Cornelio Hopmann*[email protected]
A veces uno se queda con la boca abierta al ver cómo, aprovechándose de su posición anterior y de su formación, personajes ilustres quieren salirse con un “Yo no fui”.
Un ejemplo más constituye el artículo de opinión en LA PRENSA del día domingo 28 de abril, donde una vez más el Dr. Noel Ramírez, ex presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), pretende defenderse de esa forma.
Yo no soy Doctor en Economía pero, por mi primer título académico como matemático, sé restar y sumar; además conservo en copia electrónica toda la información más relevante que se ha publicado en el campo de la economía en los últimos años. Analicemos por tanto, paso a paso, lo expresado por el Dr. Ramírez.
Reservas internacionales: al sacar un balance —y el indicador de las reservas es un balance— normalmente se deben restar los pasivos de los activos. Ahora bien aunque en reservas brutas el país al 31 de diciembre del 2001 tenía 400 millones, restando las obligaciones externas a corto plazo, en reservas ajustadas tenía 150 millones. Pero si se restaban además las obligaciones monetarias internas a corto plazo, quedaban precisamente los 16 millones de los que el presidente Bolaños habló en su discurso del domingo antepasado.
Desde hace un buen rato, el Banco Central orientado así por el Dr. Ramírez, usaba los Ceni, el encaje legal y otros instrumentos en córdobas —que son obligaciones internas— para comprar dólares, y de esa forma incrementaba artificialmente las reservas netas. Fue el mismo truco como el de Menem y Cavallo en la Argentina. El FMI se dio cuenta de ese truco desde hace 2 años y medio, más o menos, y por eso decidió definir para Nicaragua un criterio de evaluación de las reservas internacionales netas ajustadas RINA, para medir el nivel real de divisas disponibles. Al finalizar el año pasado había 16 millones de dólares en RINAS, contra 180 millones 3 años antes.
El Dr. Ramírez como ex presidente del BCN lo sabe perfectamente. Hay que añadir que a Nicaragua le faltó poco para declarar el “default”, como Argentina, por no tener la capacidad de honrar los compromisos monetarios internos adquiridos, y si no fuera por la habilidad del nuevo ministro de hacienda y del nuevo presidente del banco central, no hubiéramos salido de esos aprietos. Aunque los documentos mencionados son internos, se han vendido muchos de ellos al exterior como junk-bonds (bonos de tasa fija con alta rentabilidad), razón por la cual había presión masiva del exterior.
En cuanto a la quiebra de los bancos: el Dr. Ramírez sin ninguna base legal extendió un cheque en blanco, a pagarse por todos nosotros. En lugar de extender una garantía en blanco a todos los cuenta habientes y a la banca receptora, se debería de haber garantizado sólo depósitos hasta un cierto límite, por ejemplo como en los EE.UU., de 15,000 dólares, y evaluar a los demás en el proceso de liquidación y transferencia de activos. Eso hubiera cubierto hasta el 95% de cuenta habientes, pero hubiera costado menos de la mitad de lo que costó lo que se hizo. Y lo que se hizo no sólo se favoreció a grandes capitales especulativos y a la banca adquiriente de los activos sino muy probablemente se curaron en salud precisamente muchos de aquellos que por medio de testaferros y fantasmas quebraron a los bancos.
En cuanto a los bonos de indemnización: fue el gobierno del Dr. Alemán el que distribuyó más que 600 millones en esos bonos. Por un lado, en vista de que los confiscados no querían los bonos sino sus propiedades, al Gobierno se le fue la mano arriba al valorar muchas propiedades para calmar a los dueños originales. Por el otro, muchos de los ricos nuevos —Geninsa es sólo la punta del iceberg— hicieron el negocio de su vida: promovieron desde sus posiciones en el gobierno la indemnización con bonos, para comprar a precio de guate mojado las mismas propiedades apenas legalizado el traspaso a los supuestos beneficiarios. Si se hubiesen adquirido las mismas propiedades por los mismos precios de los mismos ocupantes actuales para devolvérselas a los confiscados —como ellos reclaman— se hubiera gastado mucho menos de la mitad y se hubiera resuelto en gran medida el problema. A ese daño al erario deben sumarse las pérdidas por operaciones inverosímiles con propiedades entre el Banic y el Ministerio de Hacienda, beneficiando a unos pocos con créditos millonarios pero no recuperables.
Gracias a la “política exitosa” del Dr. Ramírez y del gobierno al cual pertenecía, la condonación de la deuda externa en el marco de la iniciativa HIPC muy probablemente no tendrá efecto ninguno para las finanzas públicas del país, puesto que lo necesario para el servicio de la deuda interna sobrepasará en creces lo ahorrado por la condonación.
* El autor es aficionado en Economía.