Francisco Bautista Lara
La Policía en Nicaragua se desempeña en una compleja, cambiante y crítica situación institucional nacional, en donde preservar su calidad profesional y mantener niveles de criminalidad relativamente bajos a los que enfrenta la región centroamericana es una difícil tarea, por la que no es posible dejar de reconocerle méritos. De 1990 a 1999, el número de policías se redujo en 12%, contra un incremento de las denuncias por faltas y delitos en 2.4 veces, y un crecimiento de la población en casi un 30%. Lo anterior, sumado a la desconfianza y falta de apoyo político de autoridades de gobierno que veían con reservas a esta institución por sus orígenes. La Policía Nacional logró superar esta desconfianza, reformular su modelo policial, adecuar su organización en función de una institución apartidaria, civil, de servicio y respetuosa de los derechos humanos que implicó la formulación de su Ley y su Reglamento en 1996. Se ha tenido que enfrentar una realidad que demandaba más de la Policía y que la institución tenía menos para responder. La percepción social sobre la Policía Nacional, indudablemente, se vio afectada, y en 1999 la situación se visualizaba crítica, ya que mantener la tendencia observada hasta la fecha planteaba en el mediano plazo una desacreditacion general ante la incapacidad de atender la demanda creciente de los ciudadanos y los propios problemas internos de estabilidad de su personal y descomposición. ¿Cómo explica esto su nivel de eficacia?
Desde el año 2000, a partir de la aprobación del “Programa de Modernización y Desarrollo de la Policía Nacional para el fortalecimiento de la seguridad ciudadana”, la tendencia se ha comenzado a revertir de manera favorable. El presupuesto asignado en 1990 fue de unos 18.9 millones de dólares y en 2002 de 31 millones de dólares, el número de policías se incrementó en un 20% y, por primera vez, el salario del Policía de línea que pasó de unos US$45 a US$146 cubre el costo de la canasta básica.
Aunque los parámetros, metodologías y objetivos de las encuestas de opinión difieren, y carecemos de instrumentos estandarizados y objetivos de medición periódica de la percepción social en materia de policía y seguridad ciudadana, hemos pretendido valorar comparativamente algunos de estos estudios que nos indican de manera relevante el mejoramiento de la percepción que la población nicaragüense tiene de la Policia Nacional, en la que indudablemente es importante considerar el punto de inflexión 1999/2000 con respecto a la tendencia de deterioro desde 1990 hasta 1999.
El Instituto de Estudio Nicaragüenses IEN, en octubre de 1998, en la encuesta nacional “Por el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática”, informa que ante la pregunta que “si sirve la PN tal y como está”, el 60.6% respondió que bastante o poco, sin embargo, un “38.8% dijo que no servía para nada”. Las tres cosas que la gente demandó de la Policía son: mayor protección a la ciudadanía(84%), respuesta ante peligro(45%) y exigir mayor presupuesto(35%).
En mayo de 1999, el grupo cívico Ética y Transparencia presentó la “Consulta Ciudadana sobre Seguridad Ciudadana y Policía”, indicando, entre otras cosas, que “la población consultada deja entrever que el servicio policial que recibe, en parte, está ajustado a las escasas posibilidades de la institución”. El 30% opina que “la manera de mejorar la seguridad ciudadana es mejorando el trabajo de la Policía Nacional”. El 42.8% de las opiniones expresaron que “la principal debilidad de la Policía es el patrullaje y vigilancia”.
En abril de 2002, Cid Gallup, informó que el 52% de los encuestados expresaron que “el trabajo de la Policía había mejorado en los últimos seis meses”, sólo el 15% indicó que era menos efectivo.
Recientemente, en octubre de 2002, MyR Consultores, realizó lo que denominó “I Encuesta Nacional”. Es relevante indicar que la percepción identificada en 1999, donde el 38.8% de los encuestados expresaban que la Policía “no servía para nada”, podría compararse con el 19.5% de los que ahora indican que “no tienen ninguna confianza en la Policía”, es decir, esta percepción negativa se ha reducido en más de un 50%(19 puntos porcentuales menos). Igualmente, identifica “la prevención y vigilancia como mala en un 25%”, que comparada con el 42% mencionado en la Consulta Ciudadana de mayo de1999, es una significativa mejoría de casi el 60%.
Podríamos afirmar, sin lugar a equivocarnos, a pesar de las reservas que podemos tener sobre los diferentes instrumentos valorados, que los cambios reales y visibles que la Policía Nacional ha experimentado en el marco de su proceso de modernización a partir de 2000, se han manifestado de alguna forma en contribuir a mejorar la eficacia institucional, revertir el nivel de deterioro, los rezagos tecnológicos, presupuestarios y de recursos humanos existentes, y, por ende, reducir la percepción negativa que la población tiene sobre diferentes ámbitos policiales.
Hoy, sin embargo, la población nicaragüense es más exigente y está mejor informada, es más crítica y los parámetros de calidad son mayores. La Policía se debate, por su propia naturaleza, en la vida nacional, entre la violencia social y delictiva, está en constante interacción con las personas y su actividad diaria, sujeta a veces a la crítica injust, y eso la hace más vulnerable, pero a la vez más sólida si sabe con madurez atender la opinión pública para adecuar y acercar más sus servicios y su actuación a la gente. ¿Cómo evitar que una institución que cada día está en la polémica y los conflictos no esté en el debate rutinario y expuesta a juicios de valor de todo el espectro social y político?
Tenemos aún tanto por hacer. Nuestras limitaciones son significativas. Entendemos que estamos en uno de los países más pobres de América Latina, y la Policía trabaja con la pobreza. Esta realidad está presente en nuestras instalaciones carentes de infraestructura adecuada, falta de condiciones de trabajo, pocas patrullas en la calle, falta de combustible, insuficientes comunicaciones. Nuestra fortaleza se concentra en la actitud y profesionalismo de nuestros hombres y mujeres, en su vocación y dedicación, en su entusiasmo y entrega, por un lado, y, por el otro, en la alianza con las comunidades locales para trabajar juntos en la solución de los problemas comunes mediante la participación, la confianza y la transparencia. Vale recordar a Don Quijote: “Sancho amigo, los perros ladran, es señal que avanzamos”.
El autor es Comisionado General de la Policía Nacional.