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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Un congreso ordinario

Este fin de semana se celebrará el tercer congreso del FSLN, un evento importante para el país porque ese partido es la segunda fuerza política del país —que en las últimas elecciones presidenciales obtuvo casi un millón de votos— y uno de los partidos de izquierda más reconocidos de América Latina.

Los preparativos de este congreso del FSLN han estado envueltos, igual que los dos anteriores, en un intenso debate de sus militantes y simpatizantes sobre las expectativas de cambios en la conducción del partido, así como en sus concepciones ideológicas, planteamientos políticos y relaciones con la cúpula del PLC y con el gobierno. Sin embargo, por voluntad de sus dirigentes superiores será un congreso ordinario en el que lo único importante —además de la reelección de Daniel Ortega y Tomás Borge— será la abolición de la Dirección Nacional y su reemplazo con un Consejo Nacional que al menos formalmente será más representativo.

En este congreso sandinista se reunirán también comunistas, socialistas e izquierdistas en general de diversas partes del mundo, que aprovechan estos eventos para reconstruir o fortalecer sus vínculos y mecanismos de colaboración. Y esta congregación de izquierdistas internacionales llama necesariamente la atención porque se hace en el contexto de la lucha general que está librando el gobierno de Estados Unidos contra el terrorismo internacional, el cual, como es sabido, casi siempre es de carácter ideológico y de tendencia política izquierdista.

Por otro lado, según la información que adelantaron los organizadores del congreso sandinista, no hay ninguna posibilidad de que en dicho cónclave se plantee el gran debate que actualmente concita la atención del izquierdismo internacional. Este debate, según el doctrinario socialista español Nicolás Sartorius gira alrededor del problema de que la izquierda ha perdido la batalla de los valores y las ideas como consecuencia de que el socialismo real (países comunistas y revolucionarios) enfrentó los principios de la igualdad contra los de la libertad, y perdió la batalla. Este problema también afecta a la izquierda nicaragüense que, mayoritariamente, se agrupa dentro del FSLN y alrededor de él, y según los disidentes sandinistas, la dirigencia del partido no quiere permitir ese debate porque ha renunciado a los principios y porque está enfrascada en el afán de conservar el control de la organización y usufructuar los beneficios del pacto libero-sandinista.

De manera que lo que a juicio de Sartorius es el reto fundamental de la izquierda contemporánea (o sea, “aceptar el vaciamiento de la democracia o profundizar en ella en todas las direcciones (…) aglutinar una nueva mayoría social en torno a la conquista de una democracia avanzada, que globalice el bienestar, las oportunidades, que reparta mejor el poder, la riqueza, la cultura, el medio ambiente, que es la forma de ser cada vez más libres (…); y que devuelva la hegemonía a los poderes democráticos y democratice la riqueza y el bienestar a todos los niveles como condición de la expansión de la libertad”), es cosa que no perturba el sueño ni los negocios de la dirigencia del FSLN.

En consecuencia, en el congreso ordinario del FSLN que se verificará este fin de semana será menospreciada la demanda de los sandinistas disidentes que quieren un debate a fondo sobre los problemas de principios, y demandan la aprobación de cambios políticos e ideológicos de altas miras —comenzando con la ruptura del pacto libero-sandinista— y que el partido respalde de manera expresa la lucha contra la corrupción alemancista, en vez de seguirla protegiendo.

Como sea, el Frente Sandinista sigue siendo un factor muy importante de la vida política e institucional del país, debido a la fuerza de su organización y por la cuantía de su caudal electoral. Y mal que bien, el FSLN ha evolucionado en el sentido de que ha abandonado las estrategias de lucha desestabilizadoras (asonadas) y se ha concentrado en el debate parlamentario, las negociaciones y los acuerdos políticos, que es como funciona el sistema democrático.

Lo malo es que el FSLN ha utilizado su fuerza electoral y parlamentaria para legitimar la corrupción alemancista, sin dudas porque su dirigencia ha sido partícipe de esa misma corrupción y porque está amarrada al lastre de la piñata y de los conflictos personales del señor Daniel Ortega.  

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