Jóvenes con espíritu altruista

En un día de vacaciones, en la piscina de Xilonem, Ana Maritza Vargas Estrada presenció la forma en que un niño murió ahogado. Ese día, la entonces joven, quedó impresionada de ver que nadie pudo hacer nada para salvar la vida del menor. Desde ese momento tomó la firme decisión de capacitarse en primeros auxilios. […]

En un día de vacaciones, en la piscina de Xilonem, Ana Maritza Vargas Estrada presenció la forma en que un niño murió ahogado. Ese día, la entonces joven, quedó impresionada de ver que nadie pudo hacer nada para salvar la vida del menor. Desde ese momento tomó la firme decisión de capacitarse en primeros auxilios.

Han transcurrido 17 años desde aquel incidente, el mismo tiempo que Vargas tiene de ser voluntaria de la Cruz Roja Nicaragüense.

Cuenta que al inicio de su voluntariado era difícil, porque tenía que hacer sacrificios para poder asistir a la clases, tales como dejar realizadas las obligaciones en su hogar, aparte de las tareas escolares. Levantarse de madrugada e ir a la laguna de Xiloá para las prácticas de guardavidas, y los días sábados ir a las clases de primeros auxilios, eran su rutina.

Pero todo este sacrificio ha servido para cosechar muchos méritos, tales como ser la única mujer a nivel latinoamericano que ha sido partícipe de múltiples cursos de capacitación y haber aprobado éstos satisfactoriamente. Sin embargo, no todas las áreas son su pasión, ya que lo le gusta es la seguridad acuática, y todo lo que es guardavidas. Uno de los recuerdos más gratos que tiene de su generosa labor, es la vez que hizo un rescate de unos gemelos en el año 1994 en la laguna de Xiloá.

La mayoría del tiempo, Vargas está involucrada en la capacitación y el monitoreo de cursos. También se ha desempeñado como instructora principal del área de voluntariado. No obstante, en Semana Santa se le verá en cualquier balneario del país cumpliendo con su labor de responsable del equipo de salvavidas.

“Organizar, coordinar todos los elementos que prestan servicio, desde motorizado y los que prestan primeros auxilios, hacer el rol de protección que hacen los guardavidas en los balnearios, encargarse del aspecto logístico del personal, son parte de sus funciones en temporada de verano”, dice.

Todas las funciones que el equipo de jóvenes socorristas pueda realizar son voluntarias, por ende no hay remuneración monetaria. Sin embargo, la Cruz Roja proporciona los vestidos de baños, cremas para el cuerpo, los tres tiempos de comida y el transporte.

Cabe mencionar que la labor de un socorrista no sólo es estar vigilando las playas, a la vez éstos atienden partos de emergencia, personas heridas, y todo lo que normalmente ocurre en estas temporadas.

Al igual que Maritza, existen miles de jóvenes con espíritu altruista que entregan su tiempo, con dedicación y amor a la humanitaria labor de salvar vidas. A la vez, hay muchos casos en que los jóvenes se integran a este tipo de trabajo para salir de malos pasos.

“Una satisfacción muy linda”

El 19 de septiembre pasado se integró al equipo de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Nicaragua (ABVN), Alexander Bermúdez González, de 24 años de edad. En esta decisión tuvo que ver su primo, que es parte del equipo de primeros auxilios de los bomberos. “No tenés nada que hacer en la casa, anda ve qué onda”, dijo.

Bermúdez, en ese período no estudiaba ni trabaja, por lo cual su familia lo apoyó en la decisión. Bermúdez ya pasó la primera etapa.

“He estado en dos siniestros, uno de ellos fue en el Mercado Oriental en un incendio de pólvora, estuve de apoyo con las mangueras y el otro fue un accidente de tránsito en el que colisionaron tres vehículos y unas señoras salieron lesionadas. Mi labor fue tratar que la gente no interfiriera en el trabajo de los paramédicos”, narra con mucho orgullo.

Bermúdez admite que en cada salida se tiene temor, “uno no sabe lo que le puede pasar”, pero los muchachos tratan de apoyar a los voluntarios, “o sea que no se nos expone al peligro”, comentó.

A la vez describí como una experiencia muy linda el subirse al camión con el fin de salvar vidas, “la reacción de la comunidad es la satisfacción más linda de todo esto. Cuando le salvás la vida a alguien no es importante pagar con dinero, sino dar las gracias por la ayuda”.

Actualmente la labor de este joven es en el área de comunicaciones, él da la orden de salida para las emergencias, lleva los informes de las incidencias de las 48 horas, tiempo que dura el turno, y controla llamadas tanto telefónicas como vía radio, entre otras funciones.

En sus tiempos libres, Alexander dedica tiempo a la lectura y a su novia, la que está muy contenta de tener a una pareja de buen corazón y con el don de servir a la comunidad.

