Christian Munguía: ¿víctima de su rutina o de un asalto?

Mario Sánchez P. mario.sanchez@laprensa.com.ni El comisionado general Christian Munguía Alvarado, Subdirector de la Policía Nacional, tenía como rutina diaria levantarse antes de las 5 de la mañana, hacer ejercicios físicos, y posteriormente se dirigía hacia la leche agria El Vaquerito, ubicada en la esquina opuesta a la clínica Ixchen, contiguo a donde fue el Cine […]

La mayoría de los detenidos proceden del Barrio “Jorge Dimitrov”, uno de los más peligrosos de Managua.

Mario Sánchez P. mario.sanchez@laprensa.com.ni

El comisionado general Christian Munguía Alvarado, Subdirector de la Policía Nacional, tenía como rutina diaria levantarse antes de las 5 de la mañana, hacer ejercicios físicos, y posteriormente se dirigía hacia la leche agria El Vaquerito, ubicada en la esquina opuesta a la clínica Ixchen, contiguo a donde fue el Cine Salinas, donde degustaba un vaso de ese alimento.

Seguidamente Munguía Alvarado, quien ocupaba el cargo de Inspector General de la Policía, pasaba llevando a su empleada que vive de los semáforos del Riguero una cuadra al sur. Él fue asesinado cuando detuvo su carro porque la luz del semáforo estaba en rojo.

Diversos sectores sociales y políticos especularon que el subdirector de la Policía Nacional fue víctima de una pasada de cuentas por hechos que personas desconocidas no querían que continuara investigando como Inspector General de la Policía.

Sin embargo, el comisionado mayor, Julio González, jefe de la Dirección de Investigaciones Criminales (DIC), sostuvo que “desde ya desmentimos eso. Él fue víctima de un asalto y ya tenemos identificados a los autores”.

Mientras que la comisionada mayor Aminta Granera también desmintió esa versión, y aseguró que el Subdirector de la Policía fue asaltado por dos individuos, uno de los cuales andaba armado con una pistola, posiblemente Makarov, y que a diario se ubicaba en el sitio para asaltar a los transeúntes o conductores de vehículos.

Cuando los dos delincuentes huyeron, conductores de vehículos que pasaban por el sitio y los vecinos corrieron hacia él para socorrerlo, sin saber quién era. Él estaba inconsciente, y de los orificios de bala que tenía en el cuello manaba abundante sangre.

Con ayuda de los vecinos, uno de los testigos levantó a Munguía Alvarado, lo acostaron en el asiento del acompañante y seguidamente el testigo lo llevó al Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños, desde donde dieron aviso a la Policía Nacional.

Según los testigos que rehusaron identificarse, vecinos, un taxista y personas que pasaban por el lugar, los criminales fueron: uno alto, delgado, que vestía de pantalón y camisa azul, conocido como “El Pollo”, y que andaba armado, y el otro delgado, de menor estatura, que vestía una camisa ploma con rayas negras.

Estos sujetos llegaron a eso de las 5 de la madrugada, compraron frito y desayunaron en el negocio, ubicado contiguo al puente, en el lado este.

Posteriormente ambos se ubicaron como todos los días en el barandal del puente. A eso de las 5:55 llegó la camioneta Mitsubishi azul oscuro, placas 202-976, que procedía del sector del Cine Salinas, y se detuvo porque el semáforo estaba en rojo.

Mientras “El Pollo” se quedó observando desde el barandal del puente, el asaltante bajo, presuntamente Erwin Antonio González Valdivia, corrió hacia la camioneta azul, puso los pies en el pescante del lado del conductor y metió ambas manos por la ventanilla que estaba subida a medias.

El conductor de la camioneta, que vestía de civil, comenzó a forcejear con el delincuente que intentaba robarle el reloj y sacarlo del vehículo. Munguía Alvarado intentaba agarrar su arma a la vez que hizo avanzar unos tres metros el vehículo, pero se detuvo porque el delincuente iba colgado.

En ese momento el otro asaltante, arma en mano se acercó y disparó dos veces desde el lado de la puerta izquierda trasera. Una bala entró en esa puerta, a la altura de la manecilla de la puerta del conductor, sin lesionarlo.

Luego hizo una especie de salto hacia atrás y disparó por segunda vez. La bala penetró el vidrio casi a la altura de la esquina superior de la puerta trasera. Fue esta bala la que ingresó en el lado izquierdo de la nuca de Munguía Alvarado y le salió en el lado derecho, cortándole la vena yugular.

Posteriormente, el delincuente hizo otro disparo en la parte trasera del vehículo, y caminando, ambos huyeron por un callejón ubicado en el lado norte del cauce, con dirección a los barrios Oscar Turcios y Enrique Schmidt.

Una señora que no quiso revelar su nombre, quien vive a orillas de la calle, al otro lado del semáforo del Barrio Riguero, dijo que ella estaba preparando el desayuno acompañada de un nieto cuando escuchó los tres disparos del lado norte. También oyó a un hombre que gritó: “¡Me pegaron!”

Aseguró que al asomarse, aún logró ver a los dos hombres que huían, a quienes reconoció porque al igual que otros delincuentes, llegan a diario a asaltar a los transeúntes, conductores y personas que viajan en vehículos.

Era uno alto flaco que vestía de azul y el otro bajo, delgado que usaba una camisa ploma con rayas negras. Aseguró que los reconoce porque acostumbraban pedirle agua.

LA ÚLTIMA QUÉ LO ATENDIÓ

Dulce María Martínez nunca imaginó que el señor “tranquilo, amable” que atendió ayer en la mañanita por cuarta vez en doce días, encontraría la muerte a escasas cuatro cuadras de la leche agria “El Vaquero”.

Ella tampoco supo nunca que ese diario visitante que siempre vestía de camiseta y pantalón corto (porque pasaba por ahí cuando volvía de hacer ejercicios) fuera uno de los más altos jefes policiales. Para ella, el comisionado general Christian Munguía, era sólo un cliente más que atendía cada mañana desde que comenzó a trabajar ahí.

“Él pedía siempre una leche agria con tortilla para comérsela aquí, y otra para llevar, y después se iba”, recordó la joven, que sólo supo del crimen y de la identidad del muerto una media hora después de ocurrido, y no oculta su “pesar porque era tranquilo y nunca me imaginé que fueran a matarlo de esa forma”.

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