Karla Patricia Medrano Dávila
Luego de observar los actuales sucesos que acaecen en el país, la situación de hambruna en el Norte y Centro de Nicaragua, las demandas por tierra, salarios y trabajos dignos de una población al borde del estallido social, es necesario hacer conciencia que hasta ahora cualquier tipo de solución económica que se ha propuesto, inclusive las alternativas que presentan los candidatos a futuro presidente, no han logrado sacar nuestro país a flote, muy por el contrario, continuamos siendo de las naciones que viven a expensas de la buena voluntad de la comunidad internacional.
A pesar del detrimento de nuestra economía considero que existe la posibilidad de encaminarnos en un cauce económico saludable, que traería los beneficios que todos queremos:
No endeudamientos internacionales, no falta de empleo, habría abundante disposición de tierra para el trabajo, justa remuneración por el esfuerzo que cada individuo realice, en fin, sí existe la solución económica factible para Nicaragua, y es a través de un cambio en la política tributaria, con la abolición de todos los impuestos que frenan y hasta castigan el proceso productivo y de distribución, y en su lugar colocar un impuesto sobre la tierra.
Esta idea suena tempestuosa, pues se podría decir que si esa era la solución, por qué a nadie se le ocurrió hasta ahora, sin embargo, la solución está ahí desde hace casi dos siglos, proporcionada por el economista y filósofo americano Henry George, lo que pasa es que como siempre, estas ideas no benefician a los que tienen el poder, y “por cosas de la vida” son los dueños de la tierra, cualquier intento por propulsar estas ideas es rápidamente avasallado.