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El presidente entrante, Alvaro Uribe, conversa con su predecesor, Andrés Pastrana, quien hoy entregará el poder.

Alvaro Uribe jura hoy en Colombia

El nuevo mandatario enfrenta el reto de cumplir su promesa de poner fin con mano dura a la violencia de la guerrilla y otros grupos irregulares Toma de posesión marcada por clima bélico y de tensas medidas de seguridad José Luis VarelaAFP BOGOTA.- Alvaro Uribe, un abogado de 50 años, avalado por un amplio respaldo […]

  • El nuevo mandatario enfrenta el reto de cumplir su promesa de poner fin con mano dura a la violencia de la guerrilla y otros grupos irregulares
  • Toma de posesión marcada por clima bélico y de tensas medidas de seguridad

José Luis VarelaAFP

BOGOTA.- Alvaro Uribe, un abogado de 50 años, avalado por un amplio respaldo popular, recibirá hoy la presidencia de Colombia de manos de Andrés Pastrana, en una ceremonia que se celebrará en la sede del Congreso y que estará rodeada de inéditas medidas de seguridad.

Disidente del mayoritario Partido Liberal, Uribe recibirá el mandato del país por los próximos cuatro años a las 15H00 locales (20H00 GMT) en presencia de 600 invitados, entre ellos cinco presidentes latinoamericanos; el príncipe de España, Felipe de Borbón; una nutrida delegación estadounidense encabezada por el representante de Comercio, Robert Zoellick, y los 268 congresistas colombianos.

Uribe fue elegido el pasado 26 de mayo, en compañía de su fórmula vicepresidencial, el periodista Francisco Santos, con una votación de 53%, que le permitió acceder a la presidencia del país sin necesidad de recurrir a una segunda vuelta, y luego de una convulsionada campaña electoral en la cual fue víctima de un atentado dinamitero del que salió ileso, pero que costó la vida a cinco personas.

Las amenazas contra Uribe no se han detenido desde entonces. Durante el fin de semana la Policía Secreta colombiana indicó que las FARC tenían un plan para asesinar a Uribe durante la ceremonia de toma de posesión, lo cual hizo reforzar las ya extremas medidas de seguridad.

Luego del gobierno de Pastrana, que termina con índices de desaprobación históricos, la llegada de Uribe ha despertado grandes expectativas entre los 42 millones de colombianos, con la promesa de un combate integral contra los grupos violentos y una reforma política, que es considerada necesaria para eliminar, o al menos reducir, los altos niveles de corrupción.

Las FARC, que desde el año pasado declararon objetivo militar al nuevo presidente, han protagonizado fuertes ataques desde el pasado 20 de febrero cuando se rompió su proceso de paz de tres años con Pastrana.

Desde entonces han recrudecido sus acciones violentas, en particular en la última semana, como un mensaje, según analistas, de lo que deberá enfrentar Uribe.

En su relación con ese grupo, el nuevo mandatario tendrá que resolver la propuesta que las FARC han hecho de canjear a varios dirigentes políticos, entre quienes se cuenta la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, por unos 300 insurgentes en cárceles colombianas. Sobre ese punto Uribe ha señalado que no se opone al canje siempre y cuando éste se realice al final de un eventual proceso de paz.

En los temas políticos y de orden público Uribe llega con un cheque en blanco, pero no es el caso a nivel internacional, donde es percibido como cercano a los paramilitares de extrema derecha, una sensación que el mandatario tendrá que desvirtuar.

Y otro punto neurálgico será el del desempleo —actualmente en 16%—, el que los colombianos consideran como el principal problema del país, incluso por encima de la violencia.

LA GUERRA, EL TEMA PRINCIPAL

Pero sin duda las mayores expectativas se centran en las medidas que Uribe y su equipo de gobierno tomarán para combatir la violencia generada por las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), y los paramilitares de extrema derecha, enfrascados en una guerra irregular que ha escalado en los últimos años.

Uribe hereda un país donde al año mueren de manera violenta 23,000 personas, otras 3,000 son secuestradas, y más de dos millones han sido desplazadas forzadamente en la última década.

Para contrarrestar la situación, Uribe ha prometido una combinación de fortalecimiento militar (su propuesta de mano dura lo catapultó a la presidencia) y de una negociación política que estaría liderada por las Naciones Unidas.

En una coyuntura en que el ELN se encuentra debilitado y los paramilitares en un proceso de división y replanteamiento de sus acciones, son las FARC, con sus 17,000 hombres el mayor reto de Uribe.  

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