- No se entendió con Arce
Edgard Rodríguez C. [email protected]
A través de una potente pegada, valentía a toda prueba y la cuota necesaria de ambición, que le permitió trascender aún con peligrosas desviaciones que amenazaron con truncar su carrera, Rosendo Alvarez logró abrirse paso en el mundo del boxeo y después de dos coronas mundiales, es hoy día un punto de referencia en nuestra historia deportiva.
Sin embargo, para llegar a disfrutar de la brillantez plena del éxito, Alvarez debió pasar muchos días en la oscuridad. Por un lado, intentando mantenerse a distancia de su adicción al alcohol y por otra, tratando de escapar de una relación fracturada por la desconfianza con su apoderado Mario Arce, algo que finalmente consiguió.
“No quisiera volver a cosas del pasado, pero mi experiencia con ese señor (Arce) no fue muy grata. Nunca existió respeto, él mismo se encargaba de divulgar las dificultades que yo tenía y muchos menos que me haya conseguido un par de zapatos por lo menos”, señala el bicampeón mundial, quien se alista para otra defensa de su corona.
Rosendo se coronó monarca de los pesos mínimos (105 lbs.) de la AMB al despojar al tailandés Chana Porpaoin en 1995. Y luego atrapó el cinturón de las 108, al vencer al colombiano Antonio “Beibis” Mendoza, con quien debe enfrentarse pronto. Las cosas ahora le son cómodas, con dos títulos, pero antes pasó muchas complicaciones.
“Sólo imaginate que yo mismo conseguía el patrocinio y él (el apoderado) me quitaba el 33 por ciento. Lo podés consultar. Pedro Solórzano me lo facilitaba en Toyota Rent a Car. Ahora, quien se encargó de mis peleas de trascendencia fue don Luis Spada. Por mí Arce no hizo nada”, asegura el púgil, manejado ahora por su esposa Ana Francis.
Es muy posible que a nivel local, hayan existido relaciones tan difíciles o peores que la de Rosendo y Arce, pero quizá por la difusión que ésta tuvo, muy pocas han llegado a los niveles de irrespeto y al grado de confusión que, para el análisis, generó. Se tornó insostenible y se rompió oficialmente con una conferencia de prensa.
“En lugar de proteger al boxeador, ayudarlo y abrirle el espacio adecuado para que se proyecte a niveles mundiales, la mayoría de apoderados sólo piensan en cuánto le van a sacar al pugilista. Lo exprimen y lo venden al mejor postor. Yo me quedé con Anita y vamos caminando. Hay respeto y confianza entre ambos”, indicó el púgil.
HAY EXCEPCIONES
“La mayoría de gente que anda en el boxeo, anda tratando de sacarle algo al boxeador, pero también hay gente muy correcta y honesta. Una de ellas es don Luis Spada”.
“Spada es una persona con experiencia, respetuosa y siempre empeñada en encontrar el camino que más conviene al boxeador, pero como él no hay muchos”, señala.
