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Iglesia hacia tolerancia cero

La reunión que hubo esta semana en el Vaticano, entre los 12 cardenales de Estados Unidos y el Papa Juan Pablo II, sobre el problema de los abusos sexuales que han cometido algunos clérigos de ese país contra menores de edad, no tiene precedentes.

Como se sabe, la histórica reunión que se celebró el martes y el miércoles recién pasados, fue motivada por el escándalo internacional derivado de las denuncias públicas que se hicieron contra algunos sacerdotes de los Estados Unidos, a quienes se les acusa de pederastas. Estos, con su anómala conducta pusieron en entredicho a la Iglesia Católica norteamericana, que además, en vez de enfrentar la situación de manera rápida y resuelta, y castigar a los culpables, atribuyó las denuncias a la “maledicencia” de los medios de comunicación y a una “campaña demoníaca” de supuestos enemigos de la Iglesia Católica.

Sin embargo, el Vaticano comprendió que no se podía ni debía seguir ignorando ese grave problema que daña el prestigio de la Iglesia, no sólo de Estados Unidos sino que de todo el mundo, porque las faltas de unos pocos sacerdotes se le atribuyen injustamente a todo el clero. Y por supuesto que la mejor manera de resolver el problema es enfrentándolo y castigando a los culpables de pederastia, como es necesario hacerlo según la ética cristiana y los cánones eclesiásticos.

En realidad, ésta no es la primera vez que la Iglesia Católica aborda el problema de la pederastia y la sexualidad dentro del clero. Según los documentos históricos, la primera vez que la Iglesia abordó estos problemas fue en el Concilio de Elvira, que se celebró en el año 306 ó 307 de nuestra era. Pero en aquella oportunidad la pederastia no era un problema de los sacerdotes, sino como un delito que se cometía fuera de la Iglesia. Y la decisión del Concilio de Elvira fue que no se debía administrar la eucaristía a los pederastas, ni siquiera en el momento de la muerte.

Otras discusiones importantes sobre problemas de sexualidad en el clero fueron las del Concilio de Nicea, en el año 325, que prohibió a los curas vivir con mujeres que no fueran la madre, hermana, tía u otras no susceptibles de relaciones sensuales; y en el Concilio de Trento, que se reunió entre 1545 y 1563, que impuso la obligación de templanza a los obispos y cardenales, y castigo para los curas concubinarios.

Ahora, la Iglesia Católica encabezada por el propio Papa Juan Pablo II ha tomado en sus manos el grave problema que estalló con ribetes de escándalo en Estados Unidos de Norteamérica, y convocó a los cardenales de ese país para examinar el asunto con toda franqueza, y adoptar las necesarias medidas disciplinarias.

Al respecto el Papa Juan Pablo II fue claro y categórico, al proclamar durante la inauguración del cónclave de esta semana en el Vaticano, que “la gente necesita saber que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para aquellos que causan daño a los jóvenes”. Luego, los cardenales norteamericanos informaron en una inusitada conferencia de prensa que se había adoptado la regla denominada “one strike and you’re out” (una falta y fuera del ministerio sacerdotal), o sea, tolerancia cero a los abusos sexuales y la pederastia dentro de la Iglesia Católica. Una regla que se discutirá y que seguramente se aprobará de manera definitiva en la conferencia nacional de obispos norteamericanos que se va a celebrar en junio próximo en Dallas, Texas.

Sin dudas que es un gran avance en beneficio de la misma Iglesia Católica, que se desmitifique esta clase de problemas en que se ven envueltos algunos sacerdotes, con cuya conducta dañan el prestigio de todo el clero. No es justo ni correcto que la gran mayoría de los sacerdotes que viven de acuerdo con las normas de la moral cristiana y los principios católicos de la castidad, sufran las consecuencias por las actitudes anómalas de unos cuantos clérigos.

Sin dudas que la decisión del Vaticano de afrontar y discutir abiertamente este problema, que es la única manera de resolverlo, va a fortalecer a la Iglesia Católica y a elevar el prestigio de sus ministros.  

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