Elmer Ramírez España [email protected]
El pueblo nicaragüense poco ha disfrutado de la verdadera democracia. Es una realidad dramática de nuestra historia y es impactante que las generaciones mayoritariamente sólo la hayan conocido desde el punto de vista etimológico, con la expresión: Demos – pueblo; Kratos – poder, es decir, el poder del pueblo.
Esto me obliga a preguntarme, cuándo habrá la oportunidad de experimentar lo que es la bendita democracia, en qué momento se conocerá el pleno empleo de los valores que echen andarla, fortalecerla, defenderla y disfrutarla.
Son pocos los personajes que la han practicado, incluso me atrevo a señalar que los Tomás Martínez hoy son difíciles de repetir, aunque no menos compatible es la figura del ingeniero Enrique Bolaños, quien con capacidad vocacional ha emprendido uno de los mejores ejemplos para cualquier político. El de acorralar el concepto del caudillismo, luchar para liberar a cada uno de los poderes del Estado y capitalizar el voto ciudadano hacia el horizonte de la reciprocidad y la estabilidad.
El presidente Bolaños ha replanteado con apoyo de la mayoría ciudadana, el juego político al cual se nos tenía acostumbrados. Intereses de cúpulas y mega beneficios particulares. Lo cual ha empezado a generar confianza en la arena política criolla y ciudadanía en general como una forma de hacer las cosas distintas.
Y lo más importante, es que lo mejor para hacer política como político, es empezar a demostrar que la lucha por la transparencia y la igualdad son valores inconmensurables que deben ser conjugados con la idiosincrasia democrática.