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El “mago” en Cooperstown

Edgard Rodríguez C. [email protected] Aún en esta época, en la que mover el bate, y preferiblemente fuerte, se tornó más que necesario para poder sobrevivir en el béisbol, Ozzie Smith continuó escribiendo su historia con su guante, y lo hizo de una forma tan espectacular, que mañana será exaltado al Salón de la Fama. Nacido […]

Edgard Rodríguez C. [email protected]

Aún en esta época, en la que mover el bate, y preferiblemente fuerte, se tornó más que necesario para poder sobrevivir en el béisbol, Ozzie Smith continuó escribiendo su historia con su guante, y lo hizo de una forma tan espectacular, que mañana será exaltado al Salón de la Fama.

Nacido con manos hechas para atrapar rolins, Smith llegó a convertirse en el torpedero de mejor defensiva en la historia, tanto que capturó 13 guantes de oro de modo sucesivo, en una carrera de 19 años en las Grandes Ligas, mientras asistía en 15 ocasiones al Juego de las Estrellas.

Pero quizá la mayor grandeza de Smith, fue la magia, la plasticidad y toda esa electricidad que le volvió un espectáculo aparte en el juego, mientras ejecutaba jugadas que la mayoría de shortstops no soñaban siquiera realizar. Fue devastador para sus rivales y encantador para los fanáticos.

“Cuando tengo un tiempo libre, lo que más deseo para distraerme, es ver a Ozzie Smith atrapar rolins en las prácticas antes de los juegos. Es sensacional. He tenido la suerte de verlo jugar. Eso ha sido muy estimulante para mí”, dijo en distintas ocasiones el pinolero Marvin Benard.

Smith llegó a ganar 2.34 millones de dólares en 1988 y muchos ceños se fruncieron tras la firma de ese acuerdo. Sin embargo Ozzie probó que valía eso. “Si a los hits que conecta, se le agregan los que evita con su guante, veremos que se trata de un trecentista”, se dijo entonces.

En una ocasión, Smith bateó sobre .300. Fueron 303 puntos en 1987, año el que registró también 75 remolques, su máxima cifra. Al final de su carrera, se fue con 2,460 hits, 580 robos y la marca de más asistencias para un torpedero. Pero sobre todo, se fue con la admiración de todos.

Cuando Cal Ripken se estableció a inicios de los años 80, la posición del short quedó redefinida. Se abrió paso a torpederos de gran estatura y poder, en un sitio reservados para bajos y veloces, pero Smith no sólo logró sobrevivir, sino que continuó llevando su juego a otros niveles.

Ahora ha llegado el momento del homenaje, para quien hizo del fildeo un arte.  

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