Róger Fischer Sá[email protected]
Las paralelas históricas, así llamadas por liberales y conservadores quienes se distribuyeron el pastel de la cosa pública, en un juego alternado que duró hasta los años 79. Se repartieron las Cámaras de Diputados y Senadores, Corte Suprema de Justicia, entes autónomos, uno que otro diplomático y ciertos viceministerios, que eran cedidos por los Somoza para mantenerse en el poder y dejar una relativa participación del partido llamado de oposición. Los famosos zancudos pactistas, disfrutaron sin empacho de las mieles del poder y también apostaron a situaciones no políticas, a través de las armas —como el cuatro de abril, Olama y Mollejones, el 22 de enero— y otros fracasos que siguieron a nuevos pactos con diferentes denominaciones del Partido Conservador. Los pactos de Emiliano precedieron a Cuadra Pasos, Conrado Vado y Fernando Agüero para culminar con la expulsión de éste y terminar con Paguaga Irías a la cabeza. En el 79 algunos zancudos volaron impúdicamente hasta colocarse con gracia y habilidad en brazos de la revolución sandinista.
A la caída de Somoza, por obra de la insurrección del pueblo de Nicaragua, el sandinismo inició un gobierno de línea vertical, donde la Dirección Nacional mandaba a la redonda y el Ejecutivo estaba en manos de un triunvirato sin poder, con excepción de Daniel Ortega que se entronizó como líder de la izquierda.
Con el triunfo de la democracia, doña Violeta se ve precisada a firmar el Protocolo de Transición que le permite al sandinismo reacomodarse y además confirmarse como los nuevos capitalistas nicaragüenses. Otra vez las paralelas se dan entre el grupo gobernante y el partido sandinista, repitiéndose el viejo esquema político nicaragüense. Las asonadas, paros, y manifestaciones cesaron, no así la amenaza permanente a la institucionalidad. En nombre de la gobernabilidad hubo pactos de hecho.
Cuando la endeble democracia siguió su derrotero hasta culminar con el triunfo del Dr. Alemán, con escollos parecidos a los que hubo de sortear su antecesora; sucedió lo que tenía que ocurrir, un inevitable pacto de graves consecuencias para la vida institucional de Nicaragua. Aparecieron más magistrados, contralores, gasolina, sueldos, gastos de representación y menos operatividad. Un pequeño y empobrecido país jugando al niño rico.
Las nuevas paralelas volvieron con más fuerza. Daniel salió airoso de las acusaciones en su contra. Aunque perdió las elecciones, confirmó su liderazgo y con elegancia felicitó a su vencedor.
Con el nuevo gobierno, surgió una nueva era, lo que yo suelo llamar “el monorriel”.
Bolaños encontró un gobierno sin recursos, una atávica corrupción, un país en crisis de valores, una economía endeble y dependiente. A estos males hay que agregar la situación de los precios internacionales de nuestros productos de exportación y una planta productiva mermada y casi destruida con el triunfo socialista en Nicaragua.
Desde entonces hemos recibido de la comunidad internacional, casi treinta mil millones de dólares en préstamos y donaciones que se han ido, con honrosas excepciones, sin dejar huellas y progreso. Es lógico que los donantes están cansados de nuestra inoperancia y corrupción. La voluntad de apoyo de los donantes, fue la primera barrera que superó el presidente Bolaños.
La decisión del cambio ha sido imperativa del mandatario, quien no reparó en construir un nuevo país, alejado de los vicios de la corrupción, el compadrazgo y el serrucho. Parto doloroso que afecta a amigos y conocidos y cuyo desenlace está por verse.
El monorriel conduce a una Nicaragua más transparente, con equidad y justicia para todos. Una república diferente a las anteriores, donde podamos sentirnos orgullosos de ser nicaragüenses y donde el poder no es botín de grupos, sino tribuna de servicio y facilitación.
Vienen días azarosos para nuestro destino democrático, argucias jurídicas y leguleyadas serán las noticias en nuestros medios de comunicación. El Presidente y su Vice, están en manos de una Corte Suprema partidarizada. Ahora veremos si hay justicia verdadera o sumisión política.
Podrá funcionar el monorriel, o simplemente los pactos entre unos cuantos afectarán a toda la nación. Nicaragua merece transitar en un vehículo honesto y capaz, respetado por nacionales y extranjeros. Nuestro país puede ser ejemplo de honestidad y decencia. La suerte está en el aire, o el tortuoso pacto de siempre, o el moderno monorriel visto de frente y transparente.
El autor es publicista.