar, ya que eso depende de los trámites y de los juzgados de conciencia. Para mayor información, en caso que tengás que recurrir a una demanda por acoso sexual, podés dirigirte a las instalaciones del MECD, módulo M, planta baja.

¿Qué es acoso sexual?

“Es cuando una persona, hombre o mujer, empieza a perseguir a alguien a cambio de algo. Un mejor puesto, un mejor salario o algún beneficio”, dice Damaris Zepeda, de 26 años y estudiante de Administración Turística y Hotelera. Añade que no hay razón que justifique el ceder a un acoso para acceder a algo. “Las mujeres somos capaces de alcanzar cualquier cosa por nuestro propio nivel intelectual, no sólo porque se es bonita”, concluye.

“Creo que más de alguna vez todas las mujeres nos hemos sentido acosadas en clases, aunque en mi caso no, pero alguna ha comentado algo de un profesor. Si fuera mi caso yo denunciaría el acoso”, afirma Tania, estudiante del tercer año de Administración de Empresas de la UCA.

Agrega que en las calles y en los buses “uno nota la mirada de alguna persona y se siente muy feo, y creo que los hombres deben respetar la forma en que uno se viste”. “A veces uno tiene temor de vestirse de una forma por la manera en que van a pensar los hombres”, dice.

Claudia Mendoza, de 21 años y estudiante de la Universidad de Ingeniería (UNI), opina que “los profesores creen que porque les das la mano o porque les das un buenos días, vos estás pidiendo más nota de la que te merecés. Es incómodo porque tal vez uno sólo quiere ser amable”. Mendoza dice haber sido víctima de acoso sexual, pero no directo, sino más bien indirecto.

“Tenía un profesor que pasaba a las mujeres a la pizarra y veía cómo les quedaba el pantalón, por eso nunca pasaba a la pizarra”, afirma. Agrega que no denunció el caso porque considera que “todos los profesores son iguales y nadie les hace caso”.

“Es una manifestación masculina a la que se ve expuesta la mujer y que se realiza en el seno familiar, las escuelas y en los trabajos. Es una violación y falta de respeto hacia la integridad femenina”, dice Darling Reyes Espinosa, estudiante del segundo año de Derecho.

Reconoce que nunca ha sido víctima de acoso sexual, no así sus compañeras de clases.

“Por experiencia propia no sé que es acoso sexual, pero lo que entiendo es la persecución de alguien para obtener algo de otra persona”, explica Martha Hernández, de 29 años. Hernández opina que existen “pocos casos de profesores que acostumbran a hacer malas miradas a las alumnas”.

José David Valdés, de 22 años y estudiante de Ingeniería Electrónica, dice que “a veces uno mira a las mujeres porque son bonitas, su forma de vestir, pero ellas se ponen nerviosas”.

“El hostigamiento de los hombres cuando uno está en contra de algún tipo de relación”, entiende por acoso sexual María Elena Leiva, de 31 años.

Leiva afirma haber sido víctima de acoso en varias ocasiones. “Cuando vas en el bus de repente sentís que te vienen rozando o que te vienen viendo. Reacciono violentamente ante esas actitudes”, asegura. La joven cree que no hay que dejarse manipular por nadie, “ni por jefes ni por maestros”.

Abuso de poder

“El acoso sexual desde un punto de vista psicológico es una condición que en todo caso violenta cualquier derecho, sea un derecho físico o emocional que tiene toda persona de sentirse libre. Es una condición que limita, bloquea y que en determinado momento cierra el círculo de libertad. Toda persona que acosa generalmente ejerce alguna situación de poder sobre la persona que es acosada. El acosador puede tener un interés físico, psicológico y un interés meramente sexual”, explica Castro.

El límite entre un acoso y una reacción natural puede ser una mirada, según dice.

“Esto es algo muy sutil y muy difícil de determinar, sin embargo el acoso raya ese límite de sutilidad porque se convierte en algo que te lacera”, explica.

Castro considera que desde el momento que una persona le insinúa a la otra que no le parece la forma en que la está viendo y está continuamente observando, la situación se puede convertir en acoso, porque ya le advertiste que te hace sentir incómoda.

“Si es la mirada de alguien que te queda viendo en la calle, muy difícilmente te vas a sentir acosada, porque es una mirada circunstancial, sin embargo no es el mismo caso con una persona con la que se tiene contacto y que necesariamente tenés que ver”, recalca la especialista.

Castro señala que es importante saber que la mujer no es la que provoca el acoso, “el hecho de que vos andés una falda hasta la punta de la nalga no implica que el hombre tenga derecho de desnudarte con la vista ni a decirte cualquier cosa que lastime”, añade.

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