Marco A. Valle Martí[email protected]
Estimaciones conservadoras —basadas en cifras preliminares de la Policía Nacional— revelan que son jóvenes un poco más del 60 por ciento del total de detenidos (40,437) a nivel nacional el año pasado, estando el 43 por ciento entre 18 y 25 años y, el resto entre 26 y 30 años. Simultáneamente, son jóvenes quienes más cometieron asesinatos (más de 85), homicidios (más de 240) y, se involucran en delitos de lesiones (más de 4,000). Así mismo, la tasa de variación (2001/ 2000) de detenidos entre 18 y 25 años, se incrementó un poco más del 15 por ciento, lo que significa que es mayor si se incluye el grupo de 26 a 30 años.
En otro orden, Nicaragua tiene una tasa de crecimiento poblacional de aproximadamente 2.7 por ciento y, un alto porcentaje de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, puesto que el 72 por ciento tiene menos de 30 años, representando 24 por ciento quienes oscilan entre 18 y 30 años, lo que sugiere que en el siglo XXI se mantendrá la preponderancia de los y las jóvenes en la población total.
Igualmente, el 30 por ciento de los hogares en Managua tienen de cabeza a mujeres de las que no menos del 45 por ciento están desempleadas, y recepciona entre el 35 y 40 por ciento de las migraciones internas que, en su mayoría tienen más hijos que el promedio nacional y nivel educacional más bajo que los de las zonas urbanas.
De cara a este cuadro, nos formulamos la pregunta ¿cuáles son los factores que explican que los y las jóvenes, dentro del total de detenidos, representen el mayor porcentaje y expresen una tasa de variación con tendencia al ascenso?
Vayan estas primeras ideas. Nuestro país tiene una estructura de edad en que prevalece una cohorte joven que tiene escasa capacidad de generar recursos, mientras sí tiene necesidades —alimentación, educación, salud, y cultura entre otros— que la familia y la sociedad deben satisfacer para transformarlos en adultos productivos. Mas lo que sucede es que, los adultos han tenido reducidas esperanzas de conseguir empleo, la cohorte joven tiene un coeficiente alto de dependencia familiar y la mayoría vive en la pobreza o la pobreza extrema, en tanto los adultos jóvenes que están buscando construir su vida independiente difícilmente encuentran trabajo, además su nivel de educación es precario, lo que les produce frustraciones profundas ya que se corta su proyecto de vida.
Simultáneamente, la crisis de valores guías incide, en algunos casos, en la producción de comisores de violencia social, intrafamiliar, delitos sexuales, así como en jóvenes que se incorporan en pandillas, se dedican a la narcoactividad, lo mismo que a cometer delitos contra las personas y/o la propiedad. Y si a ello se suma corrupción en las elites y debilidad en la administración de justicia, la propensión al crimen está a la orden del día.
Ahora bien, últimamente se percibe que el gobierno, Policía Nacional, sociedad civil y ciertos organismos internacionales, con participación de la juventud, están impulsando programas y proyectos dirigidos a mejorar los índices de seguridad ciudadana. Ojalá se siga en esa dirección, incorporando sí a la Asamblea Nacional, empresa privada y medios de comunicación, de tal manera que se logre enderezar el destino de la juventud y, Nicaragua.
Consultor en seguridad ciudadana.