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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

La tercera edad hay que disfrutarla

Myrna Dávila Castellón

Han pasado muchos años y nos encontramos de pronto, casi sin darnos cuenta, en otra etapa de nuestra vida: la tercera edad.

Si disfrutamos sanamente de nuestra niñez, de nuestra adolescencia y juventud, de la edad adulta, ¿por qué no disfrutar también de esta nueva etapa que traerá igualmente cosas positivas como las anteriores? ¿por qué ver esta fase de la vida con ojos negativos, con temor, como si algo malo nos fuera a suceder, como el fin de toda carrera y toda alegría y el principio de todos los males? Hay individuos que así piensan y se entristecen y ensombrecen su vida llenándola de sinsabor y nostalgia. Personas hay que cuando llegan al umbral de esta fase y tienen que poner fin a su trabajo remunerado, se llenan de angustia y no se adaptan a su nueva situación de “vacaciones eternas”, porque lo ven como “descanso eterno”, en espera de la muerte.

¿No es mejor sentirse libre como el viento cuando han cesado ya las obligaciones de cada día? Aunque es cierto que la tercera edad tiene también, como las otras, su lado negativo, ya que un día cualquiera despertaremos con un nuevo dolor que no esperábamos, o de improviso se nos doblará una rodilla —no precisamente por ir a orar— o un repentino dolor de cabeza coronará nuestra sien, o quizá amaneceremos con una nueva arruguita de la que no nos habíamos percatado antes, siendo todos estos detalles insignificantes comparados con el lado positivo que consigo trae esta edad y las ventajas de que adolecen las otras personas, como es hacer lo que uno desee, en el buen sentido de la palabra, sin estar sujeto a ningún horario de trabajo ni obligaciones como antes; salir en cualquier momento de vacaciones a algún lugar —incluso fuera del país— sin señalar fecha prefijada para regresar; realizar por fin aquella labor que antes no había tiempo para ella; disfrutar de aquel “hobby” al que nunca pudimos dedicarnos porque el deber de cada día nos lo impedía; efectuar, además obras de caridad, pensar más en Dios, rezando, meditando y leyendo libros amenos y espirituales con más disponibilidad de tiempo, frecuentar más a nuestras amistades y, ¿por qué no? Transmitir nuestras experiencias a jóvenes y adultos que deseen aprovecharse de ella.

Finalmente, para las personas con vástagos, verse rodeadas de los frutos de sus entrañas y de los frutos de éstos, formando una nueva generación, que si supimos educar e inculcar valores cristianos e imperecederos, seguiremos viviendo a través de ellos para el bien del mundo.

Si vemos esta fase de nuestra vida por el lado positivo, de nosotros depende que la tercera edad constituya una fuente de relativa felicidad.

La autora es secretaria.  

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