Al concluir, el voluntario insta a la juventud que prueben esta experiencia, “también porque es bueno para vivir alejado de las drogas, las pandillas, y de la vagancia”, enfatizó.

“Es parte de mi vida”

Desde muy pequeña se interesó por ayudar a quienes necesitaban de su apoyo, pero no fue hasta que entró a la universidad que tuvo la oportunidad de ser parte del voluntariado social de la UCA, grupo de jóvenes que se dedican a realizar obras sociales. Julieta Arróliga de 17 años, que estudia primer año de Comunicación, es una de las voluntarias más destacadas por su responsabilidad y entrega hacia los demás.

Su día lo siente completo cada vez que regresa de cualquier misión que le deleguen, más si se trata de trabajar con niños. Su primera tarea fue trabajar con el proyecto “REMAR NIÑA”, donde pasaba largas horas de labor dando apoyo académico a niñas abandonadas por sus padres, por problemas económicos o por maltrato familiar. “Esas niñas me necesitaban y yo no podía negarme a ayudarles”, comentó.

Después de seis meses de pertenecer al voluntariado, actualmente trabaja encomiablemente junto con un grupo de compañeros, con los hijos de los comerciantes del Mercado Israel Lewites, donde además de impartirles clases para reforzar aquellas materias en las que tienen deficiencia, les da amor, cariño y comprensión, sobre todo aprende algo nuevo cada día en cuanto a servicio.

“Lo que más me satisface es dar cariño, pero mucho más cuando me doy cuenta que no sólo ellos están aprendiendo de mí, sino que yo también aprendo de ellos”.

Desde que se integró este grupo supo que no recibiría ninguna remuneración a cambio, lo único que espera es sentir paz consigo misma y el calor de quienes la necesitan. “Cuando me metí a esto, sabía que no debía esperar nada. Mi recompensa es ver caras alegres cada vez que te ven llegar, porque ven en vos una esperanza, una ayuda. Saber que vas a encontrar amigos dentro de esas personas”.

Voluntarios Universitarios de las Naciones Unidas

Giovanna Rodríguez es una joven recién egresada de Comunicación Social de la UCA, que actualmente se desempeña como voluntaria dentro del programa del Voluntariado de las Naciones Unidas, no sólo para desarrollarse profesionalmente, sino para aportar algo para la gente más necesitada del país.

“Me llamó la atención desde el punto de vista humano trabajar con la gente más necesitada del país, en segundo lugar porque es una experiencia extraordinaria pues creo que voy a crecer humanamente y espiritualmente, además que voy a aplicar todo lo que sé a favor de un grupo determinado y de mi país”, dijo.

Claudia Schwartz trabaja dentro del proyecto desde hace un año, tiempo que lo considera muy fructífero y gratificante, pues es una oportunidad de conocer la realidad social como Psicóloga.

Piensa que definitivamente lo mejor que podés recibir es la satisfacción de saber que estás ayudando a transformar la realidad en estos sectores y no sólo estar esperando a que llegue un proyecto y se resuelvan las cosas como por arte de magia.

“Es como darle las herramientas para que ellos mismos vayan apoderándose de su realidad y poco a poco vayan encontrando soluciones”.

Bismarck Alfredo Martínez Rodríguez, de 24 años, fue seleccionado para ingresar al programa a través de una convocatoria que hizo la Universidad. Hoy este joven siente que lo mejor que está haciendo es compartir sus conocimientos, “con la gente y las instituciones de escasos recursos que verdaderamente lo necesitan”.

Ligia Téllez, una simpática joven socióloga de 23 años, se integró al voluntariado para aportar sus conocimientos y a la vez incidir en la realidad y en la problemática social de su país.

“Dentro de este proyecto se me ha permitido convivir con la gente y trabajar conjuntamente. Es muy importante porque a veces se obvia la parte de sensibilización social y a nosotros nos ha tocado trabajar como parte de organización, capacitación, seguimiento y monitoreo de este proyecto, lo que te permite crecer como ser humano y poder entrar en la realidad e incidir en ella”.

Rosa Odily Quiroz, de 23 años, y futura ingeniera civil, dice que ésta es su primera experiencia de trabajo, pero que lo más importante es que se está involucrando con la población de los barrios pobres, donde está aportando sus conocimientos, además que a través del programa sacará su título universitario.

Marina Baldizón, que trabaja en calidad de tutora voluntaria, inició sus labores dentro del programa en Ocotal, y dice que lo interesante de todo esto es que trabaja con un equipo que está empezando su experiencia profesional, pero que además tienen las ganas de aportar al desarrollo local.

Su aporte con la sociedad es lograr que haya vínculo entre la universidad y la comunidad. “Este tipo de actividad ayuda a estrechar esta relación y si no existe ayuda, pues a motivar a que se establezcan algunas actividades para lograrlo”.

