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“No podemos ser miopes y quedarnos en el mercado nacional”

El nuevo viceministro Agropecuario y Forestal, Roberto Bendaña McEwan, en su tercera experiencia como funcionario público en un tercer gobierno, considera que para ser un empresario agrícola exitoso hay que ser un buen sociólogo, estar consciente del impacto que tiene la agricultura en el campo, ser un buen ambientalista, saber conservar los suelos y por […]

  • El nuevo viceministro Agropecuario y Forestal, Roberto Bendaña McEwan, en su tercera experiencia como funcionario público en un tercer gobierno, considera que para ser un empresario agrícola exitoso hay que ser un buen sociólogo, estar consciente del impacto que tiene la agricultura en el campo, ser un buen ambientalista, saber conservar los suelos y por supuesto conocer acerca del mercado internacional

Leslie Nicolás Lacayo [email protected]

Para Roberto Bendaña McEwan, lo más importante es el núcleo familiar, se considera una persona espiritual y acredita los éxitos obtenidos en su vida al Ser Supremo, pues se considera una persona muy cristiana, católico de familia.

Es el cuarto de cinco hermanos (tres varones y dos mujeres) e hijo del reconocido cafetalero Frank Bendaña. Proviene de una familia con un prestigioso currículo empresarial.

En esta entrevista relata un poco de su vida, aspiraciones y desafíos profesionales.

Su segundo apellido no es muy común en Nicaragua, explica que tiene un árbol genealógico interesante. El apellido McEwan lo hereda de su madre, doña María Teresa McEwan Callejas, nicaragüense pero de padre de origen escocés.

Por otro lado, su abuelo paterno un nicaragüense que emigró a Estados Unidos en busca de mejor vida se casó con una norteamericana de origen lituano, quienes procrearon a su padre quien nació en Estados Unidos y quien hasta la fecha goza de ciudadanía norteamericana.

Es casado desde hace 10 años con una nicaragüense que pertenece a la cuarta generación de una familia de origen alemán. Una de las familias más antiguas de Nicaragua, con su esposa ha procreado dos hijos. Un varoncito de siete años, Roberto y Jeannette de cuatro añitos. Y están a la espera de la llegada de un nuevo miembro, que viene en camino.

A pesar que a los 14 años, según él, fue obligado por el gobierno sandinista junto a su familia a abandonar el país en la década de los años 1980, esta salida hacia el estado de Texas en los Estados Unidos, fueron años que sirvieron para consolidar los lazos familiares y sus creencias religiosas se profundizaron aún más.

Hoy en día es colaborador del Opus Dei (congregación católica ultraconservadora) organización que fuera fundada por José María Escrivá de Balaguer. Bendaña considera que sus deberes como cristiano se deben a su familia y a su profesión.

Tomando en cuenta que proviene de una familia netamente dedicada a la agricultura. Su padre, un cafetalero nato. ¿Por qué usted estudió administración de empresas y no una carrera ligada a la agricultura?

Bueno, yo me bachilleré en 1985, cuando estábamos en el exilio en Texas Estados Unidos y la agricultura en este país tiene mucho subsidio y es así porque no es un negocio muy promisorio. Además, como no teníamos tierras que cultivar en los Estados Unidos, pues entonces me interesé más en la medicina y en la ingeniería. Y ya una vez en la universidad después de dos años me pasé a la administración de empresas, porque me di cuenta que mi interés personal no era tan sólo en una cosa en específico, sino que era algo bastante amplio. Pues con una carrera de administración de empresas uno puede manejar un hospital, una empresa ligada a la informática, una finca. Pero de alguna manera yo le reclamé a mi papá en 1987, después que conocí El Zamorano, la Escuela Agrícola de Honduras, en donde mi padre trabajó después de estar en Estados Unidos, al firmar un contrato con la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), le dije que cómo era posible que él que había estudiado en esta escuela no había tratado de inducirme a estudiar una carrera relacionada a la agricultura. Pero la respuesta fue la misma, pues no le mirábamos mucho futuro a la agricultura y por eso me dediqué a estudiar la informática, pero en el campo de la administración de empresas. Entonces mi formación de la Escuela A&M University College Station, Texas, fue en informática. Carrera que culminé en mayo de 1990.

Su familia posee un amplio currículum empresarial, ¿qué cree usted que se necesita para ser un buen empresario agrícola?

