Edgard Tijerino M. [email protected] prensa.com.ni
“En la vida, todo es asunto de reyes y peones”, le dice Napoleón a Dantes en “El Conde de Montecristo”, y es fácil y acertado agregar, “en el boxeo también”. “Las traiciones y los engaños, dependen del momento”, y “Soy cura pero no santo”, son otras frases de gran significado en la película que sobre la obra de Dumas, pude ver el pasado sábado.Todo eso se aplica también, con un alto grado de precisión, al boxeo.
No se trata de un ajedrez imaginario, sino de algo real: están los Reyes como Don King, como Bob Arum, como lo fue Teddy Brenner, o George Parnassus, o Tito Lectoure, y están los peones, algunos enriquecidos impresionantemente, pero de diferentes maneras, terminando por deslizarse hacia el deterioro y la pérdida de dinero.
¿Cuánto dinero ganó Alí, o Tyson, o Durán, o el Robinson de aquellos tiempos? Difícil de calcular y precisar, pero a todos ellos se les acabó. “Parece un dinero maldito”, dijo en cierta ocasión “Mantequilla” Nápoles al columnista de Excelsior,Manuel Seyde.
¿Qué pasó con todo el dinero acumulado por Rubén Olivares? ¿Por qué no le quedó ni para un hot dog a Kid Gavilán?
EL ARTE DE MANIOBRAR
Todo el que entra al boxeo, promotor, manejador, entrenador, pugilista, está claro que deberá moverse en un mundo de turbulencias, y que si carece de la habilidad necesaria para sobrevivir en esa jungla, está frito.
No es propiamente un asunto de merecimientos sino de capacidad para maniobrar… No se trata de que tan buen peleador tienes en las manos, sino de cómo manejas tus tentáculos.No es de reclamos mostrando una tabla de calificaciones, sino de conexiones, amarres, decisiones tomadas encima de una mesa de negociaciones.
¿Por qué Adonis Rivas peleó con Jair Jiménez por el cinturón mundial de las 115 libras?Cuestión de conexiones amigos, y “bendiciones” de quienes dicen “soy cura pero no santo”.
Y Rivas volvió a ser Campeón Mundial no por arte de magia, sino por la incidencia de quienes estuvieron interesados en su proyección. Como dice Napoleón, se trata de “reyes y peones”, y los que dan órdenes y determinan hacia dónde se mueve el paralelogramo de los intereses, son los primeros.
KING VERDADERO REY
¿Qué boxeador del planeta es más importante que Don King para el negocio? Ninguno, ni Tyson, ni Lennox Lewis, ni Oscar de la Hoya. Por mucho dinero que se les pague, ellos siempre serán los peones.
King es una mezcla de promotor y manejador, capaz de atrapar a los peces más gordos de la pileta y mantenerlos bajo control. Su dominio es abrumador y ha llegado a dar la impresión que sin él, no podría moverse tan vertiginosamente el boxeo actual y sus bolsas.
¿Merecen los apoderados el 33 por ciento del contrato firmado por un boxeador?, le preguntó una vez Sonny Alarcón al Cuyo Hernández, y el estratega y manejador mejicano respondió: “Por supuesto. ¿O crees que es fácil llevar a un boxeador, por muy bueno que sea, a la cima?”
“A simple vista, el 33 por ciento, se ve exagerado, pero cuando revisas todo lo que hay que hacer, entiendes que es una parte justa”, agregó el Cuyo, quien estuvo con Olivares, con Zárate y con Zamora, entre un grupo de “joyas” del boxeo mejicano, todos ellos peones al servicio de un rey, que sabía muy bien cuando sacrificar la dama.
LOBOS Y CAPERUCITAS
“El 33 por ciento, es justo porque sin un buen manejador, un peleador no puede abrirse paso en medio de la telaraña de inconvenientes”, apuntó Yamil Chade, que se caracterizó por un excelente movimiento de piezas.
Maniobras sucias, pero necesarias.¿Hubiera sido posible que Alexis Arguello obtuviera una segunda oportunidad de título mundial en el mismo año si el Dr. Román no hubiera entrado en una negociación que beneficiaba a terceros? ¿Por qué incluso un peleador del calibre del Durán fue víctima de manejos debajo de la mesa? “El boxeo esta lleno de lobos feroces y caperucitas”, escribió Phil Pepe el desaparecido columnista del New York Times, autor de varios libros de ese deporte, entre ellos el excelente “Líneas con punch”.
Hubo un tiempo en que las habilidades de los manipuladores no estaban tan refinadas. Jim Murray escribió que en los tiempos de Frankie Carbo, maleantes se sentaban en ring side con sus pistolas envueltas en periódicos, garantizando que el tipo supuesto a perder, no retrocedería.
LA MAFIA EN ESCENA
“Fue una época de abusos, de extorsiones, de chantajes, durante la cual, mientras los manejadores crecían los peleadores terminaban como limpiabotas o en hospitales”, apuntó Murray.
Sorpréndanse. Cuenta la leyenda que Al Weill fue un eficaz manejador de boxeadores, pero éste a su vez, era “un peón” de Frankie Carbo. Cuando Frank Palermo, Joseph Sica y otros mafiosos entraron al boxeo, el FBI fue tras ellos y quedaron al descubierto varios arreglos de peleas, entre ellos una “opción a la brava” en caso que Dan Jordan derrotara al Campeón Virgil Akins en 1959, durante un combate en peso welter.
Cuando Carbo fue hecho prisionero, desde la cárcel continuó manipulando el boxeo. Era él quien determinaba las mejores posibilidades.
Eso ha cambiado en procedimiento, no en esencia. Los fallos acondicionados, han protegido a las máximas figuras del espectáculo. No interesa que Frankie Randall o Pernell Whitaker se coronen limpiamente, sino que Chávez continue en el trono.
La presencia del “Pague por ver” ha multiplicado las ganancias y simplificado los artificios. Incluso, no interesa ver a más de 50 mil en una cartelera, si la garantía del éxito está en los millones del “Pague por ver”.
La discusión sobre la legitimidad o no de un fallo, se ha popularizado escalofriantemente. Estamos atravesando por una época en que nadie sabe quién ganó si la pelea recorre toda la ruta.
NI MODO, SEGUIRA IGUAL
¿Recuerdan los combates entre John Ruiz y Holyfield?… Los fallos al revés están de moda de acuerdo al juego de intereses. El cómo mover los peones, depende de los Reyes, diría Napoleón Bonaparte, quien nunca estuvo en un ring side, comiéndose un hot dog y descubriendo al final que lo que vio, no era cierto.
Pobre Eduardo “Ratón” Mojica, que sólo consiguió –y no pudo tomarla- una oportunidad de disputar un cinturón mundial, cuando las tres categorías pequeñas se reunían en las 112 libras, y sólo funcionaban dos organismos.
Aún con el advenimiento de las computadoras, la extensión de la TV, la ampliación de los organismos, uno sigue preguntando: “Dime quien está detrás de ti manejando tus intereses, y te diré si tienes posibilidades de buscar un título mundial”.
