En defensa de Carolina

José Humberto Jarquín B. Quiero hacer del conocimiento de don Enrique Bolaños que mi hija Carolina Jarquín, segundo Cónsul de Nicaragua en Miami, Fla., entre sus funciones atiende a los inversionistas extranjeros que desean hacer negocios en Nicaragua, prestando toda clase de colaboración, información y agilizando los trámites correspondientes dentro de sus funciones consulares, etc. […]

José Humberto Jarquín B.

Quiero hacer del conocimiento de don Enrique Bolaños que mi hija Carolina Jarquín, segundo Cónsul de Nicaragua en Miami, Fla., entre sus funciones atiende a los inversionistas extranjeros que desean hacer negocios en Nicaragua, prestando toda clase de colaboración, información y agilizando los trámites correspondientes dentro de sus funciones consulares, etc.

Por tal motivo me pidió ayudar al señor Ricardo Edouard, ciudadano haitiano, para que le agilizara la instalación de una línea telefónica que necesitaba para su negocio.

En esta fecha yo estaba desempeñando mis funciones de subdirector general de Telcor y recomendé también al mencionado señor quien deseaba obtener una visa que le permitiera entrar y salir del país; desde luego que Migración no otorga las visas si no llenan los requisitos obligatorios para ello.

Mi intención fue únicamente colaborar con la inversión que promueve el gobierno al cual pertenecía y mencioné a mi hija en dicha carta, pues no habiendo en éste ninguna cosa turbia o incorrecta, no vi la razón de omitir su nombre.

¿Qué padre de familia va a perjudicar a su propia hija?

Es obvio que nadie puede adivinar o imaginar las verdaderas intenciones que mueven a personas a venir a nuestro país, como en este caso el señor Edouard quien es uno de los involucrados de tener un telepuerto, lo cual me enteré al leer el periódico.

Con orgullo puedo expresarle que mi hija ha desempeñado su cargo siempre con honestidad y he sido felicitado muchas veces por personas nicaragüenses y extranjeras por el profesionalismo, eficiencia y gentileza que caracterizan a Carolina en su labor de cónsul y don Enrique lo podrá comprobar con los cancilleres anteriores.

En los cinco años que fui subdirector general de Telcor trabajé para servir a mi partido liberal, a mi pueblo y a mi patria, con honestidad y transparencia. Me enfermé de cáncer hace dos años y pagué los gastos de mi enfermedad con mi seguro de los Estados Unidos, sin costarle ni un centavo a la institución donde trabajaba.

Confío en Dios que tanto el Sr. Presidente como Cancillería no formen su juicio con noticias que llevan mala intención que dañen la honorabilidad de las personas, y tomen en cuenta la verdad expuesta en esta carta.