Freddy Potoy [email protected]
Cualquier nicaragüense celebraría las pretensiones de los miembros de la cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), si en verdad sus palabras y escritos fueran sinceros al decir que están dispuestos a colaborar para que haya cero tolerancia para la corrupción en nuestro país.
Sin embargo, el mismo texto que hicieron circular los dirigentes del PLC hace dos días con una serie de “advertencias” al presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, no pasa de ser un reflejo de su temor a ser transparentes como partido y como ex funcionarios de un gobierno de este país.
La cero tolerancia y el apoyo en la lucha contra la corrupción, así como la colaboración para el buen desempeño de políticas económicas, sociales y de seguridad nacional, por ejemplo, no puede ni debe estar condicionada al cese de las investigaciones sobre actos de corrupción de la administración anterior.
Creo que es el momento que el PLC se renueve, se limpie de muchos personajes que le han causado serio deterioro a este partido y no deben ver este giro hacia la transparencia como un ataque a su futuro.
Mal hacen los miembros del PLC al pretender infundir el temor no sólo al presidente, sino a los nicaragüenses, de que si se sigue atacando la corrupción que cobija a ex funcionarios del gobierno de Arnoldo Alemán y miembros activos del PLC, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), volverá al poder. Eso no es cierto y quienes crean así, además de los miembros del PLC, están en un craso error y subestiman al nicaragüense y sus pretensiones de hacer de este país algo mejor. Creo que el FSLN ya no es una opción política adecuada dirigiendo Nicaragua, a menos que vuelva a nacer una dirigencia limpia de tanto lastre que acarrean Daniel Ortega y su grupo. Alemán no es el PLC.
Si Estados Unidos piensa que si don Enrique lleva esto más allá de lo previsto políticamente puede causar algún daño al PLC y generar un beneficio al FSLN, también estaría equivocado.
Tienen que surgir nuevos líderes honestos, despojados de cualquier hálito de autoritarismo, prepotencia, totalitarismo, desprovistos de ambiciones de enriquecimiento ilícito, con una mentalidad que conlleve a Nicaragua hacia la institucionalidad y el respeto de los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Creí que a don Enrique le temblaría la mano para castigar a los corruptos, pero parece que no, y digo que parece que no, porque de pronto pueden haber arreglos políticos entre ellos (los miembros del PLC) y las cosas se calman. Sí temo que de pronto Estados Unidos como “buen componedor” se meta en esto y diga: “basta ya, basta ya… suficiente… ya tuvieron su merecido”. Si esto ocurriera, qué mal se vería el gobierno de don Enrique.
Don Enrique también debe prepararse para los actos de corrupción que seguro se presentarán en su gobierno y como dicen los policías en su jerga, “tiene que echarlos p’lante”.