LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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“Pon tu mano madre mía”

Ruth de Fuentes

Entre las muchas virtudes que tenía Sor María la que más practicaba era la humildad y la obediencia, nunca se quejó y siempre aceptó sin protestar, antes bien con sumisión y dulzura lo que la directora le mandaba, ofreciéndoselo todos sus sacrificios al Señor, ella decía: “Lo que más vale es obedecer, aunque la superiora se equivoque el que obedece no se equivoca”; cumplía a pesar de lo mucho que sufrió con las equivocaciones e injusticias que tuvieron con ella, pero su reina nunca la abandonó, desde 1934 Sor María había pedido a la inspectora madre Bernardini poder formar entre las oratorianas y las alumnas mayores un grupo de catequistas y mandarlas a evangelizar a los barrios, pero madre Bernardini no se lo concedió ella le pidió: “deme sólo permiso para enseñar a un grupito de niñas mayores. No le pido más. La Virgen hará el resto”. Madre Bernardini fue sustituida ese año y a ella le dieron permiso para comenzar su obra.

Sor María en todo y para todo pedía la ayuda de su Reina, había inventado una oración, que ahora todos la rezamos, donde ella en su humildad no se siente digna de poner su mano antes que la de la Virgen, dice: “pon tu mano madre mía, ponla antes que la mía”. Nada hacía o comenzaba sin rezar “Pon tu mano madre mía”. Su reina le respondía siempre: parecía que no esperaba otra cosa que ser invocada “para dar su mano”.

En su caridad y amor a los pobres no podía ver a alguien que no tuviera que comer sin ayudarla, llegó una señora a pedirle alimento y ella corrió donde la directora si le daba permiso de darle una bolsa de frijoles cada semana, pero ¿dónde los cogerá? Le pregunta la directora: “si la Virgen lo quiere me los dará”, respondió, “me basta que usted me dé el permiso” y fue a rezar. Al poco tiempo llegó una hermana a decirle que acababa de llegar una señora con un quintal de frijoles, al día siguiente tenía dos quintales para darlo a sus pobres.

Sor María sufrió mucho con la incomprensión de las hermanas, sus compañeras de comunidad. Uno de sus mayores sufrimientos fue después de una entrevista con una superiora, quien le dijo que Dios no la quería, Sor María se fue llorando al pie del Sagrario, diciéndole a Jesús: “dime que no es cierto que Tú no me amas, contéstame con una gracia, tengo necesidad de pagar tres colones y no tengo esa cantidad”, como impulsada por el Señor, dice, Sor María fue abrir una alcancía y encontró esa cantidad.

Confiemos siempre en nuestra Madre María Santísima, aceptemos y cumplamos lo que ella nos manda, obedeciéndole en todo con amor y rezando como ella lo hacía: “pon tu mano madre mía, ponla antes que la mía”.

La autora es miembro de la Asociación Sor María.  

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