Guillermo Cárdenas Montalbán*
Tradicionalmente la ciudad metropolitana de León ha sido muy visitada por ciudadanos del resto del país como de diferentes partes del planeta. Esto es producto, en el mayor de los casos, por su status de Ciudad Universitaria y de la impresionante atracción turística de sus templos católicos, los cuales poseen un llamativo diseño barroco y gótico que datan desde del siglo XVII.
La desaceleración económica que vive nuestro país es evidente y en este departamento se percibe palpablemente la agobiante crisis económica desagradable y brutal. Trasladándonos al centro de León donde se encuentra su mayor movimiento, nos encontramos donde fue la “Esquina de los Bancos”, retrocediendo algunos años, esta esquina sirvió como punto de referencia para cualquier dirección que una persona solicitara a algún ciudadano leonés.
En aquel entonces la Esquina de los Bancos lo conformaron: la esquina noreste donde funcionaron en primer lugar el desapreciado Banco Inmobiliario, luego funcionó el Banco de la Producción (Banpro) y después que éste se trasladó a sus modernas instalaciones, funcionó el extinto Banco Mercantil (Bamer).
En la esquina noreste el famoso y controversial Banco Nacional de Desarrollo (Banades). En la esquina suroeste el Banco de Crédito Popular (BCP).
De los bancos antes mencionados ninguno existe, con la salvedad que el Banco de la Producción funciona en sus propias instalaciones. Ubicándonos de donde fue la Esquina de los Bancos una cuadra al norte nos encontramos con la infraestructura del último banco fuera de circulación el Banco Nicaragüense de Industria y Comercio (Banic).
La crisis financiera creada por la quiebra de los diferentes bancos es un reflejo de que la infraestructura económica de Nicaragua es deficiente, a tal grado que la ciudad metropolitana enfrenta hoy en día la mayor crisis económica en su historia, testimonio de esto es el cierre de muchas empresas, grandes, medianas e inclusive pequeñas, producto de la falta de apoyo financiero y técnico, agudizándose aún más el problema cuando la ciudad crece de una forma acelerada y desordenada.
Los años de bonanza económica son añorados por los leoneses de aquellos años sesenta y setenta donde alcanzaron elevados rendimientos productivos a consecuencia del auge del algodón alcanzando su punto máximo en el año de 1978 y gozando aún de su alarde productivo a inicios de los años ochenta. Todo esto hoy es historia y la realidad es otra, donde la agricultura está completamente inoperante, tanto así que en las zonas rurales de León el paisaje que se percibe es devastador, reflejo de la forma deteriorada y sin cultivos de la tierra, la cual ni siquiera es propicia para pasteo.
La ganadería se mantiene de una forma displicente tratando de sobrevivir con las uñas, sin dar señales de mejorar, por la falta de apoyo financiero y de asistencia técnica.
El sector industrial leonés está por desaparecer, empresas que fueron motivación para la ciudadanía como Cartonica, Agrosa e Implagsa son cosas del pasado, logrando sostenerse empresas como la procesadora de cuero Bataan y la Empresa Harinera (Harinisa).
El comercio atraviesa dificultades mayúsculas al carecer de recursos económicos para dinamizar los negocios, los supuestos compradores no poseen el circulante necesario para comprar lo ofrecido, lo que ha presionado el cierre de tiendas de todo tipo, a tal grado que en la plaza de compra metropolitana, la cual cuenta con una gran cantidad de módulos para negocios, únicamente funcionan cinco.
Las fuentes de empleo en la metrópoli están en su punto mínimo, en su mayoría lo aportan empresa de servicios como bancos, y de servicios básicos, aportando un gran apoyo la pequeña y microempresa. Es obvio que esto no es suficiente, los leoneses están haciendo de todo para sobrevivir, rentan habitaciones para estudiantes crean microempresas de comediría, lavado y planchado para estudiantes, turista y para todo aquel ciudadano que demande el servicio.
La ciudad universitaria, segunda ciudad en importancia en el país, debe de estar en las prioridades del Gobierno Central, el cual debe crear programas específicos de corto plazo tales como el proyecto de fábrica de Arneses Eléctricos para automóviles. Pero hay que estar claro que esto no es suficiente, tanto para León como para Nicaragua, es necesario reactivar y rehabilitar la agricultura y la ganadería, las cuales permitan ubicar una gran cantidad de mano de obra que no podrán calificar para las posibles empresas industriales. Se debe fortalecer el espíritu empresarial con apoyo financiero y técnico de forma directa que ayude a estimular el deseo de afianzar la mediana, pequeña y micro empresa, la cual se ha convertido en el único sostenimiento en los últimos años.
La administración gubernamental tiene la posibilidad de sectorizar la producción y definir un plan de trabajo para cada departamento o región, resto permitirá que el Gobierno Central esté en coherencia con los diferentes gobiernos locales y trabajen sobre un plan específico, donde se pueda aprovechar y sacar ventajas de las costumbres, de los gustos y de las condiciones climatológicas.
Se debe crear una política de ampliación de crédito, que pueda funcionar a intereses medios y bajos, paralelo a una guía de posibles inversiones en lo que todos los sectores productivos estén vinculados y comprometidos a ser partícipes del engranaje económico y productivo.
La empresa privada debe tomar la responsabilidad de ser el vehículo poderoso de cambiar la situación, de fomentar la diversidad de productos y servicios, como también de las técnicas de producción que les permita estar a tono con los tiempos modernos.
La ciudadanía debe cooperar con las autoridades policiales para que esta ciudad siga siendo tranquila, calma y tractiva por la gran seguridad que le brinda a todos los que la visitan.
Actualmente la ciudad de León hace honor a su status de Ciudad Universitaria, la cual cuenta con seis universidades las que deben estar comprometidas y dar su aporte científico e investigativo en pro de mejorar las condiciones económicas de esta ciudad, su trabajo debe ser de alto nivel científico que le permita armar la sincronización entre gobierno, empresa y gobierno local para poder dinamizar el flujo de bienes, servicios, recursos y dinero de las empresas y las familias.
Es evidente que los tiempos han cambiado y se debe enfrentar la realidad con responsabilidad de todos los sectores para poder mejorar un poco. Hoy ya no existe la Esquina de los Bancos, pero el punto de referencia se expresa en tiempo pasado “donde fue la Esquina de los Bancos”.
El autor es economista y profesor de Economía de la Universidad de Occidente.