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La carta de los noventa

La carta a la Comunidad Internacional que noventa destacados nicaragüenses dieron a conocer el jueves de esta semana, demuestra el alto grado de frustración e indignación que se siente en Nicaragua por los desplantes de autoritarismo y prepotencia del ex presidente Arnoldo Alemán, que mantienen al país en una situación de zozobra política que a su vez opera como freno a la actividad económica.

En la carta en mención se expresa con claridad meridiana ese sentimiento. Dice: “La actual situación de inestabilidad política y económica que sufre Nicaragua, no se debe a una confrontación entre dos poderes del Estado, Legislativo y Ejecutivo, sino al acaparamiento abusivo de poder que el ex presidente Arnoldo Alemán pretende ejercer desde la Presidencia de la Asamblea Nacional, desafiando la legitimidad y la autoridad del Ejecutivo y tratando de ejercer control, a través de lealtades personales, sobre otras entidades del Estado como la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría General y la Fiscalía General.”

Entre los firmantes de la carta figuran varios ex gobernantes y ex dirigentes de Estado, así como prominentes empresarios, líderes de la sociedad civil, académicos e intelectuales, pero, más importante aún es el espíritu integrador de la misma, ya que agrupa en un solo sentir a personalidades de todo el espectro político nacional.

En la carta de los 90 se enfatiza la importancia vital que tiene para el país la lucha del presidente Enrique Bolaños en contra de la corrupción, y le recuerda a los organismos financieros internacionales y a la comunidad de países que generosamente ayudan a Nicaragua, que “el país no podrá emprender la marcha de la recuperación económica, mientras el gobierno del presidente Bolaños no pueda concluir con éxito las acciones emprendidas en contra de la corrupción.” Y agrega: “Éstas pasan necesariamente por el enjuiciamiento legal de aquellos contra quienes se acumulan un sinnúmero de cargos por fraude y malversación de fondos públicos”.

El contenido de la carta deja muy en claro que la destitución de Alemán del cargo que ocupa en la Asamblea Nacional sin haber sido electo popularmente, y su enjuiciamiento, son acciones urgentes y necesarias para distender la situación política del país, y para que las energías de los ciudadanos puedan encauzarse hacia actividades productivas.

Pero hay algo más; la carta de los 90 urge a la Comunidad Internacional “que demuestre su respaldo a esta lucha de la cual depende nuestro futuro y otorgue un tratamiento especial de emergencia a nuestro país”, y la insta para que los recursos financieros ya prometidos, y los que están en vías de ser contratados, fluyan “sin dilaciones para que Nicaragua salga del estancamiento económico, provocado precisamente por la bancarrota en que los corruptos la dejaron”.

¿Qué puede significar eso? ¿Será que Nicaragua debería poder recibir en este mismo mes al menos parte de la ayuda prometida y no hasta después de la reunión que el gobierno sostendrá con el Fondo Monetario Internacional, en el mes de octubre? (Cabe recordar que esa reunión estaba supuesta a sostenerse en este mes de agosto, pero debido al bloqueo que Alemán ha impuesto al pase de la ley de reforma tributaria en la Asamblea Nacional, ha sido pospuesta hasta para en octubre). ¿O significará que el FMI debe dejar de presionar para que se graven algunos productos de la canasta básica?

Es de suma importancia que los organismos financieros internacionales presten oídos al clamor de la sociedad civil nicaragüense. No hay razón alguna para que el FMI no responda con la rapidez con que ha respondido a los requerimientos financieros de otros países, como Uruguay, por ejemplo. El secretario del tesoro de los Estados Unidos, Paul O’Neill, reconoció la semana pasada que Uruguay merecía un apoyo urgente e inmediato por los esfuerzos que está haciendo para manejar correctamente la economía. De seguro que el señor O’Neill ha de estar bien informado de los esfuerzos y sacrificios que los nicaragüenses estamos haciendo por crear una nueva era de transparencia, eficiencia y austeridad, y que merecemos, por lo tanto, que su influencia se haga sentir en beneficio de Nicaragua en el FMI y en el Banco Mundial.  

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