- Por novena vez, Juan Pablo II peregrina a Polonia para llevar mensaje espiritual a sus compatriotas, como lo hizo
antes en la época comunista - Temas religiosos y políticos dominan la visita, que podría ser la última, según temen millones de fieles polacos
Jorge Ruiz LardizábalEFE
VARSOVIA.- La novena visita de Juan Pablo II a Polonia dará a sus compatriotas la oportunidad de rendirle un sentido homenaje quizás por última vez, a la Iglesia Católica polaca la posibilidad de reducir su división interna y al Gobierno la ocasión de conseguir más respaldo para el ingreso en la Unión Europea (UE).
Se espera que durante la visita, que comenzará hoy, viernes, los fieles, conscientes de que éste puede ser el último viaje del Santo Padre a su patria, le darán pruebas constantes de veneración con una participación multitudinaria en los actos y ceremonias.
Se calcula que el sábado en la Explanada de Cracovia, donde tendrá lugar el encuentro principal con el Sumo Pontífice, se reunirán casi cinco millones de fieles.
“Queremos despedirnos del Papa con amor, queremos que sepa que todos los polacos lo amamos, porque con su pontificado nos ha permitido sentirnos más dignos”, dicen los fieles polacos.
SANAR DIVISIÓN
Otras son las necesidades de la Iglesia Católica polaca, profundamente dividida en una corriente minoritaria liberal, dialogante y aperturista, y otra ortodoxa, conservadora y nacionalista.
Cada una de esas dos corrientes tratará de sacar fuerzas de la visita de Juan Pablo II y consolidar sus posiciones de cara a la crisis que se producirá —según creen los intelectuales católicos— cuando concluya su pontificado.
En la actualidad tiene una creciente influencia la corriente conservadora liderada por el sacerdote Tadeusz Rydzyk, director de la emisora “Radio María”, que alimenta la desconfianza de los polacos frente a los cambios que afronta el país.
La desconfianza nace del miedo al paro, que ya afecta a casi cuatro millones de polacos, y a la miseria, en la que vive el 20 por ciento de la población, así como de la llegada de millones de extranjeros.
Unos tienen miedo a los extranjeros con dinero, porque piensan que se harán dueños de todo lo que hay de valor en el país, principalmente la tierra, mientras que otros temen a los extranjeros pobres, convencidos de que serán una mano de obra aún más barata que aumentará el paro.
TEMOR ANTE LA INTEGRACIÓN
El Gobierno espera la ayuda del Pontífice precisamente en la eliminación de esos temores, que pueden convertirse en un obstáculo insuperable para el ingreso de Polonia en la UE.
La corriente conservadora afirma que si Polonia ingresa en la UE, perderá la soberanía y volverá a la situación en la que las decisiones se adoptaban fuera del país; antes, en los tiempos del comunismo, en Moscú, y ahora en Bruselas.
Se asusta también a los fieles más ortodoxos con asuntos como los matrimonios de homosexuales, la liberalización del aborto, la introducción de la eutanasia, la legalización de la prostitución y la pornografía, la clonación del ser humano y la manipulación genética.
Las encuestas afirman que el 66 por ciento de los polacos que tienen la intención de participar en el referéndum sobre el ingreso en la UE votarán a favor.
“Esperamos, entre otras cosas, que Juan Pablo II haga referencia a la adhesión de Polonia a la UE y, como ya lo hizo en varias ocasiones anteriores, respalde plenamente ese proyecto”, manifestó el jefe de Gobierno, Leszek Miller.
ALTA SEGURIDAD
Un total de 17,000 policías, varios cientos de agentes de la protección del Gobierno, 1,500 bomberos y 11,000 voluntarios participarán en las distintas operaciones organizadas para cubrir la seguridad del Papa y de los fieles. La policía de Cracovia, al sur, ha requisado sesenta armas ilegales, encontradas en viviendas ubicadas a lo largo del itinerario que recorrerá el Papa durante la visita que, el viernes, realizará a su ciudad natal en su viaje a Polonia.
EL PROGRAMA ESPIRITUAL
Juan Pablo II viaja por novena vez a su Polonia natal, una visita de marcado carácter espiritual. Se trata del 98 viaje al extranjero en sus casi 24 años de pontificado y que tiene como objetivo la consagración del santuario de la Divina Misericordia de Lagiewniki, en las afueras de su amada Cracovia, la ciudad de la que fue arzobispo y cardenal antes de ser elegido Papa en 1978.
Juan Pablo II partirá a primeras horas de la tarde de hoy, hora italiana, hacia Cracovia, donde será recibido por el presidente Aleksander Kwasniewski. Tras pronunciar un discurso se trasladará hasta el Palacio Arzobispal, que será su residencia durante los cuatro días de estancia y que le traerá tantos recuerdos por los años pasados entre sus muros.
El sábado 17 lo dedicará al santuario de la Divina Misericordia, levantado al lado del convento donde ejerció su labor la monja Faustina Kowalska, que murió de tuberculosis en 1938 a los 33 años con fama de santidad y que impulsó el culto a la Divina Misericordia, del que es fiel devoto el mismo Juan Pablo II.
La monja fue canonizada durante el Año Jubilar 2000 en Roma, en una ceremonia a la que asistieron 200,000 personas.
El domingo, 18, el Sumo Pontífice proclamará beatos a cuatro nuevos polacos y visitará la catedral de Wawel, el bello templo de Cracovia, en el que según muchos polacos, desearía ser enterrado.
El Papa ofició su primera misa en Wawel y los recuerdos que le puede traer ahora a la memoria pueden ser innumerables, al igual que cuando horas más tarde visite la tumba familiar en el cementerio de Rakowice.
Será una jornada de gran emoción para el anciano Pontífice, ya que también pasará por delante de la iglesia de San Florián, donde ejerció como vicario, y recorrerá con el “papamóvil” aquellas calles que recorría a pie y muchas veces corriendo, huyendo cuando la II Guerra Mundial.
El día 19, el Papa visitará el santuario de Kalwaria Zebrzydowska, a 45 kilómetros de Cracovia y a una decena de Wadowice, la localidad donde nació, también muy querido por él y ligado a la Divina Misericordia.
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