Sergio Maltez
Recientemente y bajo el sello de la editorial española Espasa, Calpe, serie Vidas de escritores, fue publicado el Libro “Rubén Darío”, escrito por un señor llamado Blas Matamoros, argentino de nacimiento y residiendo actualmente en España.
Tuve acceso a dicha publicación gracias a la cortesía de un reconocido intelectual nicaragüense.
La lectura y análisis de los 12 capítulos de tal obra, y marcadamente algunos pasajes y alusiones, reflejan una cuasi patológica ansiedad del autor por intencionalmente perseguir y ofender a nuestro poeta, gloria de las letras castellanas.
Desde las primeras páginas, describe el susodicho escritor la personalidad de un Rubén Darío que según él, busca un padre biológico o supuesto, que le sirva de asidero formal en su existencia, calificándolo de un ser originado en una prehistoria personal tan desordenada “como un rompecabezas”, emprendiéndola de paso contra don Manuel García, padre de Rubén con calificativos no solamente de alcohólico y mujeriego, sino de un posible homosexual o faldero disfrazado, basándose para fundamentar tales calificativos en los apuntes de una narradora nicaragüense.
En la página 28 del libro de la referencia y según las expresiones propias del escritor echa mano del fundador del psicoanálisis Sigesmund Freud, para calificar que “el culebrón Freudiano está servido”, cuando descubre que Darío en su niñez fue afectado por fuertes traumas que le crearon complicaciones emocionales en su personalidad y que en algunas formas afectaron su identidad y conducta social. Y continúa el escritor atrincherándose en la confusión familiar de nuestro poeta para ofrecer explicaciones destructivas acerca del supuesto alcoholismo de Rubén que en el fondo “no era más que una tendencia de aniquilarse por considerar su vida inmerecida”.
Resulta sobremanera difícil, continuar citando la actitud de Matamoros acerca del origen y desarrollo ulterior de nuestro gran bardo. Con suficiencia enfermiza descubre que las relaciones de Rubén con los presidentes, Zaldívar de El Salvador, Núñez de Colombia, Mitre de Argentina y Balmaceda de Chile, entre otros, no son más que el resultado de alabos y dobleces de Rubén.
¿Será posible tanta bajeza ante tanta estatura?
Recordemos que Rubén desde su Nicaragua sencilla, vernácula, pobre, a muy corta edad ya era una personalidad querida y admirada; no hay que hacer mucha memoria para conocer que Rubén fue creado por doña Bernarda Sarmiento, esposa de un conocido coronel Félix Ramírez, hogar de suficiente estatura social para proyectarlo dentro de la encumbrada sociedad leonesa.
Darío se integra a la vida social de León, y a edad muy temprana escribía versos y pensamientos que obsequiaba con generosidad a las jovencitas de la sociedad leonesa.
También memoricemos que el presidente Zaldívar de El Salvador lo castiga por exceso de gastos en el buen vivir y beber, pero finalmente le solicita la preparación y exposición de la Oda al libertador Bolívar, oración literaria que nuestro poeta expone en una concurrida velada literaria en dicha nación; y tampoco fue por simple casualidad que los presidentes Núñez y luego Mitre y Balmaceda lo enalteciesen ante lo excelso del poeta.
Ya por ese entonces Darío en sus publicaciones “Los Raros” y “Azul”, se proyectaba como el Genio que dio el salto cualitativo en la métrica y en el verso castellano, creando una nueva concepción literaria que llegó a conmocionar y dejar una huella imperecedera en los círculos más elevados dentro del mundo de las letras, de América y España.
Pleno de gloria y admiración, Darío fue objeto de homenajes, invitaciones y reconocimientos por famosos poetas, literatos, condes y otra gente de la alta sociedad en Chile, Argentina, Francia y España donde se desempeñó como diplomático, periodista o en misiones representando renombradas publicaciones internacionales.
Es alejado de mi intención describir la pluma vitriólica y el alma destructiva del Sr. Matamoros que cada vez que denigra al genio nicaragüense termina por enaltecerlo.
En el capítulo IX.- “Diosas, ninfas, santas y fulanas”, página 173, Matamoros alcanza límites obsesivos de interpretación freudiana al afirmar que Rubén siempre enmascara a la mujer con caracterizaciones genéricas, mitológicas por la seudonimia para caer en contradicciones entre la mujer que desea, pero que al final cubre entre lo divino e inmundo; afirma para finalizar que la “imbecilidad de Rubén tiene un alto precio que es la disimulación y el disfraz y se pregunta si ¿no será que nuestro admirado bardo era un travestí?
Al referirse a la vida amorosa del poeta se esfuerza por llevarlo al borde de la impudicia, del homosexualismo disfrazado que lo empuja en el mismo sendero. Termina afirmando en la página 204 “que llegamos por fin al fondo del armario rubeniano como mujer”.
Difícil es no solamente leer, menos digerir tanta barbarie elucubrativa que sin lugar a duda el escritor argentino maneja con muchas referencias y datos de la siempre agitada y bohemia vida de Darío.
Y desearía preguntarle al escritor ¿por qué se atreve él, Matamoros, a censurar a Rubén por su viaje inicial a la República de Chile a finales del siglo XIX, de su Patria pequeña y siempre empobrecida, mientras por razones desconocidas ha emigrado de Argentina, país que no obstante sus numerosas vicisitudes sigue poseyendo un gran potencial económico y humano, es dueño(a) de una industria nada despreciable y figuró a fines de la Segunda Guerra Mundial como uno de los países más desarrollados del mundo?
Francamente le corroe la envida a este señor, la maledicencia, ante un genio que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX alcanza niveles cimeros, grandiosos, de transformación en la literatura castellana y se convierte en un ejemplo del niño que de un origen humilde llega a cultivarse y a ser uno de los grandes líderes de nuestros pueblos y culturas.
Solicito a los honorables miembros de la academia de Geografía e Historia de Nicaragua, destacado representantes de nuestra cultura histórica y moderna pronunciarse sobre este escandaloso y censurable impreso.
El autor es administrador de empresa.
Teléfono 088-30694 2653474- Enacal.