El Cerrito de Boaco

Monumento natural de las palomas,que jugaban a hacer lazos en el aire,cuando los jóvenes de entonces,hacían del amor una esperanza,en sus faldas de oscuranas y presagios.Sus árboles verdes escondían,algún desliz de primavera.El verano seco y ardiente,lo poblaba de barriletes de colores,de primeras citas rosas,que se entornaban en los ojos,de requiebros de las ariscas hembras.Aun en […]

Monumento natural de las palomas,
que jugaban a hacer lazos en el aire,
cuando los jóvenes de entonces,
hacían del amor una esperanza,
en sus faldas de oscuranas y presagios.
Sus árboles verdes escondían,
algún desliz de primavera.
El verano seco y ardiente,
lo poblaba de barriletes de colores,
de primeras citas rosas,
que se entornaban en los ojos,
de requiebros de las ariscas hembras.
Aun en el invierno más furioso,
era el signo de los caminantes,
el reposo de la nube que va lejos,
el sonido del viento en su cumbre,
desasosiego de partida inmediata.
Todos quisimos tu regazo plácido,
guardador de nuestros infortunios,
el agua en el camino largo,
cuando la sed arrecia y llega el tedio,
y el final apenas se vislumbra.
No perderte en la distancia del tiempo,
última visión desde el camino largo,
visión permanente desde el Panteón,
desde el fondo de mi corazón.
El Cerrito espera por nosotros,
y nosotros llenos de autopistas,
y lugares remotos y desconocidos.