- Una final Alemania contra Turquía fue sólo una amenaza
Luis E. DuarteEspecial para LA PRENSA
BERLÍN.- No muy pocos habrán pensado con temor a la paz de esta ciudad las pasiones que podrían generarse de un encuentro entre las selecciones nacionales de dos comunidades que conviven en esta ciudad.
La capital alemana no es una ciudad común, casi el 20 por ciento son extranjeros y la gran mayoría de origen turco, en algunos barrios son hasta el 50 por ciento.
Una final entre Alemania y Turquía era temida por muchos que imaginaban una tensión por las pasiones entre los residentes de la ciudad.
Pero cada victoria turca significó un evento especial en esta ciudad al igual que la salida de la policía hacia los barrios de mayor presencia extranjera.
Los turcos celebraron tranquilamente, de forma inusual para la muy disciplinada vida berlinés.
Se oían pitos donde nadie pita, gritos donde el ruido puede significar una demanda por daños o una visita de la policía.
Ellos salían a las calles pitando, gritando en un inentendible turco y alzando la bandera roja de media luna y estrella.
Aún perdiendo lo hicieron, porque después de todo están entre los cuatro mejores del campeonato.
Los alemanes en cambio han sido aquí hasta ahora apáticos, pero quizá sólo en Berlín y el este.
Ellos no celebran más que los goles, se reúnen en los bares. Los dos únicos lugares públicos donde hay pantalla gigante la estación central de trenes y la Potsdamer Platz, muy mal para una ciudad de cuatro millones de habitantes.
Los berlineses no desfilan en caravanas con sus autos ni hacen manifestaciones cuando ha ganado Alemania.
Es que Berlín no es una ciudad de alemanes, aunque es la capital alemana. No sólo por la gran influencia turca, sino, porque la identidad alemana está dividida aún entre este y oeste. Sin los turcos Berlín no sería Berlín, sería una ciudad alemana más.
Los ossis por su lado, como les dicen a los de la antigua Alemania comunista, nunca le han dado cancha al fútbol, tradición del oeste.
Cuentan que en otras ciudades la euforia es grande, pero aquí, los turcos aún perdiendo son más notados en la calle, con la fiebre de fútbol mundialista que no habían vivido desde hace 48 años.
Incluso en los metros donde se presentan informativos del diario berlinés más popular el BZ, se instaba en los cuartos de final “vamos alemanes, celebremos como los turcos!”.
El Berliner Zeitung colocó incluso en su página política el comentario de la derrota turca, naturalmente escrito por un periodista turco, ahí se alababa el desempeño del equipo.
No está mal, al menos al estar en la etapa electoral alemana, donde la nueva ley de inmigración se ha convertido en tema de campaña ante la falta de nuevas ideas de los políticos, el fútbol ha unido a los alemanes con los turcos.
Pero qué hubiera pasado si ambos equipos se hubieran medido en la final? Ahora no vale la pena suponerlo.
Los medios de comunicación estuvieron siempre solidarios con el desarrollo de los turcos, la televisión estatal pagó los derechos del partido contra Senegal, que estaba fuera de su programa, eso costó unos 24 millones de euros.
No está mal la jugada, en Alemania viven unos nueve millones de turcos y donde la estrella turca Bastürk juega para el campeón de la Bundesliga Bayer Leverkursen.
Ahora pues, seguro los alemanes tienen para la final más barra.
