- Pero no bajar los brazos
Edgard Rodríguez C. [email protected]
Después de perder su puesto de titular en el jardín derecho durante el Mundial de China, Ramón Padilla recuperó espacio en los Juegos Centroamericanos de Guatemala, donde tronó con furia y dio la impresión que estaba de regreso a su habitual nivel de explosividad.
En la temporada pasada, su promedio fue discreto, pero se hizo sentir en jonrones y remolques, y está de regreso a la Preselección Nacional de béisbol con la pretensión de volver a situarse como rightfielder titular, algo que consiguió por primera vez en 1987 en Indianápolis.
“Desde que vine por primera vez a la Selección en 1986 para los Juegos de Guatemala, vine con la mentalidad de pelear un puesto. Y eso lo he mantenido siempre, incluso cuando se ha afirmado que era uno de los fijos en el equipo”, señala Padilla, con visible orgullo.
Y así persistió durante largo tiempo en el plantel, alterado sólo por una fractura sufrida a inicios de los noventa, pero para 1992 ya estaba de regreso y siempre resultó útil por su juego bravo, un poder indiscutible y el potente brazo que tanta ayuda aportó al conjunto.
“Yo siento que aún puedo ayudar y hay gente en el equipo que también así lo considera. Pero yo mismo sé que ya no soy un niño, que estoy en mis últimos innings, pero aún tengo vitalidad y los deseos de ayudar a la Selección”, afirma el patrullero de La Virgen, Rivas.
En esta ocasión, la lucha de Padilla es con Eduardo Romero, Yáder Hodgson, Reymundo Leytón y Danilo Sotelo, guardabosques de utilidad comprobada y con afán de establecerse. La batalla no es fácil para Ramón, pero no está dispuesto a bajar los brazos.
“Estoy claro de la dificultad que tengo enfrente, pero voy a luchar como lo he hecho siempre, lo que deseo aclarar, sin embargo, es que en ningún momento he condicionado mi estadía en la Selección a la clasificación que se me dé como jugador”, explicó.
Hace unos días, trascendió que Padilla habría chantajeado a Feniba, que si no era reconvertido en “B”, se retiraría del equipo.