Definitivamente, que esto de lo que vamos a hablar es el eje de lo que ahora la agricultura debe enfocar. Hace 40 años para ser un agricultor exitoso se necesitaba simplemente ser un buen agrónomo. Hoy en día en la globalización, tenés que ser un buen sociólogo. O sea hay que estar consciente del impacto que tiene la agricultura en el campo, tenés que ser un buen ambientalista, hay que saber conservar los suelos y el medio ambiente y poder sembrar lo que vaya más acorde con el medio ambiente. Hay que ser un conocedor del mercado internacional. Pues hoy en día si producís sólo para el mercado local, con muy pocas manzanas, llenás, inundás y después tenemos el problema como el que se tiene con la leche, que por tanta producción no hay dónde vender el producto y tenés que tener mucho conocimiento de las finanzas internacionales.

¿Y las finanzas?

Pues, en este mundo competitivo el primer punto de partida en mi opinión personal tiene que ser el tema financiero. Si no hay crédito accesible y competitivo a nivel internacional, ya vas con los pies hinchados. O sea, aquí en Nicaragua trabajamos con tasas de 20 por ciento o tal vez 14 por ciento, porque supuestamente no podemos distorsionar el mercado local. Pero no podemos ser miopes y quedarnos en el mercado nacional, tenemos que tener una visión más amplia y si vamos a competir con productos globalizados como el café, el arroz y otros productos exportables tenemos que ver con qué financiamiento trabaja nuestra competencia, porque si nosotros estamos con dinero y recursos caros y ellos están con financiamientos bajos, ahí nos llevan una gran ventaja. En ese sentido el conocimiento de las finanzas internacionales es indispensable.

¿Se puede decir que usted es el que más ha estado trabajando de cerca con su padre? ¿Es su brazo derecho?

Sí, porque uno de mis hermanos es dentista y los otros están en el exterior. Pero yo tuve la oportunidad que al salir recién graduado de la universidad no conllevaba mucho riesgo para mí regresar a Nicaragua, pues estaba soltero y no tenía un trabajo en el exterior. Eso me permitió regresar inmediatamente al país e inmediatamente, a como decís vos, serví de brazo derecho de mi papá, recuperamos nuestras propiedades y reiniciamos las empresas. Obviamente con la formación profesional de mi padre, de maestría y doctorado y el haberse involucrado también en una empresa de fertilizantes, él entendía también lo que significa y conlleva el agronegocio. Con esto no quiero decir de ninguna manera que yo fui el que le enseñó a él sobre negocios, él ha sido una escuela para mí, invaluable.

¿Se considera usted y a su padre empresarios exitosos?

Sí, definitivamente. Como te digo, mi papá en su carácter personal, antes que yo me involucrara en la empresa, había sido un empresario exitoso. En los años 1970 fue gerente y fue exitoso con la empresa de agroquímicos que él manejaba y con su empresa cafetalera. Después, en los años 1980, fue gerente de mercadeo de una empresa de semillas norteamericanas y él se encargaba de la comercialización de todos los productos en Latinoamérica. Y después, cuando regresamos en los años 1990, me involucré y considero que en carácter personal he tenido mucho éxito a pesar de que me inicié en la sombra de él. Después creo que me desarrollé y como te digo muchos de los contratos los he logrado yo en mi carácter personal y estas iniciativas de los últimos tres años en la que me he visto involucrado, como es el caso de la ‘Taza de la Excelencia’ y mi participación en la Asociación de Cafés Especiales en Estados Unidos, ya ha sido en mi carácter personal.

¿Si usted es tan exitoso en el campo privado, por qué decide trabajar como funcionario público?

Definitivamente tengo que reconocer que me gusta el trabajo de funcionario público, porque a como dice don Enrique Bolaños, ‘el que no gobierna para servir, no sirve para gobernar’. Y yo me identifico mucho con eso. Y a como te dije, en mi carácter personal me considero una persona espiritual y por lo tanto como cristiano creo que estamos en el mundo para servir al prójimo y en esta medida nos servimos a nosotros mismos. Además que en mi familia siempre nos enseñaron que no podemos estar bien si nuestros vecinos no están bien. Entonces no podemos ser una isla y si nuestro sector no está teniendo el mismo éxito que uno, entonces se torna más difícil para uno también.

¿Qué piensa sobre la corrupción y de los funcionarios que en algún momento han sido señalados como funcionarios corruptos?

Yo trabajé con el gobierno de doña Violeta Barrios, inicialmente como primer secretario de la Embajada nicaragüense en Londres, como director general en el Ministerio de Cooperación Externa y después en el gobierno del doctor Alemán estuve al frente de Conicafé, en el Ministerio de Economía con Noel Sacasa y por último de director general de Políticas Agropecuarias con el ministro Jaime Cuadra. Pero realmente no completé mi término como funcionario público, porque me desilusionaron ambos gobiernos.