Requisitos de los bomberos

El ingeniero Jaime Delgado, presidente de la Asociación de Bomberos Voluntarios de Nicaragua, explica que el voluntario debe presentar un récord policial y una fotografía.

En caso que sea un menor de edad quien desee ser voluntario debe presentar una carta de aprobación de sus padres o tutor. Claro está, que las funciones del menor son diferentes que las de un bombero de mayor edad, por el factor riesgo. Señala que al voluntario no se le impone un horario, sino que el joven decide qué días y qué tiempo le dedicará a la labor. Cabe mencionar que es importante que el voluntario no tenga antecedentes penales, por la magnitud del trabajo que se hace, ya que a veces se debe entrar a las residencias de las familias y éstas recomiendan la búsqueda de documentos, joyas o dinero.

El bombero debe aprender varias etapas, tales como la comunicación, el control del puesto de mando, manejo de camiones, primeros auxilios y hasta un poco de mecánica. Los jóvenes voluntarios cuentan con un seguro de muerte, o sea que la institución cubre con los gastos del sepelio, y de igual manera cuenta con los beneficios del hospital de Gobernación. A la vez se cuenta con un equipo de médicos y cirujanos plásticos, que dan respuesta a los bomberos voluntarios.

La institución proporciona el equipo de trabajo y a la vez pone a la disposición un comedor que les abastece de alimentos. En Managua hay un promedio de 600 voluntarios y un aproximado de mil a nivel nacional. Sin embargo, siempre es necesario el apoyo de los voluntarios, pues entre más grande sea la red de hombres trabajando, mayor y mejor seguridad se da a la ciudadanía en caso de un desastre. Comenta, que hay casos que los padres llevan a sus hijos a la institución para que éstos salgan de la vagancia, y esto da resultado, pues “hoy por hoy ellos son personas muy responsables”.

Si estás interesado en pertenecer al cuerpo de bomberos debes ir a la oficina de inscripción ubicada del Hospital Bautista 3 cuadras abajo, en Managua.

¿Cómo ser un socorrista?

Si deseas servir a la sociedad, junto al equipo de voluntarios de la Cruz Roja, debes ser mayor de 17 años; tener tercer año de secundaria aprobado; récord de Policía y certificado de salud. Una vez inscrito debes aprobar el curso de socorrismo, que tiene una duración de ocho meses.

En este período al voluntario se le da capacitación sobre primeros auxilios, aspectos básicos de doctrina de Cruz Roja, historia y principios de esta misma. Una vez aprobado el curso el joven puede optar a una especialidad, tales como buzo, guardavidas, rescate terrestre, entre otros.

La Cruz Roja cuenta con un aproximado de dos mil voluntarios a nivel nacional. Si deseas inscribirte podés abocarte en la dirección nacional de capacitación, al teléfono 2651307 con Raúl Duritz, director nacional de capacitación.

¿Qué es el VNU?

Según Moisés López Vizuete, de nacionalidad española y coordinador VNU en Nicaragua, este proyecto es un programa de asistencia técnica en el cual se involucran voluntarios internacionales, en el caso de Nicaragua, y especialistas nacionales, con la alternativa de que el año pasado se abrió una nueva categoría que se nombra “Voluntarios Universitarios”, siendo éste el equipo más grande que se tiene en Nicaragua.

Este proyecto contempla una cantidad de 36 jóvenes profesionales recién egresados de la UCA y de la UNI, durante el período de dos años repartidos un año por equipo. Están realizando actividades de apoyo a las municipalidades y a proyectos de vivienda social (PRODIAH) y agua y saneamiento (APAS-Managua).

“Estamos trabajando en diferentes municipios de Nicaragua. Compartimos con el grupo de jóvenes que está trabajando con la Alcaldía de Managua, la Unión Europea, el PNUD en el proyecto que se llama APAS, donde se trabaja en cinco barrios pobres de Managua en el mejoramiento de los asentamientos humanos, como una de las prioridades dentro del proyecto”, afirmó.

Por ser un proyecto especial, aclara que es un convenio entre el PNUD, la UNI y la UCA que contempla la integración de un número limitado de alumnos que fueron seleccionados por ser los mejores alumnos por un lado y “por otro que tuvieran la disposición de trabajar en lugares alejados de Managua o en los barrios, siendo ésta una misión básicamente social con la población más pobre de Nicaragua.

Se hizo la selección limitada por ser un proyecto piloto, donde la condición era que fueran seleccionados con título en el caso de la UCA o egresados, pero que les faltara todavía el diploma de ingeniería en el caso de la UNI.

Actualmente no hay convocatoria, por el hecho de ser un programa nuevo con los universitarios, pero se espera que en un futuro, cuando se amplíe el programa, se puedan integrar nuevos universitarios interesados en aportar su granito de arena a la sociedad pobre de Nicaragua”, explicó.