Me sentí desilusionado en el tema de la corrupción y más que en este tema en el sentido de la obsesión y empecinamiento de la búsqueda de poder. No me refiero a doña Violeta como tal, pues ella en su carácter personal es el modelo y ejemplo perfecto de lo que deberían ser los mandatarios. Pero sí en el hombre poderoso de ese momento, que era Antonio Lacayo.

Me desilusionó no tanto en la corrupción financiera, pues no se destaparon tantas cosas como se están viendo ahora, pero en su manera me desilusionó. Y en el gobierno de Arnoldo Alemán me desilusionó con el mal manejo que se hizo de los fondos Mitch. Ya como funcionario público me daba vergüenza andar representando al Gobierno de Nicaragua y gracias a Dios tengo el colchón, que es la empresa familiar que permite retirarme del gobierno a la hora que no me parece. Cosa que algunos funcionarios no pueden darse ese lujo y que de alguna manera tienen que agachar la cabeza y obedecer a las órdenes de funcionarios o jefes corruptos.

¿Cree usted que ahora este país saldrá adelante y que va por el camino correcto?

Sí. Estoy confiado en que Nicaragua va por el camino correcto. Con el gobierno de doña Violeta, a como te digo, a pesar que algunas personas impidieron que se desarrollara más rápido, pero en general con la persona de doña Violeta se avanzó mucho con el proyecto de reconciliación. Hoy por hoy muchos de mis mejores amigos son sandinistas, que en los años 1980 no los hubiera podido ver ni en pintura. Pero hoy reconozco su valor moral y profesional. Entonces quiero decir que es ese mismo carácter solidario del nicaragüense que me apasiona. En el sentido que bien unidos podemos llegar a la meta y transformar el país.

¿No tiene miedo de desilusionarse una vez más con este gobierno?

Yo no soy miedoso. Ahí es donde me considero agresivo, optimista. Pueden existir sus tropiezos. Y cuando te digo que soy una persona espiritual y que pretendo lograr la santidad, no quiero decir que pretendo ser perfecto, ni santo. Simplemente reconozco que soy pecador y que como tal puedo pecar aunque me confíese para tratar de mejorar. Por tal razón, en la vida política y desarrollo del país no sería raro que como gobierno cometamos errores, nuevamente. Pero como joven que soy, pretendo estar al tanto, verlos y aprender de esos errores, para hacer de Nicaragua un mejor país.

¿Cuáles son las expectativas como viceministro y cuál es su mayor reto al estar en este cargo?

Mi proyecto personal como viceministro es cambiar la imagen de Nicaragua de país de conflicto y subdesarrollado a un país productor y exportador de calidad. Quiero decir que estoy consciente que tenemos riquezas naturales abundantes y que por lo tanto desarrollando buenas relaciones comerciales, en Estados Unidos, Europa y Japón, podemos ser exportadores de los mejores productos con la mejor calidad del mundo. Así como ya lo estamos viendo con el café, creo que tenemos la capacidad de exportar a esos mercados más exigentes, tales como quesos, carnes y mariscos.

¿Cuáles son sus mayores aspiraciones personales?

Mi mayor aspiración personal es que el Señor me siga dando fuerzas e ideas para seguirle sirviendo a Nicaragua. Como te digo, ¡si eso es lo que más me gusta! Creo en el país, porque definitivamente estoy consciente de que es un país rico con recursos naturales abundantes.

Y que su gente también (…) somos las personas más constructivas, hospitalarias, las más solidarias y eso también fue el éxito de la revolución. Como a la hora de que nos unimos tras de una meta muy clara podemos transformar este país. Entonces eso me inspira a continuar en el servicio público, en no dejar las empresas del sector privado, pues creo que ésta debe estar al servicio de los empleados y del desarrollo social. Que tiene un rol y una posición en el sector social sumamente importante y que en Nicaragua hace falta mucho por desarrollar.

Calidad es primordial

Para Roberto Bendaña, viceministro Agropecuario y Forestal, la calidad en la producción es de vital importancia.

“Me gustaría desarrollar un grupo de productores en Nicaragua con una conciencia de que todos los días busquen cómo mejorar, como persona y profesionales. Creo que eso ayudaría y cambiaría al país”, graficó Bendaña.

En este sentido dijo que éste debería ser el caso de los productores de café, quienes deben estar buscando la excelencia y en fin, la posición de todos los agricultores que no salen de los rubros que no tienen mucho futuro en el mercado.

El titular está seguro que la nueva filosofía que trata de la búsqueda de nuevos mercados para productos como el banano y el maní, ayudaría a aumentar los portafolios.  

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